Masonería — Jakim Boor / Masonry by Jakim Boor (spanish book edition)

E299AA8C-1F2C-4EEB-84E1-D0456CF0503AEl autor del libro es ni más ni menos que Francisco Franco bajo seudónimo, me parece un libro muy interesante en cuanto como entendía la masonería y lo que conlleva, nace este libro como una necesidad viva, pues son muchos los españoles que, dentro y fuera del país, anhelan conocer la verdad y alcance de una de las cuestiones más apasionantes, pero a la propia vez, peor conocidas, de nuestro tiempo: la de la masonería. Se hace indispensable el recoger en un texto hechos probados y registrados en los anales españoles que, omitidos por la mayoría de los historiadores liberales, destacan la magnitud del cáncer que corroe a nuestra sociedad. Uno de los medios preferidos por la masonería para alcanzar sus fines es el secreto. No se le podía favorecer el juego. Era preciso desenmascararla, sacar a la luz y satisfacer la legítima curiosidad de tantos en ello interesados.

Nos hallamos ante uno de los secretos menos investigados de la Edad Moderna; ante uno de sus más repugnantes misterios. Llevados de las apariencias, no son pocos quienes con harta inocencia admiten que la masonería ni tiene la importancia que se le quiere achacar, ni sus fines son tan innobles, ni sus procedimientos tan criminales. Y exponen como principal argumento el hecho de que en Inglaterra la mayoría de la gente de más alta calidad social pertenece a la masonería.

La masonería fue la activa socavadora de nuestro imperio nadie puede negarlo. Ella fue quien logró la expulsión de los jesuitas, uno de los hechos que causaron más daño a nuestra América. Ella, quien llevó la guerra a nuestras colonias y quien convirtió a nuestro siglo XIX en un rosario sin fin de revoluciones y de contiendas civiles. Para Inglaterra fue el medio de activar la desmembración de un imperio que le hacia sombra; para Francia, el mejor sistema de eliminar su frontera sur y una rival. A ninguna de las dos naciones le convino jamás una España fuerte, y jugaron “al alimón” para lograrlo.
Desde que Felipe Wharton, uno de los hombres más pervertidos de su siglo, fundó la primera logia de España hasta nuestros días, la masonería puso su mano en todas las desgracias patrias. Ella fue quien provocó la caída de Ensenada. Ella, quien eliminó a los jesuitas, quien forjó a los afrancesados, quien minó nuestro Imperio, quien atizó nuestras guerras civiles y quien procuró que la impiedad se extendiera.

La masonería mueve las minorías políticas sectarias, el comunismo, más ambicioso, se apoya en una política de masas explotando hábilmente los anhelos de justicia social; mientras la primera carece de masas y tiene que vivir en la clandestinidad, que es su arma, el segundo dispone de la “quinta columna”, con núcleos en los distintos países. La pasión personal de determinados masones hizo olvidar la conveniencia de la secta para enrolarse al carro de Moscú.
Masonería y comunismo, enemigos a muerte y en franca lucha, se unen, sin embargo, en esta ocasión a través de los Giral y de los Trygve Lie, creyéndose cada uno capaz de ganar la partida a su contrario, con el desprecio más absoluto al pueblo español y a sus derechos, olvidando que España con su sangre y con sus armas se ha redimido hace diez años del cáncer que la corroía y que los españoles saben lo que se juegan en todos esos cambios y aventuras que los masones del extranjero les ofrecen. Puede en otras naciones no católicas adoptar la masonería formas patrióticas y aun prestarles servicios en otro orden; pero lo que nadie puede discutir, masones o no masones, es que la masonería para España haya constituido el medio con que el extranjero destruyó el Imperio español, y a caballo de la cual se dieron todas las batallas de orden político revolucionario en nuestra Patria. La quema de las iglesias y conventos de mayo de 1931, la expulsión de la Compañía de Jesús, así como anteriormente la de las Ordenes religiosas y la incautación de sus bienes en el pasado siglo por el masón Mendizábal…

Se aspira por medio de la masonería a reforzar la unión y dependencia panamericana. Braden es el artífice de la idea, y su poder es tanto que, no obstante el ruidoso fracaso de la batalla que entabló contra el régimen argentino y el informe gravísimo contra él que el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado elevó a aquel organismo, su poder sigue siendo tan grande que hasta pudo darse el lujo de ser nombrado y declinar la presidencia de las reuniones panamericanas.
Este hecho tan importante de la política mundial, pero que, sin embargo, pareciera no deber afectarnos, repercute, no obstante, de una manera grave en nuestras relaciones con la gran nación americana. Dos cosas parecen estorbar a la maquinación de absorción americana: la fe católica que allí dejaron nuestros mayores y el carácter hispánico.

El espectáculo lamentable que la Organización de las Naciones Unidas ha dado recientemente al mundo con el que ha dado en llamarse el “caso de España”, si monstruoso resulta para el observador desde el exterior, cuando se conoce en su interior revela el caso de inmoralidad mayor que registra la Historia. Dejando a un lado los hechos, a todas luces ilegales, reconocidos una y otra vez por los propios actores, de falta de jurisdicción, de quebrantamiento de los propios Estatutos de la Organización, de falta a los deberes más elementales por el secretario y presidente de la Organización, de incompatibilidad de muchos de los componentes del Comité y Asamblea y de ausencia absoluta de juridicidad en todos los actos realizados, que quitan todo valor y anulan los acuerdos, que más temprano o más tarde habrá que revisar, existen otros hechos en torno a lo ocurrido, merecedores de nuestra atención.
Si la democracia es la expresión de la voluntad del pueblo, nunca más contrariada que en este caso. La democracia viene falseándose desde hace muchos años por los artificios de los partidos políticos, usurpadores y falseadores de la voluntad popular. Unas cuantas alusiones aclararán más este hecho.
La masonería se constituye así en el mayor enemigo de los principios democráticos. La democracia es pública, la masonería es secreta; la democracia reconoce derechos, la masonería los avasalla; la democracia sienta como principio el libre albedrío de los asociados políticos, la masonería los sujeta con juramentos y pena de irradiación o, en su caso, de muerte, a los dictados de sus superiores. López Ochoa, Melquíades Alvarez, Salazar Alonso, Abad Conde, Darlan, fueron, entre otros muchos, por ella asesinados. El masón está obligado a la obediencia por encima de su propia conveniencia, del interés sagrado de su patria y de los dictados de su propia fe. Se aprovecha de la democracia para traicionar a la democracia. Al fenómeno no suele escapar ningún país.
Mas así como el inglés, el judío o el mahometano es antes inglés, judío y mahometano que masón, en el resto de los mortales la masonería pasa por encima de cualquiera otra clase de consideraciones.
España ha cometido el “gran pecado” de haber extirpado de su solar el cáncer masónico que lo corroía, la traición encubierta en sus logias bajo los dictados de los superestados masónicos al servicio del extranjero.

La masonería sirve, en cambio, al capitalismo. Ambos pescan en las mismas aguas; pero así como la masonería es conquista de minorías bien colocadas, el comunismo, hasta hoy, ha sido política de masas, aunque, copiando de la masonería, pretenda hoy también conquistar a las minorías bien colocadas e influyentes.
Otros comunicantes me aseguran que determinadas personas que se tienen como masones les consta que no lo son, por habérselo jurado los interesados.

Entre los grandes servicios prestados a nuestra Nación por la Cruzada, tal vez el mayor es el de haber redimido a España de la masonería, y éste es el hecho que constituye la causa real de la campaña indigna de difamación que contra nuestra Nación y Régimen se ha desatado. No hay que engañarse con ella: o renunciamos a nuestra soberanía, para entregarnos a la infamia de la traición dirigida desde el extranjero, o hemos de tener como un timbre de honor el sufrir esos ataques, que con nuestra unión se desharán en la impotencia.
Todo cuanto pasa en el exterior y cuanto bordeando la traición contemplamos dentro, todo obedece a las mismas consignas y propósitos. Los masones se revuelven, y hemos de celar para que no retoñen, pues con ellos penetra el estigma de la traición.

La masonería acecha y no duerme ni descansa, que, firme en su propósito, aprovecha todas las coyunturas. No por fuertes hemos de despreciar el peligro, que los tiempos son difíciles y no tenemos enfrente a un enemigo noble, sino malicioso, hipócrita y solapado, que explota la disidencia y el disgusto dondequiera que lo encuentre, sembrando su cizaña. Una cosa es la caridad cristiana con los que erraron y otra que se les permita trepar de nuevo hasta los puestos clave.
Mediten nuestras palabras nuestros hermanos peninsulares y cierren de una vez las puertas a estas coyunturas que el enemigo hábilmente puede explotar. La cosa es de sobra importante para los dos países a los que la Naturaleza impone marchas paralelas.

Detrás de un aparente protestantismo, se alza el poder de la masonería, que invade el campo de la política, el de la justicia, el de la enseñanza y todas las obras filantrópicas en general. Quince mil trescientas logias diseminadas, según la revista Look, y tres millones trescientos mil agentes distribuidos en el país, explican claramente las fobias anticatólicas de la Administración americana. No se nos arguya que hay en la confesión protestante hombres de buena fe y aun masones decentes. No pretendemos negarlo. Son muchos los incautos, los ignorantes o de débil fe que se dejan explotar por los más maliciosos y falaces, y bastantes los masones engañados sujetos a los grados inferiores y no iniciados en los designios verdaderos de la Orden; pero esto no altera, antes justifica, el designio anticatólico y racionalista que la masonería persigue, y que en otro trabajo ampliamente trataré de demostraros.
Si hoy el mundo occidental reconoce la sabiduría del representante de Dios en la tierra al condenar en forma explícita y contundente al comunismo y a cuantos con él se alían y colaboran, no se olvide que en 20 de abril de 1884, reiterando la condenación de sus antecesores, Su Santidad el Papa León XIII publicó su gran encíclica Humanum Genus en la que condenaba de forma semejante a la masonería

Que la única educación que a los masones agrada, con que, según ellos, se ha de educar a la juventud, es la que llaman laica, independiente, libre; es decir, que excluya toda idea religiosa. Pero cuán escasa sea ésta, cuán falta de firmeza y a merced del soplo de las pasiones, bien lo manifiestan los dolorosos frutos que ya se ven en parte; como que en dondequiera que esta educación ha comenzado a reinar más libremente, suplantando a la educación cristiana, prontamente se han visto desaparecer la honradez y la integridad, tomar cuerpo las opiniones más monstruosas y subir de todo punto la audacia de los crímenes”.
“Tiene puesta la mira con suma conspiración de voluntades, la secta de los masones, en arrebatar para si la educación de los jóvenes.

Ha sido práctica de la masonería a través de los tiempos el negar sus actividades políticas y su importancia fuera de las logias y, amparándose en el prestigio alcanzado por algunos masones, el presentarla como algo inocuo y sin trascendencia; pero los que en España han vivido la masonería y están en el secreto de cómo, a través de las logias, se fraguó su decadencia y se traicionó a la nación, se rebelan contra esta propaganda que pretende enmascarar lo que la masonería representa frente a la libertad y la independencia de la nación.
Esto suscita un problema sobre el que la gente nos interroga: ¿Es la masonería extranjera igual a la española, o es sólo la española la que reviste esas características de traición a la Patria? Yo podría decirles que cada vez que en estos escritos aludiendo a la masonería extranjera he pretendido marcar diferencias.
Naciendo la masonería de una disidencia religiosa, el hecho religioso es el que viene imprimiendo carácter a la masonería en las naciones. La disidencia protestante, encabeza­ da y dirigida por el propio rey de Inglaterra, acaba imponiendo a la nación el imperio de su desvergüenza, y al huir del país los puritanos, la masonería no encuentra obstáculos para su desarrollo, lo que no ocurre en Francia ni en los países en que, siendo la nación eminentemente católica, la masonería vive a espaldas de la ley, nutrida en general por ateos y librepensadores, hombres sin religión enfrentados a la sociedad.
Que la masonería es eminentemente política, pese al carácter apolítico con que quiere presentarse, nadie puede dudarlo: no hay más que examinar su doctrina y las especificaciones y tesis de sus distintos grados, para demostrarse en el propio orden doctrinal los objetivos políticos y su parcialidad. Si fuese su actuación la que mirásemos, sus actividades nos parecerían como eminentemente políticas.
Entre la masonería inglesa y la otra masonería de Europa aparece una diferencia esencial: esos pequeños sectores que en las otras naciones aparecen adueñados de la masonería, en Inglaterra se pierden en la masa para constituir una organización secreta superpuesta a la del Estado. El mismo jefe une en su mano la potestad masónica y la potestad real: Su Graciosa Majestad británica es el gran maestre y jefe nato de la gran logia de Inglaterra, aunque las funciones ejecutivas estén confiadas a uno de sus reales duques, en estos momentos el de Devorshire, que desempeña la jefatura directa de la secta. La autoridad firme del soberano sobre los súbditos queda de esta forma reforzada por la disciplina secreta, que sujeta a todos los miembros de la masonería a su obediencia.

Si a España nos referimos, el caso es mucho más sangrante, pues al tratarse de un país católico que conserva arraigados su fe y su espíritu, los miembros de la masonería, como hombres excomulgados por la condenación pontificia, son despreciados de la sociedad. Es rara la mujer que se une sabiéndolo, a un masón, y ellos lo ocultan cuidadosamente. Solo en los años de la desvergonzada República española un reducido número de masones de baja calidad se jactaron de ello. Su calidad moral y sus sentimientos anticatólicos y ateos imprimieron carácter a las leyes y a las pasiones de aquella época.
Todo el sistema masónico está fundamentado en dominar a través de unas exiguas minorías bien colocadas al resto de la nación, haciendo primar el interés del grupo o de la secta sobre el general del pueblo; pero mientras unas naciones constituyen el elemento activo de la conjura, otras son el sujeto pasivo de la masonería extranjera, lo que viene ocurriendo en España y algunos otros países desde que la masonería puso la planta en ellos.
La masonería persigue la conquista de las personas bien colocadas por su posición política, su cargo o su valer, que puedan facilitar a los masones, por su influencia y protección, el vincular a la masonería los puestos clave del Poder y de la influencia. Introducida a lomos de la intelectualidad, fue la política su primer objetivo.
El tipo clásico del masón español es el vergonzante que no se atreve a enfrentarse con la condena general de la sociedad en que vive y que procura por todos los medios ocultar hasta a la familia íntima su actividad sectaria, pero que en la mayoría de los casos, y después de una vida más o menos perversa, acaban, en sus postrimerías, por buscar en el seno de la Iglesia el perdón y el viático para el gran viaje.
Esta tragedia en que se desenvuelve la vida del masón en nuestro país hace que las filiaciones a la masonería sean poco frecuentes.

Entre las actividades de la masonería no existe ninguna que los hermanos pretendan ocultar mejor que la de los crímenes masónicos; cuando en alguna publicación se ha desarrollado este tema o se han demostrado con documentación o testimonios irrebatibles ejecuciones llevadas a cabo por orden de las logias, a ello respondió la masonería con la consigna del silencio, no aludiendo ni siquiera para desmentirlos a los hechos gravísimos que se les imputan, y solamente cuando a ello se ven directamente forzados quitan importancia al asunto, despreciándolo y negando la existencia de tales crímenes, imputándolos a invenciones de sus detractores; y cuando, en alguna ocasión, ante la prueba abrumadora de los hechos, sale a la luz la participación activa de masones en algún crimen, defienden la tesis de que porque unos masones cometan un cierto crimen, no por ello deba caer la responsabilidad sobre la secta.

Se distribuyen los grados masónicos en simbólicos (grado primero al tercero), que comprenden el período de prueba, y del que no suelen pasar los más; podríamos llamarlo el noviciado de la masonería, fácilmente penetrable a la curiosidad de los extraños, Grados capitulares (del cuarto al decimoctavo), que empiezan en el maestro secreto y acaban en el caballero rosacruz, en los cuales ya los masones se reúnen por grados, a través de los cuales se va haciendo la formación completa del masón, examinándole, dándole misiones de responsabilidad y probándole para que no alcance los grados superiores ni los puestos clave si no demuestra toda la discreción, fidelidad y obediencia que la masonería exige. El grado decimoctavo de los capitulares, el de “caballero rosacruz”, ejerce una acción de educación y gobierno sobre los otros grados capitulares inferiores, siendo difícil poder desligar a éstos, y que van desde el maestro secreto a este rosacruz que nos ocupa; pero entre ellos existe, sin embargo, un grado, el noveno, más hermético, titulado “maestro elegido de los nueve”, y al que vulgarmente se llama también “el de la venganza”. En las pruebas para este grado se alude simbólicamente a la muerte de Hirám y a la ejecución “de uno de los asesinos por mano de uno de los nueve elegidos”. Vienen luego los grados filosóficos (del 19 al 30), y, por último, los sublimes y de máximos poderes (del 31 al 33). De todos los grados que oficialmente existen, la práctica hace que solamente se utilicen un número contado de ellos, los más destacados e importantes, pasándose de unos a otros por saltos, en los que a un mismo tiempo se conceden varios. De estos grados filosóficos, el 30, de “caballeros Kadox”, con su sobrenombre de “gran elegido”, se simboliza como el del ejecutor de la venganza del que llaman el asesinato judicial de Jacobo de Molay, último gran maestre de la Orden del Temple.

La masonería fue introducida en España en el año 1728 por Felipe Wharton, primero y último duque de Wharton, que, exilado de su país, se puso en España al servicio de los Borbones.
Dos libros, escritos en Inglaterra, compilan la vida azarosa de este gran personaje, en el fondo un aventurero sin escrúpulos: The Life and Writings of Phillip late Duke of Wharton, Londres, 1732, y otro titulado Phillip Duke of Wharton, en 1913.

En los 33 grados que la masonería comprende, tres simbólicos, 15 capitulares, 12 filosóficos y tres sublimes, a través de los cuales se hace la formación completa del masón, aparecen repartidos los distintos puntos que las doctrinas masónicas comprenden, unos de carácter político y otros religioso. Los de carácter político, por haber sido en general incorporados a la legislación liberal de la mayoría de los países, han ido cayendo en desuso en la casi totalidad de las naciones, y los grados en que estos postulados figuran suelen ser concedidos varios en una sola iniciación, y aunque se jura el cumplir sus preceptos, viene careciendo en la práctica de la mayoría de los pueblos de eficacia. Los de carácter religioso, al contrario, permanecen vivos, ya que vivo está el objetivo perseguido, y aunque se abordan progresivamente en mayor o menor escala en todos los grados de la masonería.

El que la masonería huyera de la luz para sumergirse en las sombras de las logias, bajo el secreto de sus juramentos y venganzas como lo punible y delincuente; que examinada desde los puntos de vista católico, histórico español y político nos demuestre sus actividades condenables; y que al constituir un poder irresponsable y secreto, por encima de toda otra consideración e interés legitimo popular, anule las esencias de la democracia, para que las naciones tuviesen que inquietarse por la existencia en ellos de esa dictadura secreta e irresponsable, que extiende sus tentáculos por todos los lugares de la nación; mas si a todo esto añadimos su carácter internacional.
Si la masonería internacional constituye el compendio y suma de las masonerías nacionales, forzosamente habrá de participar de las características que las potencias masónicas como miembros le aportan, y lo mismo que en el área nacional toda la política es interferida por la influencia nefasta e irresponsabilidad de las logias, lo mismo en lo internacional la Asociación masónica, a través de sus grandes logias y orientes de ella dependientes, viene ejerciendo su acción en las resoluciones de los grandes asuntos interiores e internacionales. El hecho de que la masonería americana permanezca apartada y escindida de la masonería europea, si bien resta a la Asociación masónica parte del poder omnímodo que de otra forma tendría, no está de ella tan lejos que no permita los mutuos servicios masónicos y que a través de las logias dependientes todavía de las masonerías europeas ubicadas en América, y que Norteamérica aspira a incorporar, se realicen gestiones y se busquen apoyos de la masonería americana.

En la masonería hay dos actuaciones: la publica de la que tiene conocimiento la mayoría de sus miembros, que se debate en la solemnidad de las logias y se incluye en sus publicaciones, y la secreta, en la que sólo intervienen determinados masones, y que tiene lugar en la traslogia o concilíábulo de los elegidos, de los que se sabe poco y se conoce menos; sin embargo, nos basta sólo analizar lo que de ello trasluce al exterior para que, atando cabos sueltos, nos apercibamos cómo la actuación masónica desmiente sus enunciados y se entremete de manera decisiva en los problemas políticos internos y externos de las naciones, muy especialmente si en alguna forma éstos afectan a la masonería.

Se vive en el mundo bajo una frivolidad y una pereza mental, que existen muchos sucesos contemporáneos que pasan inadvertidos para la mayoría de las gentes y que pocos se detienen a analizar y a notar, cuando son base para explicarse otros acontecimientos de la época difíciles de comprender sí no se tienen en cuenta aquellos antecedentes. Así sucede con muchos hechos contemporáneos en que la masonería ha sido la protagonista y que fueron anuncio de lo que posteriormente había de suceder.
El mayor beneficio que de esa pereza mental saca la masonería es el de esa tonta benevolencia que ha conquistado en la sociedad moderna de considerarla como asociación inofensiva en los tiempos bonancibles, pero que cuando la revolución o la desgracia se presentan aparece controlando y dirigiendo como dueña y señora las fuerzas ocultas de la revolución.
El caso de España en las Asambleas internacionales de los últimos años es harto elocuente. En él la conjura masónica brilló a alturas insospechadas, llegando incluso a sacrificar el propio prestigio de la institución. En la historia de las relaciones internacionales quedará el caso como un hito, el más monstruoso y cínico que los tiempos modernos registran. Mientras Rusia destruía países, se armaba hasta los dientes, amenazaba la paz y arrastraba al Occidente a destruir los principios solemnemente proclamados de la Carta del Atlántico, se discutía en el Consejo de Seguridad si una nación pacífica, con veintiocho millones de habitantes y una modesta industria, neutral en las dos mayores conflagraciones que la Historia conoce, podía constituir una amenaza en potencia para la paz. Se olvidaban, asimismo, las ayudas y concesiones hechas a Alemania por los principales países de Europa que cayeron bajo el área de su presión, en holocausto a la filiación masónica de sus príncipes y de sus políticos, al tiempo que se faltaba a las promesas públicas y solemnes que Roosevelt había hecho a España en los momentos más críticos de la guerra.

En referencia a Bélgica. No creo que se haya registrado en la historia de las democracias un hecho más escandaloso que el que en estos momentos vivimos, en que una minoría de un cuarenta y tres por ciento imponga su voluntad por la violencia a la mayoría del cincuenta y siete por ciento del país, y que dentro de aquélla sea un grupo exiguo de masones el que engañe y estafe, a través de la violencia y de las huelgas, a un pueblo sencillo, y bueno, y digno de mejor suerte.
De hoy en adelante, la nave de la nación belga pasará a manos más débiles y sin experiencia, a quien la masonería maneje, o, en caso contrario, se apresurará esa segunda etapa con que se fueron destruyendo los tronos que en Europa existieron.
Que la lección de Bélgica ilumine a los torpes y a los obcecados; ni la masonería se detendrá jamás ante nada ni ante nadie ni los regímenes monárquicos constitucionales y parlamentarios pueden tener otro final que el que en Europa han tenido.

A la masonería se acogen desde entonces los residuos de viejas herejías y de las organizaciones secretas de conspiradores que, con una etiqueta u otra, habían intentado perturbar la vida de España en los siglos anteriores. Todo el que se siente en lo sucesivo desplazado o perseguido busca refugio bajo la protección o el secreto de las logias.
Ha habido quien ha pretendido entroncar a nuestra masonería con aquellas sociedades secretas y paganas que en los siglos XVI y XVII conspiraron contra la unidad de la fe en nuestras ciudades o intentado relajar la moral de nuestros monasterios, cuando el único lazo que unas y otras han tenido es el de constituir distintas formas de la conspiración del espíritu del mal acogido a las sombras de la secta.
La masonería en España no ha tenido aquel carácter filosófico que sus fundadores pretendieron darle. Ha sido desde su nacimiento eminentemente atea, política y revolucionaria. Nace arrullada por los cálidos vientos franceses, es impulsada por la mano de extranjeros como Wellington y Napoleón y va a vivir consentida por el mando débil y vacilante de los primeros Borbones.

Nace la masonería en tierras de apostasía al calor del protestantismo inglés, por esfuerzo y voluntad de un hugonote; enraíza en aquella sociedad en pugna con la fe católica y en lucha sorda contra el Papado, y en sus constituciones establece un programa completo de descristianización: secularización absoluta de las leyes, de la educación, del régimen administrativo, de la Universidad y de toda la economía social; secularización que implica la ruptura con el principio divino. Cultivo y propagación del naturalismo, que haciendo abstracción de la revelación pretende que las fuerzas solas de la razón y de la naturaleza basten para conducir el hombre y la sociedad hacia la perfección. Sus principios básicos son la libertad de conciencia y la secularización de las leyes y de las instituciones, todo ello disfrazado bajo la máscara de la abstención, la neutralidad, la igualdad de las religiones y la emancipación de la sociedad humana del orden religioso.

Motín de Esquilache. El burdo motín llamado de Esquilache, tramado por determinados masones españoles aparentemente con el fin de desplazar a los consejeros italianos de Su Majestad, explotando la inocencia y buena fe del pueblo madrileño, siempre presto “a tragarse caramelos envenenados”, tenía en el fondo un alcance mayor que el que aparentemente presentaba. Lo de menos era el corte de las capas ni el cambio de sombreros, que al pueblo, y con razón, tanto había enojado y que el edicto real había mandado cumplir bajo la sanción de seis ducados, para poner a la capital a la moda gala, lo que insensiblemente se venía realizando por la burguesía, y que, pese al motín, acabó entre ella por imponerse; lo importante era la anulación en los Consejos reales del católico marqués de la Ensenada, la destrucción de la Compañía de Jesús y el alcanzar el poder y la privanza real para aquellos masones a los que se encomendó el proyecto.

No perdió el tiempo la masonería, y una de sus primeras consignas, esparcida a los masones de Europa, fue la de preparar el futuro haciendo que la educación de los príncipes cayese en manos de intelectuales afectos a la secta. Así sucedió en España con nuestro Monarca, que habiendo pasado a los quince años a Italia, y pese a la gran religiosidad de su augusta madre, Isabel de Farnesio, se asimiló el ambiente de tolerancia hacia los masones que invadía la Corte de Nápoles. Su poco afecto a la Compañía de Jesús, como consecuencia de ello, lo expresa ya en su carta el omnipotente ministro Tanucci, al ceder a su hijo tercero la Corona de las dos Sicilias, y en la que le anuncia:
“Te diré que también puedes llevar confesor, pero no jesuita”.
Y si bien este Rey se sometió a las costumbres españolas, lo hizo con poca simpatía, eligiendo sus ministros entre los enciclopedistas y los masones, convirtiéndose de hecho en juguete de sus maquinaciones.

No se puede juzgar del poder de maquinación de las sectas masónicas sin haber analizado sus conspiraciones contra la Compañía de Jesús. Si en aquella época, en que la masonería no había alcanzado el grado de desarrollo que hoy tiene, y al frente de las naciones se encontraban príncipes católicos con poder decisivo para resolver, por un afán de novedades, los príncipes se dejaron envolver y una sociedad cristiana se vio arrastrada, ¿qué no alcanzarán hoy bajo la égida de gobernantes y jefes de Estado masones, en que Gobiernos y Parlamentos aparecen invadidos por la nefasta secta? Sólo la omnipotencia de Dios destruyendo sus maquinaciones permite que la fe verdadera no se extinga y que la sociedad se libre de caer en el abismo a que la masonería la empuja.
La masonería ayer, como hoy y mañana, no repara en los medios para alcanzar sus fines, no conoce la moral, engaña al pueblo, y no la detienen, como hemos demostrado, ni la autoridad y el respeto debido al representante de Dios sobre la Tierra.

En el terreno de la disciplina la masonería nos ofrece una faceta más: la de la protección y el apoyo obligados entre los hermanos masones sobre cualquiera otra consideración, y, así, el verdadero mérito se posterga y la equidad y la justicia salen harto malparadas. Siendo el mérito y la elevación por él la base para el progreso en las instituciones armadas, no puede haber nada más desmoralizador para ellas que la presencia de masones en los puestos superiores del mando.
Si estas consideraciones no fuesen bastantes, podemos añadir que la casi totalidad de las desdichas que el Ejército y la Marina españoles sufrieron en el transcurso del último siglo caen en la cuenta de la masonería. Nos basta trasladarnos al ambiente de aquel siglo desgraciado, en que desde el ingreso en el Cuerpo de oficiales hasta el generalato todo se alcanzaba por gracia real, que los ministros masones administraban, para comprender mejor la facilidad con que la masonería pudo corromper los institutos militares, arrojando desdichas y más desdichas sobre nuestra Patria.
Por ser la masonería tan contraria a los buenos principios militares, los Cuerpos de oficiales la rechazan, y cuando, contra su voluntad, por ambiente y protección exterior, anida en ellos, tiene que hacerlo vergonzante, en la clandestinidad y bajo la mirada airada y recelosa con que los buenos militares observan a estos eternos aspirantes al favor.

En dos grupos dividió a la masonería la guerra: el de los capitostes, que, por haber contraído graves responsabilidades criminales, se exilaron, y aquellos otros que, por no haber tenido una actuación pública y ser en parte desconocidos, se acogieron a la paz y a la generosidad de la nueva España. Y mientras los que aquí quedaron parecieron fundirse en la vida ciudadana, disfrutando de la paz y el orden internos de nuestra nación, los otros continuaron fuera de las fronteras la acción criminal antiespañola y fueron los constantes voceros de la B. B. C. británica, de la Radio París…
Los que crean que la masonería se da alguna vez por vencida se equivocan. Hija de la maldad, su espíritu demoníaco sobrevive a la derrota y encarna en nuevos seres y en nuevos territorios. Hemos de desconocernos al sol de la gloria y del resurgimiento si queremos librarnos de la sombra inseparable de las asechanzas masónicas.
Dos razones hay para que la masonería nos ataque: una, la de la independencia española, malquerida no sólo de la masonería propia, sino también de las extrañas, y otra, el resurgimiento del espíritu católico de nuestra nación, que, por católica, apostólica, romana, se convierte en blanco predilecto de la conspiración masónica.
Otra muestra clarísima de la conexión íntima de masonería y agitación se realza en la explotación que la Prensa masónica del mundo lleva a cabo de sucesos tan triviales y corrientes como las algaradas estudiantiles o los conatos de huelga en tiempos de necesidades y de escasez; cuando en el mundo se desarrollan graves huelgas que paralizan durante muchas semanas la vida de los pueblos, arruinando sus economías y poniendo en peligro la vida entera de la nación, se destaca, multiplica y agranda nuestro más pequeño conflicto.
De todos es conocida la acción que unos grupos incontrolables de masones sancionados y despechados, realizan cerca de las Embajadas y representaciones diplomáticas extranjeras, a las que se asaetea con cartas simuladas de disgustados, con visitas de elementos indeseables cuya calidad moral queda bien demostrada con esa simple acción de ir a verter en las cancillerías del extranjero los malos humores de su traición. Así se enrarece el ambiente de los diplomáticos extranjeros y se los engaña sobre la calidad moral de nuestro pueblo.
En esta acción de filtración masónica, no escapan ni las propias jerarquías eclesiásticas, a las cuales igualmente se pretende influir, como a todos aquellos sectores que cual el Ejército, el Movimiento Nacional o los Sindicatos son considerados por los masones como pilares en que el Régimen se asienta.
Alerta, pues, a los masones y los “lowetones” —hijos iniciados de aquéllos— y a cuantos consciente o inconscientemente se convierten en instrumentos de la anti-España. Que sobre ellos caigan las maldiciones de la Patria.

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The author of the book is neither more nor less than Francisco Franco under a pseudonym, it seems to me a very interesting book in how he understood Freemasonry and what it entails, this book is born as a living necessity, because there are many Spaniards who, inside and outside of the country, they want to know the truth and scope of one of the most exciting, but at the same time, worst known issues of our time: that of Freemasonry. It is indispensable to collect in a text proven and recorded facts in the Spanish annals that, omitted by the majority of liberal historians, highlight the magnitude of the cancer that corrodes our society. One of the means preferred by Freemasonry to achieve its ends is secrecy. You could not favor the game. It was necessary to unmask it, expose it and satisfy the legitimate curiosity of so many interested in it.

We are facing one of the least researched secrets of the Modern Age; before one of its most disgusting mysteries. Carried away by appearances, there are many who, with enough innocence, admit that Freemasonry does not have the importance that it is wanted to attribute, nor its purposes are so ignoble, nor its criminal procedures. And they expose as their main argument the fact that in England the majority of people of the highest social quality belong to Freemasonry.

Freemasonry was the active undercutter of our empire, no one can deny it. She was the one who achieved the expulsion of the Jesuits, one of the events that caused more damage to our America. She, who led the war to our colonies and who turned our nineteenth century into an endless string of revolutions and civil strife. For England it was the means of activating the dismemberment of an empire that made it shadow; for France, the best system to eliminate its southern border and a rival. Neither of the two nations agreed to a strong Spain, and played «alimón» to achieve it.
Since Philippe Wharton, one of the most perverted men of his century, founded the first lodge in Spain to this day, freemasonry put its hand in all national misfortunes. She was the one who caused the fall of Ensenada. She, who eliminated the Jesuits, who forged the Frenchified, who undermined our Empire, who stirred up our civil wars and who sought to wreak impiety.

Freemasonry moves the sectarian political minorities, communism, more ambitious, is supported by a mass politics skillfully exploiting the desires of social justice; while the first lacks masses and has to live in hiding, which is its weapon, the second has the «fifth column», with nuclei in different countries. The personal passion of certain freemasons made them forget the convenience of the sect to enlist in the Moscow chariot.
Freemasonry and communism, enemies to death and in frank struggle, unite, however, this time through the Giral and the Trygve Lie, believing each one capable of winning the game to his opponent, with the utmost contempt for Spanish people and their rights, forgetting that Spain with its blood and its weapons has been redeemed ten years ago from the cancer that corroded it and that the Spaniards know what is played in all those changes and adventures that the freemasons from abroad offer them. It can in other non-Catholic nations adopt Freemasonry patriotic forms and even serve them in another order; but what no one can argue, Freemasons or Freemasons, is that Freemasonry for Spain has been the means by which the foreigner destroyed the Spanish Empire, and at the heart of which all the battles of a revolutionary political order took place in our Homeland. The burning of the churches and convents of May 1931, the expulsion of the Society of Jesus, as well as previously that of the religious Orders and the seizure of their property in the last century by the Mason Mendizábal …

Through Freemasonry, we aspire to reinforce Pan American unity and dependence. Braden is the creator of the idea, and his power is so much that, despite the noisy failure of the battle he waged against the Argentine regime and the very serious report against him that the president of the Foreign Affairs Committee of the Senate elevated to that organization His power is still so great that he could even afford to be named and decline the presidency of Pan American meetings.
This very important fact of world politics, but which, nevertheless, does not seem to affect us, nevertheless has a serious impact on our relations with the great American nation. Two things seem to hinder the American absorption machination: the Catholic faith left there by our elders and the Hispanic character.

The unfortunate spectacle that the United Nations Organization has recently given to the world with what has been called the «case of Spain», if it is monstrous for the observer from the outside, when it is known inside reveals the case of immorality major that records the History. Leaving aside the facts, clearly illegal, recognized again and again by the actors themselves, lack of jurisdiction, breach of the Organization’s own Statutes, lack of the most elementary duties by the secretary and president of the Organization, of incompatibility of many of the components of the Committee and Assembly and of absolute absence of legality in all the acts carried out, that take away all value and annul agreements, that sooner or later will have to be reviewed, there are other facts about to what happened, worthy of our attention.
If democracy is the expression of the will of the people, never more opposed than in this case. Democracy has been failing for many years for the artifices of political parties, usurpers and falsifiers of popular will. A few allusions will make this fact clearer.
Freemasonry thus constitutes the greatest enemy of democratic principles. Democracy is public, Freemasonry is secret; democracy recognizes rights, Freemasonry subjugates them; Democracy feels as a principle the free will of political associates, freemasonry subject them with oaths and punishment of irradiation or, where appropriate, death, to the dictates of their superiors. Lopez Ochoa, Melquiades Alvarez, Salazar Alonso, Abad Conde, Darlan, were, among many others, killed by her. The Mason is bound to obedience over his own convenience, the sacred interest of his country and the dictates of his own faith. It takes advantage of democracy to betray democracy. No country usually escapes the phenomenon.
But just as the Englishman, the Jew or the Mohammedan is before English, Jew and Mahometan than Mason, in the rest of the mortals Masonry passes over any other kind of considerations.
Spain has committed the «great sin» of having removed from its lot the masonic cancer that corroded it, the hidden betrayal in its lodges under the dictates of the Masonic superstates at the service of foreigners.

Freemasonry, on the other hand, serves capitalism. Both fish in the same waters; but just as freemasonry is the conquest of well-placed minorities, communism, up to now, has been mass politics, although, copying from Freemasonry, it also seeks today to conquer well-placed and influential minorities.
Other communicants assure me that certain people who hold themselves as freemasons know that they are not, because the interested parties have sworn to do so.

Among the activities of Freemasonry there is none that the brothers pretend to hide better than that of Masonic crimes; when in some publication this topic has been developed or they have been demonstrated with irrefutable documentation or testimonies executions carried out by order of the lodges, to which Freemasonry responded with the slogan of silence, not even alluded to to deny them the very serious facts that they are imputed, and only when they are forced to do so, they downplay the issue, despising it and denying the existence of such crimes, imputing them to the inventions of its detractors; and when, on some occasion, before the overwhelming evidence of the facts, the active participation of Freemasons in some crime comes to light, they defend the thesis that because some Freemasons commit a certain crime, the responsibility for the sect.

Masonic degrees are distributed in symbolic (first grade to third grade), which include the probationary period, and of which the most do not usually pass; We could call it the novitiate of Freemasonry, easily penetrable to the curiosity of strangers, capitular Degrees (from the fourth to the eighteenth), which begin in the secret master and end in the Rosicrucian knight, in which the freemasons already meet by degrees, through which the complete formation of the Mason is done, examining him, giving him missions of responsibility and testing him so that he does not reach the superior degrees or the key positions if he does not show all the discretion, fidelity and obedience that Freemasonry demands. The eighteenth degree of the capitulars, the «Rosicrucian Knight», exercises an education and government action on the other lower capitular grades, being difficult to separate them, and ranging from the secret master to Rosicrucian that concerns us; but among them there exists, nevertheless, a degree, the ninth, more hermetic, entitled «elect teacher of the nine», and to which vulgarly it is also called «that of revenge». In the tests for this grade symbolically alludes to the death of Hiram and the execution «of one of the murderers by the hand of one of the nine chosen ones». Then come the philosophical degrees (from 19 to 30), and finally, the sublime and maximum powers (from 31 to 33). Of all the grades that officially exist, the practice means that only a limited number of them are used, the most important and important ones, passing from one to the other by jumps, in which at the same time several are granted. Of these philosophical degrees, the 30th, of «Knights Kadox», with its nickname of «great elect», is symbolized like the one of the executioner of the revenge of which they call the judicial murder of Jacobo de Molay, last great master of the Order of the Temper.

Freemasonry was introduced in Spain in 1728 by Philip Wharton, first and last Duke of Wharton, who, exiled from his country, put himself in Spain at the service of the Bourbons.
Two books, written in England, compile the adventurous life of this great character, basically an unscrupulous adventurer: The Life and Writings of Phillip late Duke of Wharton, London, 1732, and another titled Phillip Duke of Wharton, in 1913.

In the 33 degrees that Freemasonry understands, three symbolic, 15 capitular, 12 philosophical and three sublime, through which the complete formation of the Mason is made, the different points that the Masonic doctrines comprise, some of a political nature and other religious. Those of a political nature, since they have been generally incorporated into the liberal legislation of most countries, have been falling into disuse in almost all nations, and the degrees in which these postulates figure are usually granted several in one initiation, and although it is sworn to comply with its precepts, it has lacked in practice the majority of the peoples of effectiveness. Those of a religious nature, on the contrary, remain alive, since the objective pursued is alive, and although they are progressively addressed to a greater or lesser extent in all the degrees of Freemasonry.

That Freemasonry fled from the light to submerge in the shadows of the lodges, under the secret of their oaths and venges as the punishable and delinquent; that examined from the catholic, historical Spanish and political points of view shows us its condemnable activities; and that by constituting an irresponsible and secret power, above all other considerations and legitimate popular interest, annul the essences of democracy, so that nations would have to worry about the existence in them of that secret and irresponsible dictatorship, which extends its tentacles everywhere in the nation; but if to all this we add its international character.
If international freemasonry constitutes the sum of national freemasonry, it will necessarily have to participate in the characteristics that masonic powers as members bring to it, and just as in the national area all politics is interfered with by the nefarious influence and irresponsibility of the lodges, the same thing in the international the masonic Association, through its great lodges and orients of her dependent, comes exerting its action in the resolutions of the great internal and international subjects. The fact that American Freemasonry remains secluded and separated from European freemasonry, although the Masonic Association remains part of the omnipotent power that it would otherwise have, it is not so far away that it does not allow mutual Masonic services and that through of the dependent lodges still of the European Freemasons located in America, and that North America aspires to incorporate, efforts are made and support of American masonry is sought.

In Freemasonry there are two actions: the public of which the majority of its members are aware, which is debated in the solemnity of the lodges and included in its publications, and the secret one, in which only certain freemasons intervene, and which it takes place in the translogy or concilibabulum of the elect, of whom little is known and less is known; However, we only need to analyze what transpires from outside so that, by attaching loose ends, we perceive how the Masonic action denies its statements and intervenes decisively in the internal and external political problems of nations, especially if in some way these affect Freemasonry.

We live in the world under a frivolity and mental laziness, that there are many contemporary events that go unnoticed by most people and that few stop to analyze and notice, when they are the basis for explaining other events of the time difficult to understand yes, those antecedents are not taken into account. This is the case with many contemporary events in which Freemasonry has been the protagonist and which were an announcement of what was to happen next.
The greatest benefit that freemasonry derives from that mental laziness is that of the foolish benevolence that has conquered in modern society to consider it as a harmless association in good times, but when revolution or misfortune arises it appears controlling and directing as owner and lady, the hidden forces of the revolution.
The case of Spain in the International Assemblies of recent years is eloquent. In him the Masonic conspiracy shone at unsuspected heights, even sacrificing the prestige of the institution. In the history of international relations, the case will remain as a milestone, the most monstrous and cynical one recorded in modern times. While Russia destroyed countries, armed itself to the teeth, threatened peace and dragged the West to destroy the solemnly proclaimed principles of the Atlantic Charter, it was discussed in the Security Council whether a peaceful nation with twenty-eight million inhabitants and a modest Industry, neutral in the two largest conflagrations that History knows, could constitute a potential threat to peace. They also forgot the aids and concessions made to Germany by the main countries of Europe that fell under the area of ​​their pressure, in holocaust to the Masonic affiliation of their princes and their politicians, while missing public promises and solemn that Roosevelt had made to Spain at the most critical moments of the war.

With reference to Belgium. I do not believe that there has been a more scandalous fact in the history of democracies than the one we live in these days, in which a minority of forty-three percent imposes its will for violence on the majority of the fifty-seven percent of the country, and that inside that one it is a small group of freemasons that cheat and cheat, through violence and strikes, a simple people, and good, and worthy of better luck.
From now on, the ship of the Belgian nation will pass to weaker and inexperienced hands, to whom Freemasonry manages, or, otherwise, it will hasten that second stage with which they were destroying the thrones that existed in Europe.
Let the lesson of Belgium illuminate the clumsy and the stubborn; nor will Freemasonry ever stop before anything or anyone, nor can the constitutional and parliamentary monarchical regimes have another end than what they have had in Europe.

Since then the remains of old heresies and secret organizations of conspirators who, with one label or another, had tried to disturb the life of Spain in previous centuries are welcomed. Everyone who feels displaced or persecuted in the future seeks refuge under the protection or secrecy of the lodges.
There have been those who tried to connect our Freemasonry with those secret and pagan societies that conspired in the sixteenth and seventeenth centuries against the unity of faith in our cities or tried to relax the morale of our monasteries, when the only link that both have has been to constitute different forms of the conspiracy of the spirit of the poor received into the shadows of the sect.
Freemasonry in Spain has not had that philosophical character that its founders intended to give it. Since its birth it has been eminently atheist, political and revolutionary. Born lulled by the warm French winds, is driven by the hand of foreigners like Wellington and Napoleon and will live spoiled by the weak and hesitant command of the first Bourbons.

Freemasonry is born in lands of apostasy in the heat of English Protestantism, by effort and will of a Huguenot; rooted in that society in conflict with the Catholic faith and in a silent struggle against the Papacy, and in its constitutions it establishes a complete program of dechristianization: absolute secularization of the laws, of education, of the administrative regime, of the University and of all the social economy; secularization that implies the rupture with the divine principle. Cultivation and propagation of naturalism, which, in abstraction from revelation, claims that the single forces of reason and nature are enough to lead man and society towards perfection. Its basic principles are the freedom of conscience and the secularization of laws and institutions, all disguised under the mask of abstention, neutrality, equality of religions and the emancipation of human society from the religious order.

Mutiny of Esquilache. The crude mutiny called Esquilache, plotted by certain Spanish masons apparently in order to displace the Italian counselors of His Majesty, exploiting the innocence and good faith of the people of Madrid, always ready to «swallow poisoned candy», had in the background a reach greater than the one that apparently presented. The least was the cut of the cloaks or the change of hats, that the people, and rightly so angry, and that the royal edict had enforced under the sanction of six ducats, to put the capital in fashion gala , which insensibly was being carried out by the bourgeoisie, and which, despite the mutiny, ended up among it for imposing itself; what was important was the annulment in the Royal Councils of the Catholic Marquis of the Ensenada, the destruction of the Society of Jesus and the attainment of power and royal sanctity for those Freemasons to whom the project was entrusted.

Freemasonry did not waste time, and one of its first slogans, spread to the freemasons of Europe, was to prepare the future by making the education of the princes fall into the hands of intellectuals attached to the sect. This happened in Spain with our Monarch, who having spent fifteen years in Italy, and despite the great religiosity of his august mother, Isabel de Farnesio, assimilated the atmosphere of tolerance towards the freemasons that invaded the Court of Naples. His little affection for the Society of Jesus, as a consequence, is expressed in his letter by the omnipotent Minister Tanucci, by giving his third son the Crown of the Two Sicilies, and in which he announces:
«I’ll tell you that you can also take a confessor, but not a Jesuit.»
And although this King submitted to Spanish customs, he did so with little sympathy, choosing his ministers among the encyclopaedists and the freemasons, becoming in effect the plaything of his machinations.

One can not judge the power of machination of Masonic sects without analyzing their conspiracies against the Society of Jesus. If at that time, when Freemasonry had not reached the level of development it has today, and at the head of the nations were Catholic princes with decisive power to resolve, by a desire for novelties, the princes were left to wrap and a society Christian was dragged, what will not reach today under the aegis of Masonic rulers and heads of State, in which governments and parliaments appear invaded by the nefarious sect? Only the omnipotence of God destroying his machinations allows true faith is not extinguished and society is free to fall into the abyss that Freemasonry pushes.
Freemasonry yesterday, like today and tomorrow, does not notice the means to achieve its ends, does not know the moral, deceives the people, and does not stop it, as we have shown, nor the authority and respect due to the representative of God over the Earth.

In the field of the discipline Freemasonry offers us one more facet: that of the protection and the forced support among the Freemason brothers on any other consideration, and, thus, true merit is postponed and equity and justice go out badly. Being the merit and elevation by him the basis for progress in the armed institutions, there can be nothing more demoralizing for them than the presence of freemasons in the higher positions of command.
If these considerations were not enough, we can add that almost all the misfortunes that the Spanish Army and Navy suffered in the course of the last century fall into the account of Freemasonry. It is enough to move to the environment of that unfortunate century, in which from the entrance in the Corps of officers to the generalship everything was achieved by royal grace, which the Freemason ministers administered, to better understand the ease with which Freemasonry could corrupt the military institutes , throwing misfortunes and more misfortunes on our Homeland.
Because Freemasonry is so contrary to good military principles, the Corps of officers reject it, and when, against their will, for environment and foreign protection, it nests in them, it has to make it shameful, in hiding and under the angry look and distrustful that good military men observe these eternal aspirants to favor.

In two groups divided the Freemasonry war: that of the capitostes, who, for having contracted serious criminal responsibilities, were exiled, and those others who, for not having had a public performance and being partly unknown, they embraced peace and the generosity of the new Spain. And while those who remained here seemed to merge into civic life, enjoying the internal peace and order of our nation, the others continued to carry out the anti-Spanish criminal action outside the borders and were the constant spokespersons for the British BBC, Radio Paris …
Those who believe that Freemasonry is ever given up are wrong. Daughter of evil, her demonic spirit survives defeat and incarnates in new beings and new territories. We must ignore the sun of glory and resurgence if we want to get rid of the inseparable shadow of Masonic snares.
There are two reasons for Freemasonry to attack us: one, the Spanish independence, malquerida not only of own masonry, but also of the strange, and another, the resurgence of the Catholic spirit of our nation, which, by Catholic, apostolic , Roman, becomes a favorite target of the Masonic conspiracy.
Another very clear sign of the intimate connection of Freemasonry and agitation is enhanced by the exploitation that the Masonic Press of the world carries out of such trivial and ordinary events as the student riots or the strike plans in times of need and scarcity; when in the world serious strikes are taking place that paralyze the life of the peoples for many weeks, ruining their economies and endangering the entire life of the nation, our smallest conflict stands out, multiplies and enlarges.
Everyone knows the action that uncontrollable groups of masons sanctioned and reviled, made near the embassies and foreign diplomatic representations, to which is asaetea with simulated letters of disgruntled, with visits of undesirable elements whose moral quality is well demonstrated with that simple action of going to pour in the foreign chancelleries the bad humors of his betrayal. Thus the atmosphere of the foreign diplomats becomes rare and they are deceived about the moral quality of our people.
In this action of Masonic filtering, not even the ecclesiastical hierarchies themselves, which are also intended to influence, as to all those sectors that the Army, the National Movement or the Trade Unions are considered by the freemasons as pillars in which the Regime it settles.
Alert, then, to the freemasons and the «lowetones» – the initiated children of those – and to those who consciously or unconsciously become instruments of anti-Spain. Let the curses of the Fatherland fall upon them.

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