Los bosnios — Velibor Čolić / Bosnians by Velibor Čolić

Sin duda esta breve obra es dura en cuanto se describe mediante una serie de retazos como fichas, la insensatez de la guerra.

Se obligaba a los prisioneros serbios a tender las manos ante sí, y se les ataban con alambre de espino.
El incidente que aquí se relata es una de las razones por las que me convertí en «desertor»:
Resulta que pasé cerca de un hombrecillo mal afeitado, con uniforme del ejército federal, que estaba agachado, y con las manos así sujetas, junto al canal que bordea la carretera de Garevac, cerca de Modriča. Con voz suplicante, me llamó y me pidió que le abriera el bolsillo superior izquierdo de su chaqueta.
Así lo hice, y encontré en él la fotografía de dos niños (un niño ya de una cierta edad y una niñita más pequeña). La deslicé entre sus dedos ensangrentados, di media vuelta y me marché. En el dorso de la foto ponía: «¡Papá, vuelve!».

El sexagenario Mate se sentaba todos los días en el patio de su casa, en el pueblo de Donji Kladari, cerca de Modriča. Pasaba el tiempo bebiendo y disparando con una pistola. Su vivienda era la más cercana a la vía férrea que llevaba a Belgrado, que nuestro escuadrón trataba en vano de defender del asalto de las tropas especiales serbias llegadas desde Pančevo. Al cabo de algunos días, los lugareños descubrieron que Mate no se entregaba a sus excesos de manera azarosa, sino que disparaba siguiendo un ritmo. Dos tiros y después una pausa, a la que seguían otros tres.
Al registrar su casa encontramos una emisora de radio. El croata Mate era informador por cuenta de los serbios. Antes de matarlo, pues no se intercambia a los traidores, le preguntamos:
—Pero, Mate, ¿por qué has hecho eso, en nombre de Dios?
Respondió, con aire huraño y áspero, casi montando en cólera, como si le hubieran formulado una pregunta cuya respuesta era obvia:
—Tengo una hija casada con un serbio. Su marido, Bogdan, es lugarteniente del Ejército Federal…

Ivan, también llamado Boban, patriota croata y usatša, debe su reputación al hecho de que enseñaba plegarias católicas, el Padrenuestro y el Ave María, a los prisioneros serbios. Terminaba sus sesiones de catequesis de curiosa manera: de pie, tras el devocionario abierto de par en par, disparaba un tiro en la boca a los prisioneros ortodoxos.

No doubt it’s short work is hard as described by a series of scraps as chips, the folly of war.

The Serbian prisoners were forced to lay their hands before them, and were tied with barbed wire.
The incident that is reported here is one of the reasons why I became a «deserter»:
It turns out that I passed by a poorly shaved man in a federal army uniform, who was crouched down, with his hands so tied, by the canal that runs along the Garevac road near Modriča. With a pleading voice, he called me and asked me to open the left upper pocket of his jacket.
So I did, and I found in it the photograph of two children (a child already of a certain age and a smaller girl). I slipped it between his bloody fingers, turned around and left. On the back of the photo he said: «Dad, come back!».

The sexagenarian Mate sat every day in the courtyard of his house, in the village of Donji Kladari, near Modriča. He spent his time drinking and shooting with a gun. His home was the closest to the railway that led to Belgrade, which our squadron tried in vain to defend from the assault of Serbian special troops arriving from Pančevo. After a few days, the locals discovered that Mate did not indulge in excesses in a random way, but instead fired at a rhythm. Two shots and then a break, followed by three others.
When we register your house we find a radio station. The Croatian Mate was an informer on behalf of the Serbs. Before killing him, then do not exchange traitors, we ask:
-But, Mate, why did you do that, in the name of God?
He answered, with a sullen and harsh air, almost in anger, as if he had been asked a question whose answer was obvious:
-I have a daughter married to a Serbian. Her husband, Bogdan, is a lieutenant in the Federal Army …

Ivan, also called Boban, Croatian patriot and usatša, owes his reputation to the fact that he taught Catholic prayers, the Lord’s Prayer and the Hail Mary, to the Serbian prisoners. He ended his catechetical sessions in a curious way: standing behind the open prayer book, he shot the orthodox prisoners in the mouth.

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