El libro prohibido de la economía — Fernando Trías de Bes / The Forbidden Book of the Economy by Fernando Trías De Bes (spanish book edition)

Un magnífico libro contrario a la versión oficial sobre el capitalismo y aquellos que dirigen el juego, se debe ir más allá de lo que nos pretenden contar.
Algunos ejemplos: (1) la inflación es un aumento natural de los precios (versión oficial), pero los gobiernos ineficientes la utilizan como forma encubierta de cobrar impuestos (versión real y prohibida); (2) la satisfacción de las necesidades de sus clientes es lo que una empresa, si fuese ética, debería procurar (versión oficial), sin embargo, utiliza el análisis de necesidades de la población para incorporar a las necesidades vitales otras accesorias, por las que la gente ni siquiera es consciente de que paga un sobreprecio (versión real y prohibida); (3) los bancos llaman «depósito» a un dinero que dicen que nos guardan (versión oficial), pero que en realidad no van a custodiar (versión real y ocultada).

El marketing no cuenta mentiras. La información está siempre ahí, al alcance del cliente. Todo cuanto el marketing esgrime puede ser corroborado o comprobado. El marketing no puede mentir; simplemente, porque la legislación comercial impide los fraudes. Es un sector fuertemente regulado y controlado. El marketing sabe que no puede mentir, pero hará todo cuanto esté en su mano para que usted se enamore de los productos y servicios que va a intentar venderle. Usted los comprará, se gastará su dinero y en algunos casos se sentirá luego defraudado. Entonces afirmará: «Me mintieron». Y yo le diré: «No le mintieron; le sedujeron como aquella novia que tuvo hace tiempo y que luego resultó un fiasco. Aquella novia no le mintió, sino que supo engañarle sin ocultarle la verdad».
El marketing se ha convertido en «cómo engañar sin mentir».
Conocer las herramientas con que van a tratar de seducirle es importante. Es bueno saber lo que las marcas que actúan con poca ética pretenden cada vez que nos enfrentamos a ellas en un supermercado o nos planteamos suscribir un servicio.
La información que aquí le proporciono le hará mucho menos vulnerable a las poderosas herramientas del marketing; podrá ser mucho más fiel a sus propios criterios y preferencias, y será menos influenciable por la publicidad, las promociones o las ofertas; comprará solo aquellas cosas que necesite verdaderamente, y cuando no las necesite pero aun así las adquiera, tendrá, por lo menos, plena consciencia sobre su acto de compra.
La pirámide de Maslow es una jerarquía de necesidades humanas donde se describe que conforme se satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide).
Versión prohibida:
Método para calcular cuánto cobrar por cada una de las necesidades accesorias que las marcas incorporan a un producto.

Existe algo que debería evitar todos estos desmanes. Se llama «competencia». La competencia es buena para los consumidores porque impide que las empresas abusen de una posición dominante, como puede ser el monopolio o el oligopolio. Los economistas sabemos que la competencia promueve la eficiencia y asegura que las personas podamos maximizar nuestra satisfacción cuando gastamos, compramos o consumimos.
Sin embargo, la competencia es un concepto muy controvertido. ¿Estamos en España en un sistema de libre competencia? La respuesta es dura: sí y no. Hay competencia y las autoridades regulatorias dedican tiempo a que así sea, pero las marcas, lamentablemente, también establecen pactos en secreto que están totalmente prohibidos por la ley. Lo sé a ciencia cierta. Se lo he oído a empresarios en varias ocasiones. A veces, es incluso obvio cuando comprobamos que todas las marcas distan uno o dos céntimos, caso típico de la gasolina.
Las marcas tienen potestad para fijar precios libremente, así que puede que, simplemente, hayan decidido estar un céntimo más barato que el competidor. Es legítimo y libre, pero es una forma de fijación de precios que va contra todo lo que los economistas han desarrollado.

Una de las tácticas que las empresas han utilizado es la inefable mentira de los servicios técnicos oficiales. Si se le estropea un aparato que todavía puede ser reparado, la solución que las marcas le ofrecen pasa por localizar al servicio técnico más próximo. Lo de más próximo es un chiste porque, si bien hace un tiempo había varios puntos de atención y relativamente céntricos, ahora, incluso en ciudades grandes como Madrid o Barcelona, solo hay un servicio técnico que suele estar en el extrarradio de la ciudad y que, además, está compartido por varias marcas. Si se toma la molestia de desplazarse hasta ahí con una afeitadora eléctrica para reparar, por ejemplo, tras perder una mañana o una tarde entera, le van a pedir un depósito que oscila alrededor de los 30 o 50 euros solo para hacerle un presupuesto de la reparación. Quieren asegurarse de que, cuando hayan encontrado el problema y le llamen para explicarle cuál es la avería, las horas de mano de obra para realizar el diagnóstico estén cobradas.

Los estados van a utilizar la economía de una forma mediatizada: la auténtica necesidad pública se va a mezclar con la ideológica, con el ansia de poder y con la corrupción, dando lugar a algo llamado «política económica», eufemismo de malversación de caudales públicos.
Los estados tienen diversas obsesiones económicas. Su primera obsesión es recaudar más. Ningún Estado tiene suficiente. El ansia recaudatoria es proporcional al de dominio, poder y control sobre la ciudadanía. Los gobiernos son insaciables. Si tienen superávit, querrán más dinero de los ciudadanos, argumentando que es necesario hacer más cosas: construir más carreteras, más infraestructuras o contribuir al desarrollo del país. Y si ya registran déficit, el argumento será que es menester aumentar impuestos para eliminarlo.
Como los estados nunca tienen bastante, inventan todo tipo de impuestos. El término «impuestos» es suficientemente descriptivo: algo que se impone, es decir, algo que nadie quiere pagar.
Hay muchos tipos de impuestos.
El impuesto sobre bebidas alcohólicas de alta graduación, sobre el tabaco o sobre juegos de azar. Son actividades a las que el Ministerio de Sanidad y asociaciones civiles dedican importantes esfuerzos para erradicar todos los efectos adversos que producen. Sin embargo, los estados viven de tales impuestos, lo que constituye todo un acto de hipocresía social y política. Los llaman «impuestos especiales», y no sabemos si el apelativo de «especiales» es debido a lo elevado del porcentaje o a que gravan productos que producen muertes, enfermedades, accidentes y drogodependencias.
En nuestro país, estos impuestos suponen alrededor del 8 % del total de lo que recauda el Estado, así que el Gobierno se ha convertido en el primer fumador, el primer alcohólico y el primer ludópata del país. El Estado está literalmente enganchado al consumo de estos productos, pues entraría en suspensión de pagos si no pudiera gravarlos como realiza. Podemos afirmar, sin lugar a dudas, que el Gobierno depende del tabaco, del alcohol y del juego para no quebrar y subsistir. Todo un ejemplo de moral y ética.

(patrimonio) Es el impuesto que tiene como objetivo gravar lo que queda después de haber pagado todos los impuestos.
Pero es que, además, el patrimonio no siempre genera ingresos. Incluso en muchos casos produce gastos. Por ejemplo, a partir de cierto valor de patrimonio, hay que incluir el valor de la vivienda propia y sobre ese valor pagar un tributo. ¿El piso donde vive, si es que lo tiene en propiedad, genera algún tipo de ingresos?
(Ahorro) Dinero que los gobiernos incompetentes gravan dos veces: al percibirlo y por no gastarlo.
Hacienda realizó a finales de los años setenta una campaña que ha quedado grabada en la memoria durante años y que tenía por slogan: «Hacienda somos todos», intentando explicar que no había que defraudar porque no debemos percibir a Hacienda como alguien ajeno a nosotros que viene a por nuestro dinero, sino como una forma en que todos decidimos cómo financiar lo público. Pero la realidad es que todo el mundo, yo incluido, buscamos cómo pagar menos a Hacienda de una forma legal, no mediante fraude, porque eso es ya ilegal. Y para pagar menos de una forma legal, existen las deducciones, exenciones y todo tipo de incentivos fiscales.
Podríamos parodiar el incentivo fiscal: «Si haces esto de esta manera, pagas tanto, pero si lo haces de esta otra forma y lo inscribes aquí y te das de alta de tal o cual y lo haces antes en tal fecha y te acoges a tal modalidad, solo pagas esto en lugar de aquello».
SUBIDA DE IMPUESTOS
Versión oficial:
Procedimiento administrativo para elevar la recaudación de las administraciones públicas mediante un esfuerzo de todos los contribuyentes.
Versión prohibida:
Incapacidad política que se soluciona haciendo que paguen justos por pecadores.

En resumen, la inflación es un impuesto que deja como angelitos a los gobernantes porque no te tocan el dinero del cajón y no tienes que pagar nada a Hacienda. Parece que no te cobran, pero te roban a través de quitarte poder adquisitivo.
La siguiente forma en que los gobiernos aumentan impuestos sin que nos percatemos es a través del endeudamiento. Cuando un Gobierno se endeuda es porque los ingresos son insuficientes para cubrir sus gastos o inversiones. Poco importa que sea para construir puentes o carreteras, o para cubrir las pensiones. El caso es que ese gasto es superior a lo que se recauda y, para financiarlo, se emite deuda pública. Esa deuda la asumen, en realidad, todos los ciudadanos a través del Estado. No nos hacemos a la idea, pero a través de las emisiones de obligaciones o letras del Tesoro, autorizamos a que los políticos se endeuden en nuestro nombre ¡y lo vemos normal!

Intentar controlar lo incontrolable y no regular lo regulable. Esa es la enfermedad de los estados en relación con la economía. El día en que analicen la economía a partir de la antropología o la psicología las cosas cambiarán. Mientras tanto, seguiremos comiéndonos problemas de regulación.
En Francia, por ejemplo, si a alguien se le ocurre firmar un talón sin fondos, esa persona queda automáticamente excluida del sistema bancario. Es decir, ningún banco le abrirá una cuenta corriente ni le volverá a dar una chequera durante un buen tiempo. Por eso en Francia se acepta que te paguen con talones. En España, no los aceptamos a no ser que estén conformados por el banco o provengan de alguien de mucha confianza. ¿Por qué? Pues porque si aquí firmas un talón y luego no hay dinero, no pasa nada. Absolutamente nada.
La morosidad es una tradición cultural. Y las tradiciones culturales son a menudo el legado de la «historia» normativa de un país. Si un moroso recibiera una sanción bien ejemplar, se le expulsara del sistema bancario durante un tiempo como a quien le retiran el permiso de conducir o, sencillamente, se le impidiera hacer negocios por haberse dedicado a jugar con la confianza de su acreedor, les aseguro que la morosidad caería en picado.

El Ministerio de Economía, que sabe perfectamente que sin tarjetas de crédito nuestra economía caería en lo que llamaríamos un crac sin precedentes, esto es, una caída del 8 %: casi tres veces lo que cayó el año 2009, el peor año de la crisis.
Y por ese motivo, las tarjetas de crédito no pueden ya desaparecer de nuestras vidas ni de nuestras economías. Hemos pervertido su uso hasta el punto de que si VISA y compañía desapareciesen, se produciría un crac peor que el de 1929.
La verdad es que he calculado grosso modo ese 8 % de incremento de volumen económico que suponen las tarjetas de crédito. Es imposible saberlo con exactitud.

El negocio de un banco es muy simple. Cobran, por prestar, más de lo que pagan cuando son ellos, los bancos, quienes piden prestado. Si vuelven a leer la frase se darán cuenta de que es de una perversión absoluta. Si usted pide prestado, ha de pagar dos al banco; pero cuando usted le «preste» al banco, este le pagará uno a usted. Es así de simple y a este diferencial se le denomina «margen de intermediación».
La pregunta es: ¿por qué? ¿Por qué los mortales tenemos que recibir menos intereses que los bancos? O, más grave todavía, ¿por qué el propietario del dinero ha de recibir menos que quien se ocupa «solo» de colocarlo?
La respuesta que un banquero le daría es que ese es el margen por realizar esa tarea: por ganarse la confianza de los depositantes, por custodiar su dinero, por analizar bien a qué clientes prestar o no prestar en función de su solvencia, etc. Los bancos, le dirán, somos quienes canalizamos el ahorro de unos y lo convertimos en inversión de otros.
El dinero que presta un banco no le pertenece, es de sus clientes: gente como usted o como yo que abrimos una cuenta corriente o un deposito a plazo y, sencillamente, deseamos que el banco se lo guarde para no tenerlo en casa, donde podrían robarnos.
Los bancos nos han ido acostumbrando a que exijamos una cierta rentabilidad por nuestros depósitos. Una prueba es que el sector financiero es el único que en los anuncios de televisión publicita lo que te pagan en lugar de lo que te cobran. Cuando anuncian un detergente por televisión, nos comunican el precio o la oferta. Nos informan de lo que tendremos que pagar.

Dado que el coeficiente de caja es del 1 %, el «coeficiente de sus ahorros prestado a terceros» es del 99 % (excepto recursos propios y beneficios).
Sí, lo ha oído bien. El banco tiene permiso para prestar y, de hecho ha prestado, a constructores, promotores inmobiliarios, empresarios, inversores, familias que adquieren una vivienda o que piden prestado para un viaje el 99 % del ahorro que usted depositó en el banco. No deja de ser escalofriante pensar que el 99 % del saldo que tiene en cuenta está en realidad en manos de otras personas y tienen aún que devolverlo.
Es un mecanismo que genera mucho crecimiento económico, pero a la vez es un esquema muy frágil.
Pero no corra aún a su banco a retirar el dinero. Se sabe que, sumando a todos los depositantes, con ese 1 % habrá suficiente. Además, si cunde el pánico, papá banco central aportará la liquidez que haga falta para que todos volvamos a casa pensando que podríamos retirar lo que quisiéramos y así no retiremos nuestro dinero en efectivo.

Los balances de los bancos son los más apalancados del mundo (apalancado significa que se opera con pocos recursos propios y mucho dinero prestado). Algunas veces, cuando la economía empeora y la morosidad aumenta más de la cuenta, esos balances apalancados, ya de por sí endeudados, peligran.
Es muy simple. Si un banco solo está obligado a guardar el 1 % de lo que se le confía y su morosidad supera el 1 %, entra en riesgo de quiebra. La morosidad bancaria (¿durante la crisis?) actual es del 8 %, así que cuando los bancos y, especialmente, las extintas cajas de ahorros empezaron a observar que la morosidad bancaria alcanzaba peligrosos niveles, se vieron obligados a reforzar sus recursos propios. Para ello, los bancos echaron mano de la creatividad.

Una primera medida es cobrar comisiones misteriosas que no se pasen por cuenta cada mes porque se detectarían con mayor facilidad. Así, varias entidades financieras cobran la denominada «comisión de administración del depósito», por ejemplo y que aumenta a partir de un cierto número de apuntes contables o recibos que le hayan gestionado. Esta comisión puede llegar a ser de entre 50 y 150 euros al año. Las comisiones anuales tienen una diferencia sustancial con la comisión mensual. La mensual tiene doce veces más posibilidades de ser detectada por el cliente. En cambio, una comisión cobrada anualmente a finales de diciembre o principios de enero tiene mayores posibilidades de pasar desapercibida entre los innumerables cargos y pagos con tarjeta del mes de diciembre. Consejo personal: revise a final de año todas sus cuentas corrientes y según qué comisiones, vaya a la entidad financiera a negociar las condiciones de sus cuentas.

(Banca on line) Invento para que los clientes de un banco paguemos por trabajar.
Finalmente, las entidades financieras están respondiendo a la reducción de sus márgenes operativos a través de vender otras cosas. La principal área de negocio que se ha disparado en los últimos años es la venta de seguros y planes de pensiones. De hecho, hay algunas oficinas bancarias donde la venta de seguros es ya su principal fuente de ingresos, por encima de la actividad crediticia incluso.
¿Hay algún problema en que los bancos vendan seguros? No, excepto, básicamente, que no saben, porque no es su negocio. Por supuesto que están aprendiendo y cada vez lo hacen mejor, pero ande con cuidado porque bajo un aparente ahorro puede usted estar perdiendo coberturas de su seguro. Los bancos disponen de toda la información sobre usted. Más de la que se imagina. Y a pesar de que está prohibido por la ley de protección de datos que una oficina utilice la información de sus cargos para saber cuánto paga por el seguro de su hogar y, así, lanzar una oferta mejor, lo cierto es que es algo que algunos directores de oficina, presionados por los objetivos, realizan.

La banca siempre gana. Tiempo atrás, los bancos quebraban. Ahora han aprendido a ejercer su poder. De la mano del poder, la quiebra es imposible. El banquero que no juegue a este juego será, cual entrenador de fútbol, expulsado del banco. Perdón, del banquillo.

Una de las cosas que más me llama la atención, y que mucha gente ignora, es que a una empresa, a efectos legales, se la considera una persona. No una persona física, por supuesto, pero sí una persona jurídica. A mí este hecho me sorprendió mucho cuando estudié Empresariales. La empresa tiene personalidad propia ante la ley y ante terceros. Esto no siempre fue así porque una empresa pertenecía, por concepto, a una persona y esa persona era la responsable de lo que pasara en su empresa. En algún momento del siglo XIX, se decidió desvincular a los propietarios de sus empresas.
¿Por qué se hizo?
Hay muchos motivos, y algunos de ellos responden a una lógica económica, aunque el principal motivo es por dinero: para defender el patrimonio de los propietarios. Si una persona invertía parte de su dinero en una empresa y las cosas salían mal, la persona en cuestión podía perder todo su patrimonio. Al convertir la empresa en una persona jurídica con entidad propia, si se arruina esta, quien se va al traste es la persona jurídica, pero no la persona física propietaria, con lo que de este modo se limitan las pérdidas del propietario.

Afirmar que el emprendimiento es una forma de autoempleo es como sostener que ser futbolista profesional es una forma de perder peso. Es confundir la inercia con la velocidad. El hecho de que un emprendedor se dé empleo a sí mismo es no solo circunstancial, es casi hasta anecdótico en la mente de un auténtico emprendedor. El emprendedor auténtico no piensa en términos de empleo propio, sino en términos de proyecto empresarial, de proyecto vital, de una ilusión. Emprender no es una forma de ganarse la vida, es una forma de vida. Para los emprendedores genuinos el proyecto está por encima de la dimensión salarial. Un emprendedor no piensa en el sueldo o en empleo. De hecho, ignora esas dos dimensiones. Hay una ilusión previa, una motivación enorme. El hecho de que emprender lleve asociado dedicarse al proyecto y, por tanto, ser su empleo es un efecto colateral y, como digo, anecdótico.
Hay mucha gente a la que, antes de emprender, le preocupa saber si es un emprendedor. En España se viene produciendo una distinción que a mí me resulta muy llamativa. La figura del empresario está mal vista y la del emprendedor está bien vista. El empresario español es un señor grueso, que tiene un Mercedes y una fábrica en la que paga poco y gana mucho, con un par de casas de veraneo, que se pelea con los sindicatos y que defrauda a Hacienda todo lo que puede. En nuestro país, el empresario es percibido como un canalla. Por su lado, el emprendedor es un chaval joven bienintencionado al que es menester ayudar y subvencionar, lleno de ideas fabulosas en las que ninguna entidad financiera cree y que va de puerta en puerta explicando su proyecto a personas de otra generación que no entienden nada de cómo va a funcionar el mundo a partir de ahora.
Pues bien, sepan que igual que toda mariposa fue gusano, todo empresario fue emprendedor. Y que si la creencia popular es cierta, el emprendedor es un canalla en potencia, solo que aún tiene que pervertirse, a medida que alcance éxito.
Esta distinción es solo temporal.

Todos esos políticos que financian planes de emprendimiento, foros para emprendedores, que promueven en medios de comunicación el «autoempleo» y pregonan a los cuatro vientos que una de las soluciones para que España salga de la crisis es compensar el empleo destruido con autoempleo ignoran este dato. Digo que lo ignoran porque, si lo saben y lo ocultan, es para juzgarlos por actuar con temeridad, nocturnidad y alevosía. El dato es el siguiente: entre un 75 % y 95 % de los proyectos de emprendimiento fracasan antes del primer año. El espectro que he dado es amplio porque hay varias fuentes que lo miden.
Esto no se explica porque interesa mucho más que la gente capitalice la prestación por desempleo o que se dé de alta como autónomo y así rebajamos el número de personas apuntadas al INEM, y puede, en año de elecciones (todos los años hay algún tipo de comicios), argumentarse que el paro desciende.
No dudo de que hay estamentos y políticos honestamente comprometidos con el emprendimiento, pero no se habla de este con franqueza ni se organiza de forma adecuada.
En España se emprende menos que en otros países. Mucha gente prefiere ingresar una cantidad pequeña al mes, pero desentenderse, despreocuparse, poder olvidarse al acabar la jornada de cien obligaciones más que no añaden valor alguno. Sé de lo que hablo. Soy y he sido emprendedor y me he visto en situaciones de todos los colores. Me he visto expuesto a situaciones grotescas, kafkianas y dantescas por parte de la Administración pública. Veces en las que realmente he pensado, por unos momentos, que no valía la pena, que no me interesaba emprender porque solo iba a complicarme la vida, a tener más problemas de los que ocuparme.

Si algo sobra en el mundo, son buenas ideas. Una idea no es un negocio, es solo el germen de una iniciativa, de una voluntad. En realidad la idea es una excusa para arrancar. Es cierto que la idea define los próximos elementos del emprendimiento: qué voy a vender, cómo lo voy a vender, dónde lo voy a vender, cómo se va a dar a conocer… Pero la idea no deja de ser algo teórico, conceptual, que flota en el aire y que habita solo nuestra mente.
Una de las características de una idea es que, en el momento en que se lleva a la práctica, hay que modificarla, adaptarla, cambiarla para que se acomode lo mejor posible a lo que el cliente percibe y necesita. Por eso sostengo que la idea no es demasiado importante. Es solo un inicio. El secreto está en la ejecución de esa idea.

Éxito proviene del latín exitus, que, a su vez, proviene del verbo exitere, que significa «salir». El éxito no es un punto de llegada; es un punto de partida. La concepción del éxito y del fracaso en nuestra cultura es uno de los principales impedimentos para emprender y para que el emprendedor tenga la valoración y reconocimiento social que se merece. Tengo un amigo que sostiene que en todas las plazas de los pueblos debería haber una estatua parecida a la del soldado anónimo, con un hombre o una mujer sin identidad definida y con una placa que diga: «Homenaje al emprendedor».
Los emprendedores y los empresarios crean valor, riqueza y empleo. Su motivación puede ser económica, pero crean valor. En su lugar, machacamos al empresario y estigmatizamos al emprendedor que no sale adelante. El resultado de todo ello es que todavía en las encuestas que se realizan a universitarios españoles, la inmensa mayoría desea ir a trabajar a un banco o a la Administración pública antes que montar un negocio. En otros países, los emprendedores son héroes nacionales.

Las empresas no tienden a la competencia, tienden al monopolio. Es su tendencia natural, agruparse y dejar de competir. Competir es muy cansado, desgasta, reduce márgenes, supone más recursos, más inversiones, innovar continuamente. Y todo ello tiende a hacer más difícil la supervivencia empresarial. Así que la realidad es que las empresas compiten durante un tiempo y cuando alguna de ellas empieza a mostrar signos de flaqueza, debilidad o cansancio, suele acercarse a sus competidores y se ofrece para ser absorbida o fusionada. En épocas de crisis esto es particularmente más común. Ante las dificultades económicas, las empresas se agrupan para ganar economías de escala, ahorrar costes y mejorar márgenes.
Aunque nos parezca imposible, hay situaciones en que es mejor que las empresas pacten. No nos interesa que se reúnan para acordar precios (suele ser habitual), pero sí, a lo mejor, para que se repartan las prioridades. Por ejemplo, si las tan a menudo denostadas empresas farmacéuticas pudieran reunirse y repartirse las líneas de investigación farmacológica evitaríamos que todos los investigadores estuviesen concentrados en encontrar fármacos para las mismas enfermedades, quedando otras patologías sin recursos para la investigación. A la sociedad le interesa más que las farmacéuticas se repartan las patologías sobre las que investigar antes que ponerse a competir para lanzar fármacos que curen las mismas enfermedades. Es cierto que eso podría provocar situaciones monopolísticas en algunos medicamentos, pero desde un punto de vista global, es preferible que los fármacos sean más caros y haya pocas enfermedades sin curar antes que tener fármacos más baratos y haya más enfermedades pendientes de ser investigadas. Este es un caso de equilibrio de Nash. A veces es mejor para la sociedad que las empresas formen cárteles, pero están muy mal vistos y las empresas los ocultan constantemente para no ser condenadas por los Tribunales de la Competencia.

Huya de los gurús como huiría de un inspector de Hacienda. No les dé ningún crédito. No tienen ni idea de lo que va a pasar porque, sencillamente, nadie lo sabe.
¿Quién determina la etiqueta de gurú a un economista? Por desgracia, los medios de comunicación. Gurú se llamó a Alan Greenspan, quien acuñó la célebre expresión de «exuberancia irracional» en los noventa cuando la bolsa de Estados Unidos estaba sobrevalorada, tratando de advertir de la burbuja especulativa. Evidentemente, se cumplió su predicción, pero muchísimos años más tarde. Aún hubo de subir bastantes años antes de darse el batacazo. Gurú se llamó, y todavía se llama, al inversor Warren Buffet, dado que su historial de inversiones ha sido históricamente de los mejores. Sin embargo, Warren Buffet también ha obtenido pésimos resultados en algunas de sus inversiones. ¡No siempre ha acertado! ¿Por qué? Pues porque los gurús, insisto, no existen.

En la bolsa hay dos tipos de análisis: fundamentales y técnicos.
Los fundamentales tratan de determinar el valor de una empresa por lo que debería valer según sus ventas y beneficios. También se tiene en cuenta su situación patrimonial. No debería haber ningún otro tipo de análisis.
Pero como la bolsa es un casino, nos hemos inventado el análisis técnico que intenta determinar si el precio de una acción es alto o bajo según cómo la gente la ha comprado o vendido en el pasado. O sea, que prescinde de cualquier valoración real y analiza solo lo que tiene pinta de pasar próximamente según lo que ha pasado recientemente.
En la bolsa hay verdaderos ludópatas y los expertos de la bolsa reconocen que comprar y vender en bolsa crea adicción. Como el juego, vamos.

Sin duda es una obra que se puede recomendar sin género de dudas, es claro conciso didáctico y que creo que dice muchísimas verdades se quieran o no reconocer y eso es más que un acierto. Premio Espasa 2015.

A magnificent book contrary to the official version on capitalism and those who direct the game, we must go beyond what we intend to tell.
Some examples: (1) inflation is a natural increase in prices (official version), but inefficient governments use it as a covert way of collecting taxes (real and forbidden version); (2) the satisfaction of the needs of its customers is what a company, if it were ethical, should seek (official version), however, it uses the needs analysis of the population to incorporate other accessory needs, for the that people are not even aware that they pay a surcharge (real and forbidden version); (3) the banks call “deposit” a money that they say they keep us (official version), but in reality they will not keep custody (real and hidden version).

Marketing does not tell lies. The information is always there, within reach of the client. Everything that the marketing wields can be corroborated or proven. Marketing can not lie; simply, because commercial legislation prevents fraud. It is a highly regulated and controlled sector. Marketing knows that you can not lie, but will do everything in your power to make you fall in love with the products and services you are going to try to sell. You will buy them, your money will be spent and in some cases you will feel disappointed. Then he will affirm: “They lied to me.” And I will say to him: «They did not lie to him; They seduced him like that girlfriend he had long ago and who later turned out to be a fiasco. That girlfriend did not lie to him, but she knew how to deceive him without hiding the truth from him ».
Marketing has become “how to cheat without lying.”
Knowing the tools with which they will try to seduce you is important. It is good to know what brands that act with unethical intent every time we face them in a supermarket or consider subscribing to a service.
The information I provide here will make you much less vulnerable to the powerful marketing tools; You can be much more faithful to your own criteria and preferences, and will be less influenced by advertising, promotions or offers; he will buy only those things that he truly needs, and when he does not need them but still acquires them, he will, at least, be fully aware of his act of purchase.
The Maslow pyramid is a hierarchy of human needs where it is described that as the most basic needs are met (bottom of the pyramid), human beings develop higher needs and desires (upper part of the pyramid).
Prohibited version:
Method to calculate how much to charge for each of the accessory needs that brands incorporate into a product.

There is something that should avoid all these excesses. It’s called “competition.” Competition is good for consumers because it prevents companies from abusing a dominant position, such as monopoly or oligopoly. Economists know that competition promotes efficiency and ensures that people can maximize our satisfaction when we spend, buy or consume.
However, competition is a very controversial concept. Are we in Spain in a system of free competition? The answer is hard: yes and no. There is competition and the regulatory authorities devote time to this, but the brands, unfortunately, also establish pacts in secret that are totally prohibited by law. I know for sure. I have heard it from businessmen several times. Sometimes, it is even obvious when we check that all brands are one or two cents, typical of gasoline.
Brands have the power to set prices freely, so they may simply have decided to be a penny cheaper than the competitor. It is legitimate and free, but it is a form of price fixing that goes against everything that economists have developed.

One of the tactics that companies have used is the ineffable lie of official technical services. If a device that can still be repaired is damaged, the solution offered by the brands is to locate the nearest technical service. The closest thing is a joke because, while a while ago there were several points of attention and relatively central, now, even in large cities such as Madrid or Barcelona, ​​there is only one technical service that is usually in the outskirts of the city and that In addition, it is shared by several brands. If you take the trouble to move there with an electric razor to repair, for example, after losing a morning or an entire afternoon, they will ask for a deposit that ranges around 30 or 50 euros just to make a budget of the repair. They want to make sure that, when they have found the problem and they call to explain what the fault is, the labor hours to make the diagnosis are charged.

The states are going to use the economy in a mediated way: the authentic public need is going to mix with the ideological, with the craving for power and with corruption, giving rise to something called “economic policy”, a euphemism for embezzlement of public funds .
The states have different economic obsessions. His first obsession is to raise more. No State has enough. The collection anxiety is proportional to the domain, power and control over citizenship. Governments are insatiable. If they have a surplus, they will want more money from citizens, arguing that it is necessary to do more things: build more roads, more infrastructure or contribute to the development of the country. And if they already register deficits, the argument will be that it is necessary to increase taxes to eliminate it.
As states never have enough, they invent all kinds of taxes. The term “taxes” is sufficiently descriptive: something that is imposed, that is, something that nobody wants to pay.
There are many types of taxes.
The tax on high alcoholic beverages, on tobacco or on games of chance. These are activities to which the Ministry of Health and civil associations dedicate important efforts to eradicate all the adverse effects they produce. However, the states live on such taxes, which constitutes an act of social and political hypocrisy. They call them “special taxes”, and we do not know if the name “special” is due to the high percentage or that they tax products that cause deaths, illnesses, accidents and drug addictions.
In our country, these taxes represent around 8% of the total of what the State collects, so the Government has become the first smoker, the first alcoholic and the first gambler in the country. The State is literally hooked to the consumption of these products, as it would enter into suspension of payments if it could not tax them as it performs. We can affirm, without a doubt, that the Government depends on tobacco, alcohol and gambling in order not to break and subsist. All an example of moral and ethics.

(equity) It is the tax that aims to tax what remains after having paid all taxes.
But it is that, in addition, the heritage does not always generate income. Even in many cases it produces expenses. For example, from a certain equity value, you must include the value of your own home and pay a tax on that value. Does the apartment where you live, if you own it, generate any kind of income?
(Saving) Money that incompetent governments tax twice: to perceive it and not to spend it.
In the late 1970s, the Treasury carried out a campaign that has been engraved in its memory for years and that had the slogan: “We are all Treasury”, trying to explain that we should not disappoint because we should not perceive the Treasury as someone alien to us. It comes for our money, but as a way in which we all decide how to finance the public. But the reality is that everyone, me included, we look for how to pay less to the Treasury in a legal way, not through fraud, because that is already illegal. And to pay less in a legal way, there are deductions, exemptions and all kinds of tax incentives.
We could parody the tax incentive: “If you do this in this way, you pay so much, but if you do it in this other way and register it here and you register as such and what you do before on that date and you accept such modality, you only pay this instead of that. ”
INCREASE OF TAXES
Official version:
Administrative procedure to increase the collection of public administrations through an effort of all taxpayers.
Prohibited version:
Political incapacity that is solved by making them pay fair for sinners.

In short, inflation is a tax that leaves rulers as little angels because they do not touch the money in the drawer and you do not have to pay anything to the Treasury. It seems that they do not charge you, but they rob you through taking away purchasing power.
The next way governments raise taxes without us noticing is through debt. When a government gets into debt it is because the income is insufficient to cover its expenses or investments. It matters little whether it is to build bridges or roads, or to cover pensions. The fact is that this expense is higher than what is collected and, to finance it, public debt is issued. That debt is assumed, in reality, by all citizens through the State. We do not get used to the idea, but through bond issues or Treasury bills, we authorize politicians to borrow in our name and we see it as normal!

Try to control the uncontrollable and not regulate what is adjustable. That is the disease of the states in relation to the economy. The day they analyze the economy from anthropology or psychology, things will change. Meanwhile, we will continue to eat regulatory problems.
In France, for example, if someone happens to sign a heel without funds, that person is automatically excluded from the banking system. That is, no bank will open a current account or give you a checkbook again for a long time. That is why in France it is accepted that you pay with heels. In Spain, we do not accept them unless they are made up of the bank or come from someone very trustworthy. Why? Well, because if you sign a heel here and then there is no money, nothing happens. Absolutely nothing.
Late payment is a cultural tradition. And cultural traditions are often the legacy of the normative “history” of a country. If a defaulter receives a very exemplary sanction, he will be expelled from the banking system for a period of time such as the driver’s license being withdrawn or, simply, prevented from doing business because he has dedicated himself to playing with the creditor’s trust, I assure you that delinquency would plummet.

The Ministry of Economy, which knows perfectly that without credit cards, our economy would fall into what we would call an unprecedented crash, that is, a fall of 8%: almost three times what fell in 2009, the worst year of the crisis .
And for that reason, credit cards can no longer disappear from our lives or our economies. We have perverted its use to the point that if VISA and company disappeared, there would be a worse crash than the one in 1929.
The truth is that I have roughly calculated that 8% increase in the economic volume of credit cards. It is impossible to know exactly.

The business of a bank is very simple. They charge, for lending, more than what they pay when it is they, the banks, who borrow. If they read the phrase again, they will realize that it is an absolute perversion. If you borrow, you have to pay two to the bank; But when you “lend” the bank, it will pay one to you. It is that simple and this differential is called “intermediation margin”.
The question is why? Why do mortals have to receive less interest than banks? Or, more serious still, why should the owner of the money receive less than the one who deals “alone” with placing it?
The answer that a banker would give you is that this is the margin for doing this task: for earning the trust of the depositors, for safekeeping your money, for analyzing well which clients to lend or not lend based on your solvency, etc. The banks, they will tell you, are the ones who channel the savings of some and convert it into investment of others.
The money that a bank lends does not belong to it, it belongs to its clients: people like you or me who open a current account or a time deposit, and we simply want the bank to keep it so as not to have it at home, where they could steal.
Banks have been getting used to us demanding a certain profitability for our deposits. One proof is that the financial sector is the only one in the television ads that advertises what they pay you instead of what they charge you. When they advertise a detergent on television, they tell us the price or the offer. They inform us of what we will have to pay.

Since the cash ratio is 1%, the “coefficient of your savings lent to third parties” is 99% (except equity and profits).
Yes, he has heard it well. The bank has permission to lend and, in fact has lent, builders, real estate developers, entrepreneurs, investors, families who buy a home or who borrow for a trip 99% of the savings you deposited in the bank. It is still chilling to think that 99% of the balance that you have in mind is actually in the hands of other people and they have yet to return it.
It is a mechanism that generates a lot of economic growth, but at the same time it is a very fragile scheme.
But do not run to your bank yet to withdraw the money. It is known that, adding to all the depositors, with that 1% there will be enough. Also, if there is panic, the central bank will provide the necessary liquidity so that we all go home thinking that we could withdraw what we wanted and so we do not withdraw our money in cash.

The balance sheets of the banks are the most leveraged in the world (leveraged means that you operate with few own resources and a lot of borrowed money). Sometimes, when the economy worsens and delinquency increases more than the account, those leveraged balance sheets, already indebted, are in danger.
It’s very simple. If a bank is only obliged to keep 1% of what is entrusted to it and its delinquency exceeds 1%, it is at risk of bankruptcy. The current bank default (during the crisis?) Is 8%, so when the banks and, especially, the extinct savings banks began to observe that the banking delinquency reached dangerous levels, they were forced to reinforce their own resources. For this, banks used creativity.

A first measure is to charge mysterious commissions that are not passed through each month because they would be detected more easily. Thus, several financial entities charge the so-called “deposit management fee”, for example, and that increases from a certain number of accounting notes or receipts that have been managed. This commission can be between 50 and 150 euros per year. The annual commissions have a substantial difference with the monthly commission. The monthly is twelve times more likely to be detected by the customer. On the other hand, a commission charged annually in late December or early January is more likely to go unnoticed among the innumerable charges and card payments for the month of December. Personal advice: check at the end of the year all your current accounts and according to which commissions, go to the financial entity to negotiate the conditions of your accounts.

(Online banking) I invent for the clients of a bank to pay for work.
Finally, financial institutions are responding to the reduction of their operating margins through selling other things. The main business area that has exploded in recent years is the sale of insurance and pension plans. In fact, there are some bank offices where the sale of insurance is already your main source of income, above the credit activity even.
Is there a problem in which banks sell insurance? No, except, basically, they do not know, because it’s not your business. Of course they are learning and every time they do it better, but be careful because under apparent savings you may be losing insurance coverage. The banks have all the information about you. More than you imagine. And although it is prohibited by the data protection law for an office to use the information on their charges to know how much they pay for their home insurance and, thus, to launch a better offer, the truth is that it is something that some Office managers, pressured by the objectives, perform.

The bank always wins. Some time ago, banks went bankrupt. Now they have learned to exercise their power. Hand in hand, bankruptcy is impossible. The banker who does not play this game will be, like a football coach, expelled from the bank. Sorry, the bench.

One of the things that catches my attention, and that many people ignore, is that a company, for legal purposes, is considered a person. Not a natural person, of course, but a legal person. This fact surprised me a lot when I studied Business. The company has its own personality before the law and before third parties. This was not always the case because a company belonged, by concept, to a person and that person was responsible for what happened in his company. At some point in the 19th century, it was decided to disassociate the owners of their companies.
Why was it made?
There are many reasons, and some of them respond to an economic logic, although the main reason is for money: to defend the patrimony of the owners. If a person invested part of their money in a company and things went wrong, the person in question could lose all their assets. By converting the company into a legal entity with its own entity, if this is ruined, the person who goes to the bottom is the legal entity, but not the natural person who owns it, thereby limiting the losses of the owner.

Affirming that entrepreneurship is a form of self-employment is like sustaining that being a professional footballer is a way to lose weight. It is confusing inertia with speed. The fact that an entrepreneur employs himself is not only circumstantial, it is almost anecdotal in the mind of an authentic entrepreneur. The authentic entrepreneur does not think in terms of his own employment, but in terms of a business project, a life project, an illusion. Entrepreneurship is not a way of earning a living, it is a way of life. For genuine entrepreneurs the project is above the salary dimension. An entrepreneur does not think about salary or employment. In fact, ignore those two dimensions. There is a previous illusion, a huge motivation. The fact that entrepreneurship is associated with the project and, therefore, be its use is a side effect and, as I say, anecdotal.
There are many people who, before starting, worry about knowing if he is an entrepreneur. In Spain a distinction has been produced that I find very striking. The figure of the entrepreneur is frowned upon and that of the entrepreneur is well regarded. The Spanish businessman is a thick man, who has a Mercedes and a factory in which he pays little and earns a lot, with a couple of summer houses, that fights with the unions and that defrauds the Treasury as much as he can. In our country, the employer is perceived as a scoundrel. For his part, the entrepreneur is a well-meaning young kid who needs help and subsidy, full of fabulous ideas in which no financial institution believes and goes door to door explaining his project to people of another generation who do not understand anything about how the world will work from now on.
Well, know that just as every butterfly was a worm, every entrepreneur was an entrepreneur. And if the popular belief is true, the entrepreneur is a potential scoundrel, only that he has yet to pervert, as he achieves success.
This distinction is only temporary.

All those politicians who finance entrepreneurial plans, forums for entrepreneurs, who promote “self-employment” in the media and trumpet that one of the solutions for Spain to come out of the crisis is to compensate for the destroyed employment with self-employment. fact. I say that they ignore it because, if they know and hide it, it is to judge them for acting with recklessness, nocturnality and treachery. The data is as follows: between 75% and 95% of entrepreneurship projects fail before the first year. The spectrum I have given is broad because there are several sources that measure it.
This can not be explained because it is much more interesting for people to capitalize the unemployment benefit or to be registered as self-employed and thus we reduce the number of people targeted to INEM, and can, in the year of elections (every year there is some kind of elections), arguing that unemployment falls.
I do not doubt that there are estates and politicians honestly committed to entrepreneurship, but they do not talk about it frankly or organize it properly.
In Spain, less is undertaken than in other countries. Many people prefer to enter a small amount per month, but ignore, forget, be able to forget at the end of the day of one hundred more obligations that do not add any value. I know what I’m talking about. I am and have been an entrepreneur and I have seen myself in situations of all colors. I have been exposed to grotesque, Kafkaesque and Dantesque situations on the part of the public Administration. Times in which I have really thought, for a few moments, that it was not worth it, that I was not interested in starting because it was only going to complicate my life, to have more problems to occupy myself.

If something is left over in the world, they are good ideas. An idea is not a business, it is only the germ of an initiative, of a will. Actually the idea is an excuse to start. It is true that the idea defines the next elements of entrepreneurship: what I am going to sell, how I am going to sell it, where I am going to sell it, how is it going to be publicized … But the idea does not cease to be something theoretical, conceptual, It floats in the air and inhabits only our mind.
One of the characteristics of an idea is that, when it is put into practice, it must be modified, adapted, changed so that it fits as well as possible what the client perceives and needs. That is why I argue that the idea is not too important. It’s just a start. The secret lies in the execution of that idea.

Success comes from the Latin exitus, which, in turn, comes from the verb exitere, which means “go out.” Success is not a point of arrival; It is a starting point. The conception of success and failure in our culture is one of the main impediments to entrepreneurship and for the entrepreneur to have the value and social recognition he deserves. I have a friend who maintains that in all the town squares there should be a statue similar to that of the anonymous soldier, with a man or a woman without a defined identity and with a plaque that says: “Homage to the entrepreneur.”
Entrepreneurs and entrepreneurs create value, wealth and employment. Their motivation can be economic, but they create value. Instead, we crush the entrepreneur and stigmatize the entrepreneur who does not succeed. The result of all this is that still in the surveys that are made to Spanish university students, the immense majority wants to go to work at a bank or the Public Administration before setting up a business. In other countries, entrepreneurs are national heroes.

Companies do not tend to competition, they tend to monopolize. It is your natural tendency to group and stop competing. Competing is very tired, it wears away, it reduces margins, it means more resources, more investments, continuously innovate. And all this tends to make business survival more difficult. So the reality is that companies compete for a while and when one of them begins to show signs of weakness, weakness or fatigue, usually approaches its competitors and offers to be absorbed or merged. In times of crisis this is particularly more common. In the face of economic difficulties, companies are grouped to gain economies of scale, save costs and improve margins.
Although it seems impossible, there are situations in which it is better for companies to agree. We are not interested in meeting to agree prices (usually is usual), but yes, perhaps, so that priorities are shared. For example, if the so often maligned pharmaceutical companies could meet and divide the lines of pharmacological research, we would avoid that all the researchers were focused on finding drugs for the same diseases, leaving other pathologies without resources for research. The society is more interested in the distribution of pathologies for pharmaceutical companies to investigate than to compete to launch drugs that cure the same diseases. It is true that this could lead to monopolistic situations in some drugs, but from a global point of view, it is preferable that drugs are more expensive and there are few diseases without cure rather than having cheaper drugs and there are more diseases pending investigation. This is a case of Nash equilibrium. Sometimes it is better for the society that the companies form cartels, but they are very badly seen and the companies hide them constantly not to be condemned by the Courts of the Competition.

Run away from the gurus like I would run from a tax inspector. Do not give them any credit. They have no idea what will happen because, simply, nobody knows.
Who determines the label of guru to an economist? Unfortunately, the media. Guru was named Alan Greenspan, who coined the famous expression of “irrational exuberance” in the nineties when the US stock market was overvalued, trying to warn of the speculative bubble. Evidently, his prediction was fulfilled, but many, many years later. He had to go up several years before the bump. Guru was called, and is still called, the investor Warren Buffet, given that his investment history has historically been among the best. However, Warren Buffet has also obtained very poor results in some of his investments. It has not always been right! Why? Well, because the gurus, I insist, do not exist.

In the stock market there are two types of analysis: fundamental and technical.
The fundamentals try to determine the value of a company so it should be worth according to their sales and profits. Your estate status is also taken into account. There should not be any other type of analysis.
But since the stock market is a casino, we have invented the technical analysis that tries to determine if the price of an action is high or low according to how people have bought or sold it in the past. That is, it dispenses with any real assessment and analyzes only what seems to happen soon according to what has happened recently.
In the bag there are real gamblers and the bag experts recognize that buying and selling on the stock market creates addiction. Like the game, let’s go.

Without a doubt it is a work that can be recommended without a doubt, it is clear concise didactic and that I think it says a lot of truths whether they want to or not and that is more than a success. Espasa Award 2015.

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