Cantar de Valtario — Anónimo / Valtario Chant by Anonymous

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Esta joya fue el premio nacional de traducción y es un breve libro del siglo X. La traducción es de Luis Alberto Cuenca.

Nadie se acuerda ahora de que, en 1855, el escritor alemán Joseph Viktor von Scheffel publicó una novela histórica titulada Ekkehard. Eine Geschichte aus dem zehnten Jahrhundert («Ekkehard. Una historia del siglo X») que le valió gran fama en su época. Narraba en ella la vida de un tal Ekkehard, apasionado lector de Virgilio, y refería sus problemas amorosos con una dama de la aristocracia. En realidad, Ekkehard fue un monje benedictino de la abadía de San Gall que se sabía, sí, la Eneida de memoria, pero que no nos consta que flirtease con señoras de la nobleza. Lo único que el novelista no se inventa es el poema en 1.456 hexámetros latinos que Ekkehard compone en momentos de inspiración y que se incluye, íntegro, en la novela, traducido por Scheffel en fluidos y sonoros versos alemanes. Ese poema, conocido como Cantar de Valtario o, simplemente, como Waltharius, es el texto que justifica estas líneas y una de las joyas más preciadas de las letras latinas medievales.

La tercera parte del mundo, hermanos, se llama Europa. Sus pueblos difieren entre sí en el nombre, la lengua y las costumbres, distinguiéndose también por la religión y por el culto a dioses diferentes. Notorio es entre ellos el pueblo de Panonia, al que por lo común solemos llamar de los Hunos. Este pueblo valiente, superior a los demás en coraje y destreza en el uso de las armas, extendió su dominio no sólo por las regiones circundantes, sino también por las situadas a orillas del Océano, pactando con aquellos que se rendían y sometiendo por la fuerza a los rebeldes. Más de mil años dicen que duró su dominación.
Hubo un tiempo en que el rey Atila ocupó el trono de Panonia y quiso renovar con diligencia y con valor los triunfos de sus mayores.
Los Hunos prefieren reinar en paz, pero no dudan en aplastar, aun forzando su talante, a los que se muestran rebeldes. Que venga vuestro rey y estrecharé la diestra que me tiende.

Cuando Valtario vio su espada rota, gran cólera sintió y fue presa de furibunda rabia. Fuera de sí, tiró la empuñadura, que, aun desprovista de la hoja, tenía un gran valor por el metal precioso de que estaba hecha y por el arte con que había sido fabricada, pero el héroe no quería seguir viendo aquellos tristes restos. Y, como adelantase Valtario excesivamente la mano, le fue cercenada por Haganón, cayendo al suelo aquella diestra que había hecho temblar a tantos pueblos, razas y reyes, y que tantos trofeos había conquistado. Ni siquiera en aquella tremenda circunstancia desfalleció el coraje del esforzado paladín, que logró superar los dolores de la carne gracias a la fuerza de su espíritu, y no desesperó ni se arredró. Antes bien, embrazó el escudo con el muñón ensangrentado y, con la mano sana, desenvainó la espada corta que colgaba del lado diestro —como dijimos más arriba— y buscó al punto cruel venganza en su enemigo. De un poderoso tajo, en efecto, arrancó a Haganón el ojo derecho, le rajó la sien, le desprendió los labios de la boca y le rompió seis muelas. De la amistad a enemistad no existe apenas diferencia.

Regresando los Francos a Worms y el Aquitano a su patria. Allí es recibido con grandes honores y celebra públicamente la ceremonia de sus bodas con Hildegunda. Y allí, querido por todos y a la muerte de su padre, rige felizmente los destinos del reino durante treinta años. Cuáles fueron las guerras que tuvieron lugar en su reinado y cuántos triunfos cosechó en ellas, mi pobre pluma despuntada no es apta para relatarlo…

This jewel was the national prize for translation and is a short book of the tenth century. The translation is by Luis Alberto Cuenca.

Nobody remembers now that, in 1855, the German writer Joseph Viktor von Scheffel published a historical novel entitled Ekkehard. Eine Geschichte aus dem zehnten Jahrhundert («Ekkehard, a story of the tenth century») that earned him great fame in his time. It narrated in her the life of a certain Ekkehard, a passionate reader of Virgil, and related his love problems with a lady of the aristocracy. Actually, Ekkehard was a Benedictine monk from the Abbey of St. Gall who knew, yes, the Aeneid by heart, but we do not know that he flirted with ladies of the nobility. The only thing that the novelist does not invent is the poem in 1,456 Latin hexameters that Ekkehard composes in moments of inspiration and that is included, in its entirety, in the novel, translated by Scheffel in fluid and sonorous German verses. That poem, known as Cantar de Valtario or, simply, as Waltharius, is the text that justifies these lines and one of the most precious jewels of the medieval Latin letters.

The third part of the world, brothers, is called Europe. Their peoples differ among themselves in name, language and customs, distinguishing themselves also by religion and by the worship of different gods. Notorious among them is the town of Panonia, which we usually call the Huns. This brave people, superior to the others in courage and skill in the use of arms, extended their dominion not only by the surrounding regions, but also by those located on the shores of the ocean, agreeing with those who surrendered and submitting by force to the rebels. More than a thousand years say that his domination lasted.
There was a time when King Attila occupied the throne of Pannonia and wanted to renew with diligence and courage the triumphs of his elders.
The Huns prefer to reign in peace, but do not hesitate to crush, even forcing their spirit, those who are rebellious. Let your king come and I will shake his right hand.

When Valtario saw his sword broken, great anger felt and was seized with furious rage. Out of himself, he threw the hilt, which, even without the blade, had great value for the precious metal it was made of and for the art with which it had been made, but the hero did not want to continue seeing those sad remains. And, as Valtario overestimated his hand, it was cut off by Haganón, falling to the ground that right hand that had shaken so many peoples, races and kings, and that so many trophies had conquered. Not even in that tremendous circumstance did the courage of the courageous paladin fail, who managed to overcome the pains of the flesh thanks to the strength of his spirit, and he did not despair or be discouraged. Instead, he embroidered the shield with the bloody stump and, with a healthy hand, drew the short sword that hung on the right side-as we said above-and sought the cruel point of vengeance in his enemy. From a powerful cut, in effect, he tore Haganón’s right eye, cracked his temple, broke the lips of his mouth and broke six molars. From friendship to enmity there is hardly any difference.

Returning the Franks to Worms and the Aquitano to his homeland. There he is received with great honors and publicly celebrates the ceremony of his wedding with Hildegunda. And there, dear to all and to the death of his father, happily governs the destinies of the kingdom for thirty years. What were the wars that took place in his reign and how many triumphs he reaped in them, my poor blunt plume is not apt to relate it …

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