El mono estresado — José Antonio Campillo Álvarez / The Stressed Monkey by José Antonio Campillo Álvarez (spanish book edition)

Este breve libro me ha parecido un libro muy interesante en cuanto al enfoque del estrés desde los tiempos de la prehistoria y sin duda es un gran acierto, a través de la medicina darwiniana (evolucionista). Nos va adentrando en los riesgos desde el cromañón de este fenómeno tan de moda en los tiempos que corren.

Se estima que, en los países desarrollados, dos tercios de los pacientes que acuden a una consulta médica generalista (y a la de algunos especialistas) sufren síntomas relacionados con el estrés. Numerosos estudios muestran que, en las sociedades desarrolladas, los cambios fisiológicos y las potentes sustancias bioactivas que se ponen en marcha en una situación de estrés crónico pueden provocar la muerte de quien lo padece. Por ejemplo, el síndrome cardiometabólico, las enfermedades de la opulencia (obesidad, dislipemia, diabetes, hipertensión, aterosclerosis), las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Además, el estrés crónico es una de las principales causas de muchos trastornos cognitivos y degenerativos cerebrales (demencia, depresión, crisis de ansiedad), y es responsable de acelerar el proceso de envejecimiento. Ante este panorama, quienes habitamos el mundo desarrollado tenemos gran interés por conocer cómo prevenir el estrés y paliar sus consecuencias negativas.

El estrés se refiere exclusivamente a la reacción que pone en marcha el organismo frente a una situación de emergencia, y no al suceso que la provoca.

El estrés crónico es un suceso raro en la naturaleza. Para la mayoría de los seres vivos (incluidos nuestros ancestros paleolíticos) y en las más variadas circunstancias, la respuesta de estrés frente a un determinado acontecimiento que pone en riesgo su vida o su reproducción es siempre una crisis transitoria: o se acaba la crisis (vuelven las lluvias) o se acaba el ser vivo que la padece (se secan las plantas, desaparecen los herbívoros, mueren los cromañones). Hay algunas excepciones, como veremos más adelante.
La situación en el ser humano moderno, sobre todo en el que habita en países desarrollados y opulentos, es diferente a la de nuestros ancestros o a la de los seres humanos que aún viven hoy en condiciones paleolíticas. Nosotros podemos estar sometidos a diferentes amenazas que nuestro cerebro interpreta como un riesgo para nuestra vida y nuestra reproducción, y que persisten durante semanas o años. En estas condiciones, los mediadores hormonales y nerviosos que se liberan para organizar y controlar la reacción de estrés.

Si no somos capaces de evitar que en nuestro organismo se desencadene, casi cada día, una respuesta de estrés, debemos poner en marcha algunas medidas eficaces para neutralizar los efectos indeseables de las potentes sustancias que se liberan y así minimizar sus efectos. Existen numerosas técnicas muy eficaces, como las técnicas de relajación, la meditación, la práctica habitual de ejercicio físico y la alimentación correcta, entre otras muchas más. Cuando todo esto falla, entonces habrá que recurrir a la medicación específica para tratar cada problema que nos afecte según dictamine el especialista. Pero esta es una etapa que, en la mayor parte de los casos y si se siguen las normas de prevención.

En cualquier sistema defensivo, existen unos dispositivos capaces de detectar e identificar correctamente la naturaleza del peligro. Pueden ser desde los sensores de humo o de movimiento que protegen nuestro domicilio o nuestro negocio de incendios o de ladrones, hasta los satélites artificiales y otros medios sofisticados que informan a una nación de la llegada de aviones o misiles. Cualquiera de estos detectores, ya sea sencillo o sofisticado, funciona porque es capaz de detectar cambios físicos (movimiento, temperatura) o químicos (humo, tóxicos) en el medio que controlan.
El equivalente biológico de estos dispositivos va desde los receptores moleculares que posee cada célula en su superficie, hasta los complejos sistemas de detección (vista, oído, olfato, gusto, tacto, termorreceptores, mecanorreceptores, magnetorreceptores) que poseen los animales.

El estrés homeostático se produce cuando existe una amenaza a la composición de nuestro medio interno y al mantenimiento de las asimetrías y de los gradientes que operan en los compartimentos que constituyen nuestra intimidad y que son esenciales para la vida. Vamos a considerar con un cierto detalle los mecanismos homeostáticos que se ponen en marcha para corregir algunas de las variaciones del medio interno que con más frecuencia afectan a los seres humanos; sobre todo a los que habitamos las sociedades desarrolladas y opulentas.

Mantener la estabilidad siempre tiene un precio, y reajustar los valores del medio interno para adaptarse a determinadas condiciones es aún más caro. Cada vez que el organismo sufre un estrés alostático se produce un cierto desgaste, que normalmente se repara. Esta es la condición normal que se daba en nuestros antecesores para poderse adaptar con éxito a las vicisitudes coyunturales con las que se topaban a lo largo de su vida.
Pero las condiciones de vida de las sociedades opulentas imponen cambios permanentes en nuestro entorno (por ejemplo el exceso diario de alimentos muy energéticos y el sedentarismo permanente) que obligan a los sistemas alostáticos a una actividad continua. Como resultado de la reiteración del estrés alostático y de la hiperactividad crónica de los mediadores alostáticos, la sobrecarga alostática impuesta al organismo puede acarrear enfermedades o incluso la muerte.
El sedentarismo es especialmente dramático en la infancia. Las crías de cualquier animal, incluida la del ser humano, están diseñadas para estar en continuo movimiento, en juegos interminables de simulacros de lucha, de caza y de persecuciones. Esos ejercicios variados proporcionan el movimiento necesario para que el sistema cardiovascular y el sistema respiratorio se desarrollen de forma armónica, y a la vez prepara al infante para el ejercicio físico, que deberá desarrollar para sobrevivir y reproducirse en la edad adulta.
La mejor solución es realizar ejercicio a diario, aunque sea a destiempo. Si corremos o caminamos durante una hora, moveremos masa muscular suficiente para compensar la que no hemos movido durante el día. Cualquier ejercicio o deporte vale, todo es mejor que estarse quieto; nuestros músculos pueden consumir por la tarde la energía que hemos acumulado en el atracón de la comida del mediodía.

El llamado síndrome metabólico o síndrome cardiometabólico es el enemigo número uno de la salud en las sociedades opulentas y desarrolladas, y comienza a serlo también en las sociedades emergentes, como China e India.
El síndrome metabólico se caracteriza por provocar una serie de alteraciones y enfermedades que suelen ir juntas: obesidad abdominal, diabetes, hipertensión, dislipemia aterogénica (aumento de los triglicéridos y del colesterol en LDL y disminución del colesterol en HDL), estrés oxidativo, tendencia a la coagulación de la sangre dentro de los vasos sanguíneos (estado protrombótico) y estado inflamatorio generalizado. El destino final de cualquier persona con síndrome metabólico, que no ponga las medidas y los tratamientos adecuados para controlar ese proceso, es la enfermedad cardiovascular y, como consecuencia, la muerte.
Para desarrollar el síndrome metabólico se necesita, en primer lugar, poseer una condición genética que predisponga a padecer resistencia a la insulina, que es la alteración que tienen en común todas las enfermedades que componen el síndrome.

Las personas en general y los profesionales en particular entienden de manera diferente lo que es el estrés, y que en muchas ocasiones se confunde la causa con el efecto. Por esta razón, una de las premisas para enfrentarse con éxito a lo más importante de todo este asunto del estrés (prevenirlo y evitar sus daños) es realizar un diagnóstico correcto de la situación estresante. Si vemos a una persona que no para quieta, que se irrita con facilidad, que sufre taquicardia y palpitaciones, que tiene diarrea, que adelgaza a pesar de que come mucho y que le tiemblan las manos, podemos pensar que sufre de estrés, y sin embargo lo más probable es que padezca un hipertiroidismo.
Hay mucha gente que está siguiendo sin necesidad diversos tratamientos contra el estrés, algunos muy peligrosos para su salud, y otros inútiles, sencillamente porque puede que padezcan alguna de las muchas enfermedades mentales o endocrinológicas cuyas manifestaciones coinciden con las del estrés pantostático crónico. Y eso sin dejar de tener en cuenta que pueden coexistir a la vez cualquier enfermedad endocrinológica o mental y una situación de estrés.

Lo principal siempre es la prevención, que es el objetivo de la llamada «estrategia de evasión». Es recomendable identificar primero aquellos momentos y circunstancias que nos producen estrés innecesariamente y evitarlos después. Siempre que podamos, debemos eludir aquellos lugares, actividades o encuentros que pueden desencadenar en nosotros una respuesta de estrés.
Ha quedado claro que lo que nos enferma no es el estrés en sí mismo, sino los efectos negativos de los mediadores que se liberan durante el estrés y que persisten semanas o meses cuando esa situación estresante es crónica.

En definitiva, el daño que puede causarnos una situación de estrés dependerá del tipo y magnitud del estrés, de la susceptibilidad personal al daño, de los recursos de autoprotección que seamos capaces de poner en marcha, de la autoestima y del soporte social y familiar. Esta es la ecuación del daño que puede ocasionar el estrés:

Tipo de amenaza pantostática + vulnerabilidad personal
Daño= ————————————————————-
Recursos de protección + autoestima + soporte social

Por ello es tan importante la psicoterapia en el tratamiento del estrés y en la prevención de sus consecuencias patológicas. Existen numerosas técnicas, y los métodos dependen de las diferentes escuelas.
Se puede practicar meditación, deporte, acupuntura, aromaterapia…

This short book has been to me a very interesting book regarding the approach to stress since prehistoric times and without a doubt it is a great success, through Darwinian medicine (evolutionist). We are going into the risks from the Cro-Magnon of this phenomenon so fashionable in these times.

It is estimated that, in developed countries, two thirds of patients who attend a generalist medical consultation (and that of some specialists) suffer symptoms related to stress. Numerous studies show that, in developed societies, the physiological changes and the powerful bioactive substances that are started in a situation of chronic stress can cause the death of the sufferer. For example, cardiometabolic syndrome, diseases of opulence (obesity, dyslipidemia, diabetes, hypertension, atherosclerosis), cardiovascular diseases and cancer. In addition, chronic stress is one of the main causes of many cognitive and degenerative brain disorders (dementia, depression, anxiety crisis), and is responsible for accelerating the aging process. Given this panorama, those of us who live in the developed world have great interest in knowing how to prevent stress and mitigate its negative consequences.

Stress refers exclusively to the reaction that starts the organism in an emergency situation, and not to the event that causes it.

Chronic stress is a rare event in nature. For most living beings (including our Paleolithic ancestors) and in the most varied circumstances, the stress response to a certain event that puts their life or reproduction at risk is always a transitory crisis: or the crisis ends ( the rains return) or the living being that suffers it ends (the plants dry up, the herbivores disappear, the Cro-Magnons die). There are some exceptions, as we will see later.
The situation in the modern human being, especially in those who live in developed and opulent countries, is different from that of our ancestors or that of human beings who still live in paleolithic conditions today. We can be subjected to different threats that our brain interprets as a risk to our life and our reproduction, and that persist for weeks or years. Under these conditions, the hormonal and nervous mediators that are released to organize and control the stress reaction.

If we are unable to prevent our body from triggering, almost every day, a stress response, we must put in place some effective measures to neutralize the undesirable effects of the powerful substances that are released and thus minimize their effects. There are many very effective techniques, such as relaxation techniques, meditation, the usual practice of physical exercise and proper nutrition, among many others. When all this fails, then we must resort to specific medication to treat each problem that affects us as dictated by the specialist. But this is a stage that, in most cases and if the rules of prevention are followed.

In any defensive system, there are devices capable of detecting and correctly identifying the nature of the danger. They can be from the smoke or movement sensors that protect our home or our business from fires or thieves, to artificial satellites and other sophisticated means that inform a nation of the arrival of airplanes or missiles. Any of these detectors, whether simple or sophisticated, works because it is capable of detecting physical (movement, temperature) or chemical (smoke, toxic) changes in the medium they control.
The biological equivalent of these devices ranges from the molecular receptors that each cell has on its surface, to the complex detection systems (sight, hearing, smell, taste, touch, thermoreceptors, mechanoreceptors, magnetorereceptors) that animals possess.

Homeostatic stress occurs when there is a threat to the composition of our internal environment and to the maintenance of the asymmetries and gradients that operate in the compartments that constitute our privacy and that are essential for life. We will consider in some detail the homeostatic mechanisms that are put in place to correct some of the variations of the internal environment that most often affect human beings; especially to those who inhabit developed and opulent societies.

Maintaining stability always has a price, and readjusting the values ​​of the internal environment to adapt to certain conditions is even more expensive. Every time the organism suffers an allostatic stress there is a certain wear, which is usually repaired. This is the normal condition that occurred in our ancestors to be able to adapt successfully to the conjunctural vicissitudes with which they met throughout their lives.
But the living conditions of opulent societies impose permanent changes in our environment (for example, the daily excess of very energetic foods and permanent sedentary lifestyle) that force allostatic systems to a continuous activity. As a result of the reiteration of the allostatic stress and the chronic hyperactivity of the allostatic mediators, the allostatic overload imposed on the organism can lead to illness or even death.
The sedentary lifestyle is especially dramatic in childhood. The offspring of any animal, including that of the human being, are designed to be in continuous movement, in endless games of simulacra of struggle, hunting and persecution. These varied exercises provide the movement necessary for the cardiovascular system and the respiratory system to develop harmoniously, and at the same time prepare the infant for physical exercise, which must be developed to survive and reproduce as an adult.
The best solution is to exercise daily, albeit at the wrong time. If we run or walk for an hour, we will move enough muscle mass to compensate for what we have not moved during the day. Any exercise or sport is worth, everything is better than standing still; our muscles can consume in the afternoon the energy that we have accumulated in the binge of the midday meal.

The so-called metabolic syndrome or cardiometabolic syndrome is the number one enemy of health in affluent and developed societies, and it begins to be so in emerging societies, such as China and India.
The metabolic syndrome is characterized by causing a series of disorders and diseases that usually go together: abdominal obesity, diabetes, hypertension, atherogenic dyslipidemia (increased triglycerides and LDL cholesterol and decreased HDL cholesterol), oxidative stress, tendency to the coagulation of blood within the blood vessels (prothrombotic state) and generalized inflammatory state. The final destiny of any person with metabolic syndrome, that does not put the measures and the treatments adapted to control that process, is the cardiovascular disease and, as consequence, the death.
In order to develop the metabolic syndrome, it is necessary, in the first place, to have a genetic condition that predisposes to suffering from insulin resistance, which is the alteration that all the diseases that make up the syndrome have in common.

People in general and professionals in particular understand what stress is differently, and in many cases the cause is confused with the effect. For this reason, one of the premises to successfully face the most important part of this stress issue (preventing it and avoiding its damage) is to make a correct diagnosis of the stressful situation. If we see a person who does not stop, who is easily irritated, who has tachycardia and palpitations, who has diarrhea, who gets thin even though he eats a lot and his hands tremble, we can think that he suffers from stress, and without However, it is most likely that you suffer from hyperthyroidism.
There are many people who are following without need various treatments against stress, some very dangerous to their health, and others useless, simply because they may suffer from any of the many mental or endocrinological diseases whose manifestations coincide with those of chronic stress. And that, while taking into account that any endocrinological or mental illness and a stressful situation can coexist at the same time.

The main thing is always prevention, which is the objective of the so-called “evasion strategy”. It is advisable to first identify those moments and circumstances that cause us unnecessary stress and avoid them later. Whenever we can, we must avoid those places, activities or encounters that can trigger a stress response in us.
It has become clear that what makes us sick is not stress itself, but the negative effects of mediators that are released during stress and that persist for weeks or months when that stressful situation is chronic.

In short, the damage that a stress situation can cause will depend on the type and magnitude of the stress, the personal susceptibility to the damage, the resources of self-protection that we are capable of starting up, the self-esteem and the social and family support. This is the damage equation that stress can cause:

Type of hazard threat + personal vulnerability
Damage = ———————————————— ————-
Protection resources + self-esteem + social support

That is why psychotherapy is so important in the treatment of stress and in the prevention of its pathological consequences. There are many techniques, and the methods depend on the different schools.
You can practice meditation, sports, acupuncture, aromatherapy …

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