México y sus asesinos seriales — Ricardo Ham / Mexico And Its Serial Murders by Ricardo Ham (spanish book edition)

Sin duda al hablar de México se asocia por desgracia a asesinatos impunes a través del s.XIX, XX, XXI…

El término «asesino en serie» fue creado en la década de los setenta por el Agente especial del FBI Robert Ressler y utilizado por primera ocasión en el homicida de mujeres Ted Bundy, para después exportarlo prácticamente a todo el mundo. Anterior que se acuñase este calificativo no se conocían demasiados casos de características seriales, pero una vez creado, pareciera que muchas personas desearan recibir el desagradable honor de ser llamados serial killers. Históricamente el homicidio serial tiene un par de figuras centrales; el primero de ellos saltó a la fama mundial en 1888 en Inglaterra, con Jack «el destripador»

«El Chalequero» nunca trató de ocultar su verdadera identidad, sus homicidios era conocidos por todas las prostitutas de la zona pero ninguna era capaz de denunciarlo o entregarlo a la policía debido al temor de posibles represalias en su contra.

Goyo Cárdenas, el célebre asesino de mujeres de los años cuarenta, se debe o no considerar un asesino serial. Goyo Cárdenas mató a cuatro mujeres de manera casi idéntica, sin motivo aparente, con un periodo de tiempo entre cada una y a las primeras tres no las conocía, estos factores según Robert Ressler, inventor del término serial killer, son más que suficientes para asegurar que tenemos un asesino en serie.
Si esta simple definición no fuera suficiente entonces vayamos al campo de la psicología del asesino serial; según el Dr. Joel Norris los serial killers poseen tres características fundamentales: piromanía, crueldad excesiva con los animales y enuresis, pues se sabe que Goyo mojó la cama hasta edad avanzada y que gustaba de ensañarse con pollos y conejos.

Delfina, María de Jesús y María Luisa González Valenzuela era el nombre de Las Poquianchis, quienes heredaron ese trágico apodo de un homosexual dedicado a regentear una cantina de mala muerte, misma cantina que después adquirirían las hermanas rebautizándola como «La Barca de Oro». Por fin las hermanas tendrían un lugar donde afianzar su imperio que contaba con una sucursal en San Juan de los Lagos y otra más en El Salto, aunque ésta última tuvo que cerrar por problemas con la policía local. La historia de Las Poquianchis y sus cómplices que iban desde un par de sicarios de medio pelo hasta los responsables de la policía estatal y otros empleados municipales empezaba a solidificarse y a crear las ganancias suficientes para sostener aquella red de corrupción y violencia.

Juan Corona inicia su historia laboral en EE. UU. como picador en los extensos campos de cultivo estadounidenses, posteriormente fue promovido como jefe de peones otorgándole la responsabilidad de contratar a los nuevos trabajadores (obviamente indocumentados) que estarían a sus órdenes. Las grandes compañías fruteras residentes en Yuba veía en Corona a un buen trabajador que en base a su propio esfuerzo, había logrado sobresalir y ganarse la confianza de los agricultores. Eternamente agradecido con la vida que encontró en Estados Unidos, Corona aparentemente deseaba ayudar a cuanto paisano se pusiera en su camino empleándolo en alguno de los campos de recolección que tenía a su mando. Sin embargo, sus trabajadores se darían cuenta más adelante que el precio que había que pagar por ese empleo era demasiado elevado.
En 1970 sucedería el primero de los escándalos en los que se vería envuelto el apellido Corona, un joven mexicano fue encontrado muerto a machetazos en el café propiedad de Natividad Corona, él salió huyendo hacia México sin afrontar los cargos que se presentaron en su contra. Pese a este primer incidente, nunca se estableció un enlace con Juan en el crimen.
El caso Juan Corona se origina en los setenta, en la llamada «década de los asesinos seriales», en su momento Corona tuvo el record del mayor número de homicidios en la historia de los Estados Unidos, con 25 víctimas. Este caso bien podría equipararse al de otros asesinos de «peso completo» como Ted Bundy, Henry Lee Lucas, Ed Kemper y John Wayne Gacy. Sin embargo, el hermetismo mantenido por el mismo Corona sobre sus crímenes impidieron que llegara a los índices de popularidad de otros serial killers.

Quizás el único caso criminal ocurrido en nuestro país que ha ocupado sitios estelares en la prensa internacional sea el de «Los Narcosatánicos», banda liderada por el cubano Adolfo de Jesús Constanzo y la México-norteamericana Sara Aldrete, quien actualmente se encuentra presa en el Reclusorio Femenil Oriente.
Los narcosatánicos, pero principalmente la imagen de Constanzo, aparecen en casi todos los recuentos sobre el crimen serial en el mundo y en las publicaciones sobre sacrificios rituales de tintes diabólicos, incluso la publicación española Sumario del Crimen, dedica una portada y una de sus ediciones al caso de los asesinatos en Matamoros (Sumario del Crimen, No. 82, «Jim Jones y Adolfo Constanzo», 1990). Sara Aldrete ha sido catalogada por la prensa nacional e internacional como una tremenda sacerdotisa del mal e inspiró la novela de Barry Gifford: Perdita Durango, posteriormente llevada al cine bajo la dirección del español Alex de la Iglesia.
Sobre lo ocurrido en el mes de abril 1989 en el rancho Santa Elena de Matamoros y en la capital de México se ha escrito mucho, pero también se han escondido demasiados nombres y dado versiones encontradas entre quienes se han encargado de realizar las crónicas del caso y sus protagonistas.
El miércoles 7 de enero de 2004, la PGJDF (Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal) en voz de su titular, el Mtro. Bernardo Bátiz, da a conocer la posible existencia de un asesino en serie en pleno Distrito Federal, el procurador señaló la aparición de cuatro homicidios de características similares. Detalló que el homicida elige a sus víctimas entre mujeres solas de la tercera edad, llega a sus domicilios presentándose como enfermera o trabajadora social del D. F. y les ofrece servicios de salud o ayuda económica; una vez que logra ingresar a sus casas, les toma una falsa encuesta y promete regresar algunos días después, durante la segunda visita las ancianas son estranguladas con el cable de algún aparato electrodoméstico.
De inmediato la prensa comenzó a llamar al homicida como “Mata Viejitas”

«El sádico», quien también utilizaba el alias de «Carlos» es originario de Tampico, Tamaulipas donde cursó sus estudios hasta la preparatoria, para posteriormente ingresar a la Escuela Médico Militar. Osiel ya presentaba antecedentes penales, pues estuvo preso por el delito de robo con violencia. Su primera deuda con la sociedad constó de 14 meses de encierro y la pagó de mayo de 2004 a agosto de 2005.
De acuerdo a las propias palabras de Marroquín, éste contaba con un cómplice de nombre Juan Enrique Madrid Manuel quien le ayudó a someter a las víctimas a lo largo de los seis secuestros en los que se vieron envueltos. Pese a que la primera incursión como secuestrador de «El sádico» fue fallida al no poder cobrar un sólo centavo por su víctima, los siguientes cuatro secuestros le dejaron una ganancia de 109 mil pesos.

En octubre de 2007 surgió a la luz pública el caso de José Luis Calva Zepeda, bautizado por los medios de comunicación como: «El poeta caníbal», la totalidad de los medios de comunicación «vendieron» la idea de la presencia de un homicida serial, pese a que las primeras evidencias no lo mostraban así, aquí cabe resaltar que de acuerdo a la definición del FBI, para ser catalogado como serial killer se deben tener antecedentes de por lo menos tres crímenes, mientras que a Calva Zepeda sólo se le puede comprobar uno e inculparlo de otro.

Undoubtedly speaking of Mexico is unfortunately associated with unpunished murders through the nineteenth, twentieth, twenty-first …

The term “serial killer” was created in the 1970s by FBI Special Agent Robert Ressler and used for the first time in the Ted Bundy murder of women, and then exported practically to the entire world. Previous to be coined this qualification was not known too many cases of serial characteristics, but once created, it seems that many people wish to receive the unpleasant honor of being called serial killers. Historically serial homicide has a couple of central figures; the first of them rose to world fame in 1888 in England, with Jack «the ripper»

“The Chalequero” never tried to hide his true identity, his murders were known by all the prostitutes in the area but none were able to denounce him or deliver him to the police due to fear of possible reprisals against him.

Goyo Cárdenas, the famous murderer of women of the forties, must or should not consider a serial killer. Goyo Cárdenas killed four women almost identically, for no apparent reason, with a period of time between each and the first three did not know, these factors according to Robert Ressler, inventor of the term serial killer, are more than enough to ensure that we have a serial killer.
If this simple definition were not enough then let’s go to the psychology field of the serial killer; According to Dr. Joel Norris serial killers have three fundamental characteristics: pyromania, excessive cruelty to animals and enuresis, it is known that Goyo wet the bed until old age and that he liked to be mad at chickens and rabbits.

Delfina, María de Jesús and María Luisa González Valenzuela was the name of Las Poquianchis, who inherited that tragic nickname of a homosexual dedicated to running a canteen of bad death, the same bar that the sisters would later rename as “La Barca de Oro”. Finally the sisters would have a place to strengthen their empire that had a branch in San Juan de los Lagos and another in El Salto, although the latter had to close due to problems with the local police. The story of Las Poquianchis and his accomplices that ranged from a couple of medium-sized assassins to those in charge of the state police and other municipal employees was beginning to solidify and to create sufficient profits to sustain that network of corruption and violence.

Juan Corona begins his work history in EE. UU as a picador in the extensive American farm fields, he was subsequently promoted as chief of pawns, giving him the responsibility of hiring the new workers (obviously undocumented) that would be at his command. The large fruit companies resident in Yuba saw in Corona a good worker who, based on his own effort, had managed to excel and gain the confidence of the farmers. Eternally grateful for the life he found in the United States, Corona apparently wanted to help every countryman get in his way by employing him in one of the collection fields he had at his command. However, his workers would later realize that the price that had to be paid for that job was too high.
In 1970, the first of the scandals involving the Corona surname would take place. A young Mexican man was found dead with a machete in the cafe owned by Natividad Corona. He fled to Mexico without facing the charges that were filed against him. Despite this first incident, a link with Juan was never established in the crime.
The Juan Corona case originates in the seventies, in the so-called “decade of the serial killers”, at the time Corona had the record of the highest number of homicides in the history of the United States, with 25 victims. This case could well be compared to that of other “full-weight” assassins such as Ted Bundy, Henry Lee Lucas, Ed Kemper and John Wayne Gacy. However, the secrecy maintained by the Crown itself over its crimes prevented it from reaching the popularity ratings of other serial killers.

Perhaps the only criminal case that has happened in our country that has occupied stellar places in the international press is “Los Narcosatánicos”, a band led by the Cuban Adolfo de Jesús Constanzo and the Mexican-American Sara Aldrete, who is currently imprisoned in the Feminine East Prison.
The narcosatánicos, but mainly the image of Constanzo, appear in almost all the accounts of the serial crime in the world and in the publications on ritual sacrifices of diabolic tints, including the Spanish publication Sumario del Crimen, dedicates a cover and one of its editions to the case of the murders in Matamoros (Summary of the Crime, No. 82, “Jim Jones and Adolfo Constanzo,” 1990). Sara Aldrete has been cataloged by the national and international press as a tremendous priestess of evil and inspired the novel by Barry Gifford: Perdita Durango, later taken to the cinema under the direction of the Spanish Alex de la Iglesia.
About what happened in the month of April 1989 in the Santa Elena de Matamoros ranch and in the capital of Mexico, a lot has been written, but too many names have been hidden and given conflicting versions among those who have been responsible for the chronicles of the case and Their protagonists.
On Wednesday January 7, 2004, the PGJDF (Attorney General of the Federal District) in the voice of its owner, Mtro. Bernardo Bátiz, announces the possible existence of a serial killer in the Federal District, the prosecutor noted the appearance of four homicides of similar characteristics. He explained that the murderer chooses his victims among single women of the third age, arrives at their homes presenting themselves as a nurse or social worker of the D. F. and offers them health services or financial aid; Once he manages to enter their homes, he takes a false survey and promises to return a few days later, during the second visit the old women are strangled with the cord of some domestic appliance.
Immediately the press began calling the murderer “Mata Viejitas”

«The sadist», who also used the alias of «Carlos», is originally from Tampico, Tamaulipas, where he studied until high school, to later enter the Military Medical School. Osiel already had a criminal record, since he was imprisoned for the crime of robbery with violence. His first debt to society consisted of 14 months of imprisonment and paid from May 2004 to August 2005.
According to Marroquín’s own words, he had an accomplice named Juan Enrique Madrid Manuel who helped him subdue the victims throughout the six kidnappings in which they were involved. Although the first incursion as kidnapper of “The sadist” was failed to charge a single penny for his victim, the next four kidnappings left him a gain of 109 thousand pesos.

In October 2007 the case of José Luis Calva Zepeda came to light, baptized by the media as: “The poet cannibal”, the entire media “sold” the idea of ​​the presence of a serial killer , although the first evidence did not show it that way, here it should be noted that according to the definition of the FBI, to be classified as serial killer must have a history of at least three crimes, while Calva Zepeda can only be check one and blame it on another.

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