La sabiduría de los psicópatas — Kevin Dutton / The Wisdom of Psychopaths by Kevin Dutton

Bajo el epígrafe de “todo lo que los asesinos en serie pueden enseñarnos sobre la vida”, es un magnífico libro ameno, didáctico, muy bien escrito y simplemente un acierto.

La idea de que el trastorno mental a veces puede resultar útil, e incluso en ocasiones conferir extraordinarias y peregrinas ventajas, al mismo tiempo que una enorme aflicción a quien lo padece, no es nueva, por supuesto. Como observaba el filósofo Aristóteles hace más de 2.400 años, «nunca hubo un genio sin un dejo de locura». En la mente de mucha gente, ese vínculo entre «genio» y «locura» probablemente resulta más aparente gracias al éxito en taquilla de películas como Rain Man o Una mente maravillosa en lo que respecta al autismo y la esquizofrenia.
El temor y la tristeza (ansiedad y depresión) constituyen dos de las cinco emociones básicas que han evolucionado universalmente en todas las culturas, y que como tales, prácticamente todos nosotros experimentamos en algún momento de nuestra vida. Pero hay un grupo de personas que es la excepción a la regla, que no experimenta ninguna de las dos, ni siquiera en las circunstancias más difíciles y dolorosas. Los psicópatas.
El lenguaje, para los psicópatas, solo tiene una palabra de profundidad. No hay acotación emocional detrás. Un psicópata puede decir “te quiero”, pero en realidad eso significa tanto para él como decir “tomaré una taza de té”… Ése es uno de los motivos por los cuales los psicópatas se mantienen siempre tan fríos, calmados y serenos en condiciones de extremo peligro, y se mueven tanto por las recompensas y corren riesgos. Su cerebro, literalmente, está menos “conectado” que el nuestro.

Board y Fritzon estudiaron un cierto número de los atributos psicopáticos eran más comunes en los líderes de los negocios que en los llamados criminales «perturbados», atributos como encanto superficial, egocentrismo, capacidad de persuasión, falta de empatía, independencia y concentración, y que la principal diferencia entre los grupos se encontraba en los aspectos más «antisociales» del síndrome: los diales (para volver a la analogía anterior) de ruptura de la ley, agresión física e impulsividad por parte de los criminales estaban mucho más altos.

Stanley Rachman cogió a un grupo de expertos en desactivación de bombas que llevaban diez años o más en el oficio y los dividió en dos grupos: los que habían sido condecorados por su trabajo y los que no. Luego comparó su ritmo cardíaco en el campo, en trabajos que exigían niveles de concentración particularmente elevado.
Lo que averiguó fue sorprendente. Mientras el ritmo cardíaco de todos los agentes permanecía estable, ocurría algo bastante increíble con el de aquellos que habían sido condecorados. De hecho, su ritmo cardíaco bajaba. En cuanto entraban en la zona de peligro (o la «rampa de lanzamiento», como decía un hombre con el que hablé), asumían un estado de concentración fría y meditativa, un nivel de conciencia medio en el cual se hacían uno con el dispositivo en el que estaban trabajando.
Los análisis de seguimiento ahondaron aún más y revelaron la causa de esa disparidad: la confianza. Los agentes condecorados obtenían una mayor puntuación en las pruebas de confianza propia que sus colegas no condecorados.
Era la convicción lo que les movía.

No todos los psicópatas son tan salvajes y antisociales como se nos podría haber hecho creer. De hecho, la conclusión más destacada del estudio de Board y Fritzon es que precisamente el aspecto «antisocial» del trastorno, comprendiendo los elementos de impulsividad e irresponsabilidad, es lo que «hace o deshace» al psicópata, aquello que lo codifica, dependiendo de lo altos que estén los diales de esa personalidad particular, para la disfunción o el éxito.
Para complicar más las cosas metodológicamente, resulta que los agentes desactivadores de bombas no son los únicos que experimentan una bajada del ritmo cardíaco cuando se ponen a trabajar. Los expertos en relaciones Neil Jacobson y John Gottman, autores del popular libro Hombres que agreden a sus mujeres, han observado unos perfiles cardiovasculares idénticos en determinados tipos de maltratador que, como ha demostrado la investigación, en realidad se relaja más cuando pega a sus parejas que cuando está sentado en un sillón con los ojos cerrados.

Quizá la característica principal y autónoma del psicópata, la diferencia última y «mortal» que distingue a la personalidad psicopática de las personalidades de la mayoría de los miembros «normales» de la población, es que a los psicópatas les importa un comino lo que sus conciudadanos piensen de ellos. Sencillamente, no podría importarles menos cómo contempla sus actos la sociedad, como conjunto. Esto, en un mundo en el cual la imagen, la marca y la reputación son más sacrosantas que nunca —¿cuántos somos ahora, 500 millones en Facebook?, ¿200 millones de vídeos en YouTube?, ¿una cámara de circuito cerrado para cada veinte personas en Gran Bretaña?—, constituye, sin duda, una de las razones fundamentales por las cuales se meten en tantos problemas.
Y el motivo de que los encontremos tan seductores, claro.

Un cierto número de presidentes de Estados Unidos ofrecían claros rasgos psicopáticos, entre ellos nada menos que John F. Kennedy y Bill Clinton liderando la marcha (para ver la tabla completa, véase www. wisdomofpsychopaths.co.uk). No solo eso; observen qué puntuación adquieren los Roosevelt. Algunos de los héroes de la historia están en el grupo.
¿Deberíamos estar preocupados, por tanto? ¿Sería causa de preocupación que el jefe de la nación más poderosa de la tierra compartiese, como observó Jim Kouri, una proporción significativa de los rasgos de su personalidad con un asesino en serie?
Quizás.
Pero para ver adónde van a parar Lilienfeld, Rubenzer y Faschingbauer con sus perfiles de personalidad política, necesitamos ahondar mucho más en qué significa exactamente ser un psicópata.
Hay que tener mucho cuidado a la hora de hablar de problemas de personalidad. Porque todo el mundo tiene alguno, ¿no? Así que dejémoslo bien claro desde un principio: los trastornos de personalidad no son exclusivos de los que le cabrean a usted (un error común entre los narcisistas). Por el contrario, como define el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM por sus siglas en inglés), son «un modelo duradero de experiencia interior y conducta que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del individuo que los exhibe».
La palabra clave aquí es «duradero». Un trastorno de la personalidad no es solo para Navidad (aunque hay que reconocer que la Navidad saca a la luz lo mejor de ellos). No, los trastornos de personalidad se caracterizan por ser patrones de pensamiento o sentimiento, o de relación con los otros, inflexibles y profundamente arraigados, o por la incapacidad de controlar o regular impulsos que pueden causar daño o un funcionamiento problemático. Puede que no sean exclusivos de aquellos que le cabrean a usted. Pero si alguien lo tiene, le cabreará.
El DSM clasifica los trastornos de personalidad en tres grupos distintos.Están los raros/excéntricos
los dramáticos/ erráticos y los ansiosos/inhibidos.

El [psicópata] está poco familiarizado con los hechos o datos que podrían llamarse valores personales, y es completamente incapaz de entender esos asuntos. Resulta imposible para él poner el menor interés en la tragedia o la alegría o la lucha de la humanidad tal y como se presenta en la literatura o el arte serios. También es indiferente a todos esos asuntos en la propia vida. La belleza y la fealdad, excepto en un sentido muy superficial, bondad, maldad, amor, horror y humor no tienen sentido auténtico para él, ni poder para conmoverle.
Además, carece de la habilidad para ver lo que conmueve a los demás. Es como si fuera ciego a los colores, a pesar de su aguda inteligencia, a ese aspecto de la existencia humana. No se le puede explicar, porque no hay nada en su órbita de conciencia que pueda saltar el abismo de la comparación. Puede repetir las palabras y decir con mucha labia que sí lo entiende, y no hay forma de que se dé cuenta de que no lo entiende.

Los psicópatas son maestros a la hora de mantener la frialdad, cosa que puede darles ventaja en una fuga o en un interrogatorio. Por otra parte, también son despiadados, y pueden intimidar a los testigos para que no presenten declaración. Pero igualmente plausible, e igualmente pertinente para espías y timadores por igual, es que además de ser despiadados e intrépidos, los psicópatas estén en posesión de un talento personal mucho más refinado. Exactamente igual que los mejores jugadores de póquer del mundo, pueden controlar sus emociones mejor que otros.

Creo, en general, que sí, que la sociedad se está volviendo más psicopática —dijo—. Quiero decir que hoy en día pasan cosas que no habríamos visto hace veinte, o incluso diez años. Los niños se anestesian ante la conducta sexual normal debido a la exposición temprana a la pornografía en internet. Las webs de amigos de alquiler se están haciendo cada vez más populares en la red, porque la gente está demasiado ocupada o es demasiado friki de la tecnología para hacer amigos de verdad. Y el otro día leí un informe que conectaba el significativo aumento en el número de bandas solo de mujeres con la naturaleza cada vez más violenta de la cultura moderna del videojuego.

Gilmore, desde luego, es uno de los super-psicópatas más criminales de la historia, uno de esos raros ejemplares de una especie con todos los diales de la tabla de sonido al máximo. En invierno de 1977, el antiguo vendedor de zapatos americano compareció ante un pelotón de fusilamiento en la pequeña y corriente ciudad de Draper, Utah. El mes de julio anterior, en una gasolinera a unos cuantos kilómetros por aquella carretera, había matado a tiros a un encargado por motivos de los que él mismo no estaba seguro, y luego se había ido a ver una película al cine con su novia. Al día siguiente hizo un bis y mató al recepcionista de un motel de un disparo en la cabeza a bocajarro.
Seis meses después, tras una última cena consistente en hamburguesas, huevos y patatas, se enfrentaba a las consecuencias en la Prisión estatal de Utah. En el pelotón de ejecución había cinco personas. El gobernador de la prisión tensó las correas que sujetaban la cabeza y el pecho de Gilmore, y colocó un blanco circular de tela encima de su corazón. Luego salió de la cámara de ejecución y apretó la cara contra el frío y transparente cristal de la sala de observación.
Gilmore ya no podía esperar nada salvo que llegase un milagroso indulto en el último minuto. Y los milagros y los indultos no eran comunes en Draper, en aquella época. Además, un par de meses antes Gilmore había retirado su apelación. Quería morir, o al menos eso dijo su abogado.
Eran la ocho de la mañana cuando el pelotón de fusilamiento cogió sus rifles. Antes (como era tradicional), le colocaron una capucha de pana negra en la cabeza, y el gobernador (como era tradicional) preguntó a Gilmore si quería pronunciar unas últimas palabras.
Gilmore miró al frente con los ojos más fríos que un tiburón blanco, mientas el inaudible trueno de la muerte retumbaba en su alma.
—Háganlo —dijo.

Aquello contra lo que él [el psicópata] cree que debe protestar resulta que no es un grupo pequeño, ni una institución en particular, ni un conjunto de ideologías, sino la vida humana misma. En ella no parece encontrar nada profundamente significativo ni que produzca un estímulo constante, sino solo algunos caprichos pasajeros y relativamente agradables, una serie terriblemente repetitiva de pequeñas frustraciones y aburrimientos… Como muchos adolescentes, «santos» [énfasis del autor], estadistas que forjan la historia, y otros líderes o genios notables, muestra inquietud, quiere hacer algo para cambiar la situación.
Norman Mailer: «[El psicópata] es una élite dentro de la posible falta de piedad de una élite… Su experiencia interior de las posibilidades dentro de la muerte es su lógica. Lo mismo ocurre con el existencialista. Y el “santo” [énfasis del autor], el torero y el amante».
Las implicaciones son intrigantes. ¿Es posible, se pregunta Harrington, que el santo y el psicópata, de alguna manera, constituyan dos caras trascendentales de la misma moneda existencialista? ¿Es posible «… lo queramos admitir o no, para los psicópatas más malvados y completamente inexcusables, asesinar hasta encontrarse en estado de gracia? ¿Llegar a una especie de pureza por medios terribles? ¿Verse transformado por su suplicio, y el suplicio impuesto a los demás, en otra persona, con el espíritu limpio por el teatro, la publicidad, la fama, el terror?»
Aunque sea en contra, quizá, de su delicada sensibilidad intelectual, los estudiosos del Nuevo Testamento podrían no estar de acuerdo. Hace dos mil años, un tal Saulo de Tarso sancionó la muerte de un incontable número de cristianos tras la ejecución pública de su líder. Hoy en día, bajo los dictados de la Convención de Ginebra, se le podría haber acusado de genocidio.

También se tiende a encontrar una mayor proporción de psicópatas en las zonas urbanas, a diferencia de las rurales. En una ciudad, el anonimato es fácil. Pero no puedes fundirte entre la multitud en una comunidad agrícola o minera. Te costaría muchísimo.
»Por desgracia, las palabras “psicópata” y “trotamundos” van juntas. Y es un enorme dolor de cabeza para los agentes de la ley. Eso es lo que hace nuestro trabajo tan difícil, a veces.»

Finalizaremos este libro con un poema sobre polillas que nos describe perfectamente a los psicópatas:

La otra noche hablaba
con una polilla
que intentaba entrar
en una bombilla eléctrica
y morir frita en sus alambres
por qué hacéis eso, amigas
le pregunté yo
porque es lo habitual
para las polillas o por qué
si hubiese sido una vela
en lugar de una bombilla
ahora serías solo ceniza
es que no tenéis sentido común
Mucho, me respondió
pero a veces nos cansamos
de usarlo
nos aburrimos con la rutina
y ansiamos la belleza
y la emoción
el fuego es bonito
y sabemos que si nos acercamos
nos matará,
pero qué importa,
es mejor ser feliz,
un solo momento
y arder con belleza
que vivir una vida larga
y eternamente aburrida
así que nosotras
empaquetamos nuestra vida
formamos un pequeño rollo
y luego disparamos ese rollo
y para eso es la vida
es mejor formar parte de la belleza
un instante y luego dejar de existir
que existir para siempre
y no formar parte nunca de la belleza
nuestra actitud hacia la vida
es así, como viene se va,
somos como eran los humanos
antes de volverse demasiado civilizados
para poder disfrutar
y antes de que pudiera discutir
aquella filosofía suya
fue y se inmoló en un encendedor
yo no estoy de acuerdo con ella
por mi parte, preferiría
tener la mitad de su felicidad
y el doble de su longevidad
pero también me habría gustado
desear algo tanto
como ella deseaba quemarse.

Under the epigraph of “everything that serial killers can teach us about life”, it is a wonderful book, entertaining, didactic, very well written and simply a success.

The idea that the mental disorder can sometimes be useful, and sometimes even confer extraordinary and peregrine advantages, at the same time as a huge affliction to the sufferer, is not new, of course. As the philosopher Aristotle observed more than 2,400 years ago, “there never was a genius without a hint of madness”. In the minds of many people, that link between “genius” and “madness” is probably more apparent thanks to the box office success of films like Rain Man or A Wonderful Mind in regards to autism and schizophrenia.
Fear and sadness (anxiety and depression) are two of the five basic emotions that have evolved universally in all cultures, and as such, practically all of us experience at some point in our lives. But there is a group of people who are the exception to the rule, who do not experience either, even in the most difficult and painful circumstances. The psychopaths
Language, for psychopaths, has only one word of depth. There is no emotional dimension behind. A psychopath can say “I love you”, but in reality that means as much to him as saying “I’ll have a cup of tea” … That’s one of the reasons why psychopaths are always so cold, calm and calm in conditions of extreme danger, and they move so much for the rewards and run risks. Your brain, literally, is less “connected” than ours.

Board and Fritzon studied a number of psychopathic attributes were more common in business leaders than in the so-called “disturbed” criminals, attributes such as superficial charm, self-centeredness, persuasiveness, lack of empathy, independence and concentration, and The main difference between the groups was found in the more “antisocial” aspects of the syndrome: the dials (to return to the previous analogy) of breaking the law, physical aggression and impulsiveness on the part of the criminals were much higher.

Stanley Rachman took a group of experts in deactivating bombs that had been in the trade for ten years or more and divided them into two groups: those who had been decorated for their work and those who had not. Then he compared his heart rate in the field, in jobs that demanded particularly high levels of concentration.
What he found was surprising. While the heart rate of all the agents remained stable, something quite incredible happened with that of those who had been decorated. In fact, his heart rate dropped. As soon as they entered the danger zone (or the “launching ramp”, as a man with whom I spoke), they assumed a state of cold and meditative concentration, a level of average consciousness in which they became one with the device in which they were working.
The follow-up analyzes deepened further and revealed the cause of that disparity: trust. The decorated officers obtained a higher score on the tests of self-confidence than their non-decorated colleagues.
It was the conviction that moved them.

Not all psychopaths are as wild and antisocial as we could have been led to believe. In fact, the most outstanding conclusion of the Board and Fritzon study is that precisely the “antisocial” aspect of the disorder, including the elements of impulsivity and irresponsibility, is what “makes or undoes” the psychopath, that which codes it, depending on how high are the dials of that particular personality, for dysfunction or success.
To complicate matters more methodologically, it turns out that pump deactivators are not the only ones that experience a drop in heart rate when they get to work. Relationship experts Neil Jacobson and John Gottman, authors of the popular book Men Who Assault their Women, have observed identical cardiovascular profiles in certain types of abusers that, as the research has shown, actually relaxes more when it hits their partners that when he’s sitting in an armchair with his eyes closed.

Perhaps the main and autonomous characteristic of the psychopath, the ultimate and “mortal” difference that distinguishes the psychopathic personality from the personalities of most of the “normal” members of the population, is that psychopaths do not give a damn what their fellow citizens think of them. Quite simply, they could not care less how society sees their actions, as a whole. This, in a world in which the image, brand and reputation are more sacrosanct than ever – how many are we now, 500 million on Facebook ?, 200 million videos on YouTube ?, a closed-circuit camera for each Twenty people in Britain? -, is undoubtedly one of the fundamental reasons why they get into so many problems.
And the reason we find them so seductive, of course.

A certain number of presidents of the United States offered clear psychopathic features, including none other than John F. Kennedy and Bill Clinton leading the march (for the full table, see www. Wisdomofpsychopaths.co.uk). Not only that; Observe what score the Roosevelt acquire. Some of the heroes of the story are in the group.
Should we be worried, therefore? Would it be cause for concern that the head of the most powerful nation on earth shared, as Jim Kouri observed, a significant proportion of his personality traits with a serial killer?
Maybe.
But to see where Lilienfeld, Rubenzer and Faschingbauer end up with their political personality profiles, we need to delve much more into what exactly it means to be a psychopath.
You have to be very careful when talking about personality problems. Because everyone has one, right? So let’s make it clear from the beginning: personality disorders are not exclusive to those that piss you off (a common mistake among narcissists). On the contrary, as defined by the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM), they are “a lasting model of inner experience and behavior that deviates sharply from the expectations of the culture of the individual who exhibits them.”
The key word here is “durable.” A personality disorder is not just for Christmas (although we must recognize that Christmas brings out the best in them). No, personality disorders are characterized by being patterns of thought or feeling, or of relationships with others, inflexible and deeply rooted, or by the inability to control or regulate impulses that can cause harm or problematic functioning. They may not be exclusive to those who piss you off. But if someone has it, it will piss him off.
The DSM classifies personality disorders into three distinct groups. They are the rare / eccentric ones
the dramatic / erratic and the anxious / inhibited.

The [psychopath] is unfamiliar with facts or data that might be called personal values, and is completely unable to understand those issues. It is impossible for him to put the slightest interest in the tragedy or the joy or the struggle of humanity as it is presented in serious literature or art. It is also indifferent to all those issues in one’s life. Beauty and ugliness, except in a very superficial sense, goodness, badness, love, horror and humor have no real meaning for him, nor power to move him.
In addition, he lacks the ability to see what moves others. It is as if he were blind to colors, despite his keen intelligence, to that aspect of human existence. You can not explain it to him, because there is nothing in his orbit of consciousness that can jump the abyss of comparison. He can repeat the words and say with a lot of lipstick that he does understand it, and there is no way he can realize that he does not understand it.

Psychopaths are teachers when it comes to maintaining coldness, which can give them an advantage in a flight or interrogation. On the other hand, they are also ruthless, and they can intimidate the witnesses so that they do not present a statement. But equally plausible, and equally relevant to spies and scammers alike, is that in addition to being ruthless and intrepid, psychopaths are in possession of a much more refined personal talent. Exactly like the best poker players in the world, they can control their emotions better than others.

I think, in general, that yes, that society is becoming more psychopathic, “he said. I want to say that nowadays things happen that we would not have seen twenty, or even ten years ago. Children are anesthetized by normal sexual behavior due to early exposure to pornography on the internet. The websites of friends of rent are becoming increasingly popular on the network, because people are too busy or too tech geek to make real friends. And the other day I read a report that connected the significant increase in the number of bands only of women with the increasingly violent nature of the modern culture of the video game.

Gilmore, of course, is one of the most criminal super-psychopaths in history, one of those rare specimens of a species with all the dials of the sound board to the fullest. In the winter of 1977, the former American shoe salesman appeared before a firing squad in the small, modern town of Draper, Utah. Last July, at a gas station a few kilometers down that road, he had shot dead a manager for reasons that he himself was not sure of, and then he had gone to see a movie at the movies with his girlfriend. The next day he did an encore and killed the motel receptionist with a shot in the head at point-blank range.
Six months later, after a last dinner consisting of burgers, eggs and potatoes, he faced the consequences in the Utah State Prison. There were five people in the execution squad. The governor of the prison tensed the straps that held Gilmore’s head and chest, and placed a circular white cloth over his heart. Then he left the execution chamber and pressed his face against the cold, transparent glass of the observation room.
Gilmore could not expect anything unless a miraculous reprieve came at the last minute. And miracles and pardons were not common in Draper, at that time. Also, a couple of months before Gilmore had withdrawn his appeal. He wanted to die, or so his lawyer said.
It was eight o’clock in the morning when the firing squad picked up their rifles. Before (as was traditional), they put a black corduroy hood over his head, and the governor (as was traditional) asked Gilmore if he wanted to say a few last words.
Gilmore looked ahead with eyes as cold as a white shark, while the inaudible thunder of death rumbled in his soul.
“Do it,” he said.

That against which he [the psychopath] believes he must protest is that it is not a small group, nor a particular institution, nor a set of ideologies, but human life itself. In it it does not seem to find anything deeply meaningful or to produce a constant stimulus, but only some fleeting and relatively pleasant whims, a terribly repetitive series of small frustrations and bores … Like many adolescents, “saints” [emphasis of the author], statesmen who forge history, and other notable leaders or geniuses, show concern, want to do something to change the situation.
Norman Mailer: «[The psychopath] is an elite within the possible lack of mercy of an elite … His inner experience of the possibilities within death is his logic. The same happens with the existentialist. And the “saint” [emphasis of the author], the bullfighter and the lover ».
The implications are intriguing. Is it possible, Harrington asks, that the saint and the psychopath, in some way, constitute two transcendental faces of the same existentialist coin? Is it possible “… we want to admit or not, for the most evil and completely inexcusable psychopaths, to murder until they find themselves in a state of grace? To reach a kind of purity by terrible means? To be transformed by his ordeal, and the torture imposed on others, on another person, with a clean spirit through theater, publicity, fame, terror?
Although it may be against, perhaps, their sensitive intellectual sensitivity, New Testament scholars may not agree. Two thousand years ago, a certain Saul of Tarsus sanctioned the death of a countless number of Christians after the public execution of their leader. Today, under the dictates of the Geneva Convention, he could have been accused of genocide.

There is also a tendency to find a greater proportion of psychopaths in urban areas, unlike rural ones. In a city, anonymity is easy. But you can not melt into the crowd in an agricultural or mining community. It would cost you a lot.
»Unfortunately, the words” psychopath “and” globetrotter “go together. And it is a huge headache for law enforcement. That’s what makes our job so difficult, sometimes. ”

We will finish this book with a poem about moths that perfectly describes psychopaths:

The other night he spoke
with a moth
I was trying to enter
in an electric bulb
and die fried in their wires
why do you do that, girlfriends
I asked him
because it’s the usual
for moths or why
if it had been a candle
instead of a light bulb
now you would be just ash
is that you have no common sense
A lot, I answered
but sometimes we get tired
to use it
we get bored with the routine
and we crave beauty
and the emotion
the fire is nice
and we know that if we approach
it will kill us,
but what does it matter,
it is better to be happy,
just one moment
and burn with beauty
to live a long life
and eternally boring
so we
we package our lives
we form a small roll
and then we shoot that roll
and for that is life
it is better to be part of the beauty
an instant and then cease to exist
that exist forever
and never be part of beauty
our attitude towards life
it’s like that, as it comes it goes,
we are what humans were like
before becoming too civilized
to enjoy
and before I could argue
that philosophy of yours
was and was immolated in a lighter
I do not agree with her
For my part, I would prefer
have half of your happiness
and twice its longevity
but I would have liked it too
want something so much
how she wanted to burn herself.

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