El fabuloso mundo del dinero y la bolsa — André Kostolany / The Fabulous World of Money and Stock Markets by André Kostolany

Es sin duda uno de los mejores libros que se puede leer al basarse en experiencias propias y no el academicismo latente y un libro que debe ser leído.

Una cosa sí es segura: el placer de ganar dinero y la tendencia a poseer aún más posiblemente no sean siempre del todo morales, pero sí resultan de todo punto necesarias para el progreso económico. La experiencia de la pasada década de los sesenta lo ha demostrado así sobradamente.
De todos modos, el placer de «ganar dinero» no es idéntico al placer de «poseer dinero», Las motivaciones son bien distintas.
Resulta completamente natural que el hombre quiera poseer dinero. El dinero ayuda a conseguir independenda y comodidad, ofrece pequeñas alegrías y satisfacciones y, con frecuencia, sirve para mantener una buena salud.

Quien tiene mucho dinero puede especular; quien tiene poco debe especular; quien no tiene dinero en absoluto está obligado a hacerlo.
En la actualidad, uno sólo puede hacerse rico rápidamente y con facilidad mediante la especulación. Y si hay que especular, ¿cómo debe hacerse? ¿Dónde, cuándo y con qué?
Mi «centenaria» experiencia se limita a la Bolsa.

El financiero se mantiene firme en el negocio iniciado por él, «metido hasta las orejas», se asegura mayorías, planea fusiones funda trusts, lanza nuevas industrias y él mismo lleva una vida inquieta e intranquila con tanta actividad. Cuando crea empresas se dirige a la Bolsa para conseguir en ella el capital necesario. También por medio de la Bolsa logra controlar aquellas sociedades o empresas que quiere dominar. En un trust vertical reúne empresas complementarias o combina las más complejas sociedades mixtas. Su objetivo sigue siendo una transacción determinada, pero sus compras o ventas causan grandes movimientos que tienen consecuencias importantes sobre toda la Bolsa.
El especulador, por su parte, continúa siendo un espectador pasivo de esos movimientos que él no ha causado, pero de los cuales intenta beneficiarse. ¡Que profesión tan señorial! Y piensa como Horacio: «Feliz el que vive alejado de los negocios». Sin contacto con el público, sin mancharse los dedos con un trabajo «humillante», lejos de toda mercadería y de los polvorientos almacenes, libre de las confrontaciones cotidianas con los comerciantes y los negociantes, el especulador reflexiona sumido en sí mismo. Envuelto por el aromático humo y de su habano, se sienta cómodamente en su mecedora y medita alejado del mundo y sus ruidos. Su hermanita de trabajo la tiene al alcance de su mano y es muy sencilla: un teléfono, una radio y algunos periódicos. Pero puede actuar así porque también él tiene su secreto: sabe leer entre líneas.
El especulador carece de empleados y de jefe, no debe ir de un lado para otro repartiendo saludos y sonrisas, no ha de aguantar la lata de un cliente nervioso, como el banquero o el agente. No tiene que convencer a nadie para que haga o deje de hacer esto o aquello. Es un aristócrata, un noble que puede disponer de su tiempo con libertad. Consecuentemente, no es raro que muchos le envidien. Vive peligrosamente y, como el cocodrilo, tiene que habituarse a dormir con los ojos abiertos.

Las malas lenguas afirman que la Bolsa es una creación del diablo para mostrar al hombre que también él, como Dios, era capaz de crear algo partiendo de la nada. ¡Falso! El diablo no inventó la Bolsa sino que ésta surgió de manera espontánea, bajo un árbol, en la esquina de dos calles o en un café, para después trasladarse a un palacio. Desde luego, el demonio intervino en el juego: transformó al homo sapiens en homo ludens.

En todas las Bolsas del mundo los bulls y los bears se desafían y luchan con métodos en ocasiones bastante salvajes. La lucha multiplica por diez sus fuerzas, y el toro trata de derribar al oso, que, por su parte, espera el momento de atenazar al toro con sus potentes patas y estrangularlo. El resultado de la lucha no depende sólo de la constancia de los dos adversarios ni tampoco de sus fuerzas. Existen otros poderes de los que hablaremos después, de tipo estratégico, táctico y hasta de política internacional, que se suman a la lucha antes de la hora de la victoria.
Bajo el signo de la especulación y el emblema de la Bolsa, se alinean los hermanos enemigos, el toro y el oso, y cada uno de ellos intenta conseguir el triunfo.

La Bolsa es lógica, pero tiene una lógica muy especial, con muy poca relación con la del hombre de la calle.
Es caprichosa como una mujer guapa o como el tiempo. Sabe adornarse con mil trucos y encantos para atraer a su presa y, en el momento en que uno menos lo espera, se da la vuelta y le muestra la espalda. Mi consejo es dejar pasar ese cambio de humor con frialdad, y, sobre todo, no intentar buscar para ello una explicación lógica.
Para comprender la Bolsa en su conjunto, hay que conocer el mecanismo de los movimientos al alza y a la baja, cómo se producen, cómo se desarrollan y cómo llegan a su fin. De acuerdo con la lógica de la Bolsa, no puede considerarse como un axioma que las acciones buenas suben y las que no lo son bajan; tamooco puede considerarse aximático el que las cotizaciones de la Bolsa bajan cuando la situación económica es mala y que cuando es buena tienen que subir.

El tipo de interés de los créditos a corto plazo depende, en gran medida, de la política del gobierno, que determina en qué medida y con qué tipo de interés el banco central pone el dinero a disposición del mercado. Ésta es una de las armas con que cuenta el gobierno en la política coyuntural.

En los casos en que el gobierno está en condiciones de exprimir hasta sacarle el jugo al poder adquisitivo de la población, mediante impuestos elevados, puede permitirse el lujo de ser liberal en su política crediticia, evitar restricciones en este terreno y exigir intereses más reducidos. Ésta es la situación óptima para la Bolsa.
Sin embargo, cuando se da el caso de que el gobierno, por razones políticas, sociales o de cualquier otro tipo, no quiere elevar los impuestos y prefiere reducir la cantidad de dinero en circulación, establecer restricciones crediticias y aumentar el tipo de intereses, elimina la psicosis inflacionista, pero al mismo tiempo, y subsidiariamente, castiga a quienes especulan con la inflación. Surge entonces la situación más peligrosa que puede darse para la Bolsa.

Cada movimiento cíclico que se produce en la Bolsa (bien sea de las acciones, empréstitos, materias primas o metales preciosos; es decir, cualquier mercado en el que pueda especularse) se compone de tres fases:
1. Corrección.
2. Adaptación o acompañamiento.
3. Exageración.
Tomemos por ejemplo un movimiento ascendente tras una tercera fase del movimienlo de baja. Durante la primera nueva fase la cotización (que había caído muy baja) es corregida y situada a un nive1 en cierro modo realista y justificado. En la segunda fase se desarrolla la corización de manera paralela a los acontecimientos actuantes. Si son desfavorables al artículo en cuestión, la cotización retrocede de nuevo, justificadamente. Si los acontecimiencos son positivos se ven acompañados por un movimiento ascendente de la cotización. En un determinado punto de la segunda fase, existe el peligro de que, favorecida por nuevos acontecimientos positivos, se pase de inmediato a la tercera fase. En esta fase del mercado en que se quiere comprar todo, el bull market, las cotizaciones saltan hacia arriba de hora en hora. Las cotizaciones y el estado de ánimo ascienden por mutua influencia. Las cotizaciones en alza producen estados de ánimo.

Existen dos tipos de poseedores de valores: los especuladores y los jugadores de Bolsa. Yo los califico y los divido en duros y blandos. Los duros tienen dinero, paciencia e ideas. Al decir que tienen dinero quiero expresar que poseen un capital propio, cualquiera que sea su cuantía, que conservan intacto, y que no tienen deudas.
El interesado debe tener paciencia, esto es, unos nervios lo suficientemente templados como para no reaccionar con exagerada excitación ante cualquier acontecimiento de menor importancia. Tener ideas significa que la persona en cuestión sabe actuar de manera cerebral, acertada o equivocadamente, pero —y esto es lo más importante— utilizando la mente de modo reflexivo y conceptual.
El blando es aquel que tiene poco dinero, ninguna paciencia y menos ideas. Esto significa que quien posee un capital propio que queda por debajo de sus deudas —si tiene diez millones pero debe treinta millones— no puede decirse que tenga dinero. No ser paciente significa que sus nervios son flojos, débiles, y que la persona no comprende que la Bolsa no reacciona automáticamente ante cada uno de los acontecimientos que se producen, como podría pensarse que debería hacerlo de acuerdo con la lógica. No entiende que la reacción ante cualquier acontecimiento requiere cierto tiempo hasta que llega al público y éste acaba por comprenderla, la interpreta bien y actúa en consecuencia. Ese individuo, el blando, carece de capacidad de análisis conceptual y no actúa con el cerebro sino de manera puramente emocional.

Un mercado con cotizaciones ascendentes, con grandes operaciones y mucho dinero disponible, significa que se compra demasiado. Juicio: desfavorable.
Mercado en ascenso, pero con un numero pequeño de operaciones: favorable.
Mercado en descenso con pequeñas operaciones: desfavorable.
Mercado descendente con gran número de operaciones: favorable, puesto que se está aproximando el punto en que las ventas son excesivas.
Se llama «sobrecomprado» al mercado que se encuentra en la tercera fase del movimiento de alza. En ese caso, basta un pinchazo con una aguja para que explosione como un globo.
«Supervendido» es el mercado que se encuentra al término de la tercera fase del movimiento de baja de las cotizaciones. Un mercado en tales circunstancias puede iniciar la subida incluso sin buenas noticias.

Si aceptamos, como así es, que la Bolsa no es sólo especulación sino tambien, frecuencemente, un juego de azar, incluso bastante peligroso, hemos de tener en cuenta que existen algunas reglas elementales, las llamadas reglas del juego, que tienen, que ser respetadas. Una de esas reglas dice que aquel que especula a plazo medio debe limitarse estrictamente a este terreno y que aquel que especula a corto plazo tampoco debe salire del suyo. Se trata de dos terrenos fundamentalmente distintos. Cuando uno se pasa de un campo al otro no tendrá éxito en ninguno de los dos. Las reglas del juego de esos dos campos son distintas, y las de uno de ellos no pueden ser aplicadas al otro.
Cuando se especula a plazo medio y se sigue una idea básica, no se debe dejar influir por los acontecimentos cotidianos ni por los caprichos oscilantes tan marcados de la Bolsa. Por el contrario, quien actúa de un día a otro, no debe dejarse llevar por reflexiones a largo plazo.
Existen muchas trampas y asechanzas de las que uno tiene que guardarse; rumores, noticias falsas o bulos y —lo que es especialmente peligroso— la falsa valoración de noticias reales. En medio de ese confusionismo, llega un momento en el que uno no sabe qué creer y opta por no creer en nada. Es entonces cuando llega la última noticia, la verdadera: exactamente que todas las falsas noticias que antes nos llegaron eran verdaderas… Con la errónea valoración de las noticias falsas también se puede llegar muy cerca de la verdad, puesto que menos por menos es más. La trampa más peligrosa en la que pueden caer todos los especuladores, desde el más inocente al más curtido, es la falsa interpretación de las noticias reales y auténticas, pues una media verdad es tan mala como una mentira entera.

Si efectivamente llega la bancarrota bursátil, el especulador considera muy doloroso el castigo financiero. Se siente como si el destino lo hubiera tratado de manera injusta; eso es lo único que se le ocurre. Básicamente, la ganancia no es más que una ilusión; sólo la pérdida es real. Guerras y armisticios son los mojones que jalonan el largo camino de la historia. Son en sí mismos historia, cruzan por la historia y se articulan periódicamente en ella.
De modo semejante, la historia de la Bolsa es una sucesión de booms o momentos de gran auge, y de catástrofes. Boom y bancarrota forman una yunta inseparable: el uno no puede existir sin la otra. Bajo el signo de la prosperidad, se van hinchando los booms cómodamente. Por último, y de modo fatal, se convierten en un globo que puede explosionar fácilmente si se le pincha con un alfiler. Una de las leyes de la historia de la Bolsa es que no se produce nunca una catástrofe, una crisis bursátil a gran nivel, que no haya sido precedida de un período de auge excepcional, de un boom, y que no existe boom que no termine en una bancarrota.

Los jugadores de Bolsa gastan el dinero fácilmente y con ligereza, puesto que ganar dinero es en ocasiones (aunque no con demasiada frecuencia) fácil, incluso muy fácil, hasta el punto de que se tiene la tentación de encender el cigarro con un billete de banco. El favorecido por la suerte no piensa siquiera que en otras muchas ocasiones ha tenido que reunir fatigosamente sumas de dinero prestado. A veces puede ocurrirle que en la próxima jugada se las vea y se las desee para poder hacer frente a sus deudas.

Realmente, ¿qué son el alza y la baja? La mejor respuesta a esa pregunta me la dio un antiguo amigo mío, cuando su hijo menor le hizo esa misma pregunta: «El alza, hijo mio, es champaña, caviar, automóviles, mujeres hermosas… Y la baja, querido mío, una jarra de cerveza, un par de salchichas, el tranvía y tu mamá.» Creo que no habrá un solo catedrático de economía política que pueda dar una definición más clara y contundente del alza y la baja, la coyuntura favorable y la crisis económica.
La mujer o la amante de un jugador de Bolsa es también una marca publicitaria. Su éxito o su fracaso se puede leer en las joyas y las ropas de la señora en cuestión. Una mujer encantadora, elegante, con joyas valiosas, aumenta el crédito del marido o del amante frente a sus clientes, sus colegas o sus banqueros. Es, por decirlo así, la encarnación de su éxito.
La mujer, sin embargo, no tiene por qué resignarse a desempeñar siempre un papel pasivo de extra. En muchas ocasiones el hombre precisa de la intuición femenina. ¿De qué sirve toda la ciencia financiera y todos los conocimientos técnicos, si falta la chispa divina de la inspiración?
¡Y esa inspiración en decisiones de importancia procede frecuentemente de la mujer amada!

Los héroes de la Bolsa no son siempre y exclusivamente los financieros y los banqueros, sino que también pueden serlo reyes o políttcos. Éstos, en ocasiones, se creen en posesión de los secretos de los dioses y olvidan con gran frecuencia la «I» de los imponderables, y que el más seguro de los golpes bursátiles puede chocar muchas veces con lo incalculable.
No hay ejemplo mejor de lo antedicho que la desagradable aventura de determinado jefe de gobierno. Estaba convencido de que podía especular con éxito y acabó en la miseria.

La inflación con tendencia a crecer tiene que ser cortada de modo radical en el momento adecuado, aun cuando exija sacrificios. Con la inflación ocurre como con un baño tibio: resulta agradable permanecer echado en la bañera mientras el agua está templada, pero hay que tener mucho cuidado de que no se caliente demasiado.
El pánico que inspira la inflación siempre existió y sigue existiendo, exagerado en nuestros días de una manera dramática. Muchos recuerdan lo ocurrido en los años veinte en Alemania y en algunas otras naciones europeas, pero aquella inflación galopante fue un fenómeno totalmente distinto. Las cajas estatales estaban vacias y la produción era casi cero.

En la actualidad, el público que presupone la existencia del peligro de inflación no se lanza a la compra de bienes de consumo ni de alimentos, que pueden ser adquiridos en la cantidad y calidad deseadas, sino que busca antigüedades y obras de arte. En estos tiempos la gente paga cualquier precio que se le pida por objetos artísticos: lámparas antiguas, molinillos de café o viejos sifones del siglo pasado, impulsada por la idea de que son antiguos y cada vez se van haciendo más raros. En las colecciones de piezas raras y obras de arte sólo pueden considerarse adecuadas las inversiones motivadas por la afición, pero no por intereses meramente financieros.
Ni siquiera en los tiempos que precedieron inmediatamente a la segunda guerra mundial ni durante ésta reinó una histeria semejante a la actual, pese a que hoy día puede excluirse de modo casi absoluto que vaya a producirse una tercera guerra mundial. El temor a perder lo que se posee y el afán especulador han alcanzado unas cotas que nadie podía prever, y han conducido a una crisis de confianza, hasta el punto de que en los años 1979 a 1981 muchos compraron oro y plata a precio superior a sus cotizaciones oficiales.

En tiempos de inflación se puede y se debe ahorrar. Mi respuesta es contundente: ¡sí!
Básicamente, se debe ahorrar. Pero ¿cómo? Ésa es, naturalmente, la cuestión por resolver.
Dado que se trata de una inflación a nivel mundial, que ni siquiera se detiene al llegar a los paises del bloque comunista, el problema es más grave que nunca. De las antiguas inflaciones a nivel nacional uno se puede librar adquiriendo otras divisas, en ocasiones incluso en el país vecino.

Cada uno tiene que buscarse su propia inversión, que mantenga su «índice de precios». Subrayo el de momento, pues opino que finalmente, tras estos años de desarrollo, acabará por conseguir inversiones que mantengan un índice conforme al coste de la vida.
La inflación tiene bases estadísticas, políticas y psicológicas. Las tres están en relación mutua y constituyen un círculo vicioso. Las razones estadísticas puedo expresarlas de la manera más adecuada tomando prestada una frase de un escritor húngaro de hace más de cien años: «Existen demasiados esquimales y muy pocas focas.» Cientos de millones más de consumidores. en África, Asia o América del Sur, un ascenso del nivel de vuda en los paises del Este europeo, el aumento artificial de consumo y el desperdicio en los paises altamente desarrollados y los llamados paises capitalistas se enfrentarán a un aumento insuficiente de la producción en otros países, sobre todo en los del llamado Tercer Mundo.

¿Cómo puede burlar el pequeño o mediano ahorrador esta catástrofe elemental o protegerse contra ella? Existen distintas posibilidades, pero entre ellas hay algunas que deberá evitar.
En ningún caso guardará el dinero dentro de un calcetín o lo mantendrá en una cuenta corriente que no produce interés. Cuando se tiene demasiado temor o se es demasiado viejo, se puede poner el dinero en una cuenta de ahorro con elevados intereses a plazo fijo, de uno o más años, en los bancos o cajas de ahorro. Esos altos intereses, sin embargo, en ocasiones no son más que una enganosa ilusión, pues tras pagar los impuestos, lo que se acaba cobrando queda por debajo del crecimiento de la inflación, es decir, que el dinero va prácticamente disminuyendo. La misma crítica puede aplicarse a los bonos del Estado y otras inversiones con intereses fijos, sujetas además a una posible alteración de su cotización, pues incluso los valores más firmes podrían verse afectados cuando en el mercado del dinero aumentan los tipos de interés.
Naturalmente, se puede especular; es decir, manipular el dinero, aprovechando las coyunturas para mover el capital de un sector a otro.
Una cosa sí es segura: hay que tener el valor suficiente en ocasiones para renunciar a los intereses. Con ellos no se ha hecho rico nadie. Y es lógico. Nuestro sistema capitalista no hace regalos. Abreviando: la inflación es el infierno para el que ahorra y el paraíso del deudor.

El valor del oro tiene la extraña característica de subir como consecuencia de la inflación, por un lado, mientras que por el otro, cuando el oro sube —aunque cuando haya sido maniptulado artificialmente para conseguar esa subida— estimula aún más la inflación.

No es la cobertura oro la que proteje la moneda a largo plazo, sino que el dinero afluye al país con las mejores divisas y abandona a aquellas naciones cuando las virtudes se desvanecen y 1os vicios se imponen. Naturalmente las circunstancias y el destino desempeñan un importante papel: el hallazgo de petróleo, una situación politicomilitar favorable, la histeria masiva alentada por los especuladores, las manipulaciones y los medios informativos tienen también una gran influencia sobre las cotizaciones, aunque desde luego sólo a corto plazo.
Finalmente, acaba por llegar la hora de la verdad. La cobertura oro es sólo una ilusión que desaparece con facilidad cuando la dirección falla. Sólo aquellos que sueñan y deliran desean una vuelta al patrón oro; aquellos que creen saberlo todo sobre el oro, pero que no comprenden la reladón de dependencia.
La idea de que la cobertura en oro determina el valor de una divisa la considero un desatino, que para mí significa un auténtico test para determinar el buen sentido de cualquier economista o especialista, según hable en favor o en contra.

Una de las desventajas de la inversión en acciones es que el inversor tiene que vigilar diariamente la cotización de sus acciones y que, para su gran desgracia, así lo hace. Aun cuando no quiera ver las cotizaciones, la prensa diaria lo conduce a ellas, pues le pone las cotizaciones frente a los ojos. Eso sin necesidad de recordar que, en caso de una fuerte caida de la Bolsa, los propios titulares le hablarán de ello. De ese modo, quiéralo o no, el inversor hace balance a diario. Y eso le arrastra a tomar decisiones irreflexivas.
En la inversión en inmuebles esa tensión no existe. No hay cotizaciones diarias visibles que juegan con los nervios como con las cuerdas de un arpa. Sin embargo, el valor de una casa o de un terreno está sometido, en el transcurrir del tiempo, a grandes cambios.
La principal ventaja de la inversión en acciones, obligaciones, etc., es su absoluta liquidez. Las acciones suben o bajan, pero cada día llegan a la Bolsa y allí pueden ser convertidas de nuevo en dinero. Para desprenderse de un valor inmobiliano, a veces hay que tener mucha paciencia.
Las materias primas se consideran como una posible· buena inversión financiera. Cada uno puede ir a la Bolsa y comprar las más importantes materias primas a los precios oficiales del día de la adquisición. Pero en este campo quiero hacer una seria advertencia que nunca repetiré demasiado: cuando escribo acerca de la inversión en una materia prima, no me estoy refiriendo a especulaciones con mercancías compradas a determinado plazo, para las cuales sólo se deposita una suma relativamente pequeña a fin de adquirir una enorme cantidad de cobre, trigo o algo semejante, pues en tal caso la suma pagada no es una inversión de capital sino un depósito de garantía contra las eventuales alteraciones de las cotizaciones. Si la cotización de la mercancía sigue bajando, el cliente tiene que pagar cantidades complementarias, y en el caso de que no lo haga, su mercancía será vendida de inmediato, lo que en ocasiones determina la pérdida de todo el dinero depositado. Ese tipo de inversión en materias primas es, por lo tanto, la prohibición número uno para el ahorrador. Cuando un capitaltsta, por el contrario, compra alguna materia prima en la Bolsa de productos, cuyo contravalor se corresponde exactamente con la suma que él quisiera invertir, en ese caso las materias primas son también una posibilidad de inversión para el que está fuera del circulo de los profesionales de la Bolsa.

La mejor inversión para su escaso dinero ahorrado, la más segura y noble de las inversiones: la educación y formación profesional de sus hijos. Esta inversión le producirá en el futuro los más elevados intereses y no puede hacerles mejor regalo a sus hijos ni dejarles herencia más valiosa. El cómo, dónde y cuándo es algo que les dejo a los pedagogos. Una cosa es segura. sin embargo: de todo aquello que hayan estudiado —idiomas. música, formación general, viajes, deportes, etc., etc.— obtendrán provecho en su vida. Y esas cosas sólo se pueden asimilar en la niñez.

El secreto bancario no es otra cosa que el secreto profesional que se aplica en todos los paises y en todos los bancos. El industrial mantiene el secreto de los procedimientos de fabricación de los nuevos productos que quiere lanzar al mercado; el comerciante guarda en secreto sus mercados más favorables y la lista de sus clientes; el agente de Bolsa conserva en secreto el nombre de sus «víctimas» para que no le puedan ser arrebatadas por un colega rival.
Sin embargo, el secreto bancario es algo especialmente sensible, como pueden serlo el secreto de confesión o el deber de guardar silencio del médico o el abogado. El negocio bancario surgió en la antigüedad un poco con la magia del templo, y ese origen le confiere algo de misterioso y de «sagrado» que lo coloca por encima de otras profesiones. Con los asuntos de dinero se emplea tanta o más discreción que con la salud.

Una sociedad de inversión cerrada coloca sus disponibilidades en distintos valores, tal y como ya hemos explicado. Las inversiones de esas sociedades se comercializan en la Bolsa con una cotización variable, como cualesquiera otras acciones. La sociedad, sin embargo, no está obligada a desprenderse de las acciones a una cotización, cualquiera que sea. El ahorrador que quiera colocar su capital de acciones de esa sociedad de inversión cerrada, tiene que comprar acciones de dicha sociedad en la Bolsa al tipo que coticen, y sólo puede librarse de ellas vendiéndolas asímimo en la Bolsa. El curso bursátil no se corresponde siempre con el valor real de las acciones. En algunas de esas sociedades la cotización de sus acciones está por encima y en otras por debajo de su valor teórico. La cotización bursátil es el resultado de la oferta y la demanda.
Las acciones de las sociedades de inversión abiertas (se llaman en Estados Unidos Mutual Funds), contrariamente a los certificados de las sociedades de inverstón cerradas, no se cotizan en Bolsa. La sociedad las vende directamente a su clientela (y las vuelve a comprar, en ciertos casos, también directamente) de acuerdo con las cotizaciones del día, cobrando una comisión al cliente entre 4-9%.

En los años sesenta surgió un tipo especial de financiero: el de conglomerado. Pero ¿qué es realmente un conglomerado? En español se le suele llamar un consorcio mixto, y mi opinión sobre ese tipo de organización coincide casi por completo con la que me merecen los trusts de inversión. El principio en que se basan tales consorcjos es sano y claro, y existen razones jurídicas y económicas que hablan en su favor. Pero, como ocurre siempre, incluso el más sano de los principios puede degenerar cuando, como en este caso, se trata de dinero, de mucho dinero. El boom de los años sesenta en Estados Unidos trajo consigo, junto con la ola de jóvenes ejecutivos de las sociedades de inversión, una raza de financieros, igualmente jóvenes, los de conglomerado, una mezcla de abogado experto y financiero temerario. Fueron ellos los inventores de ese «aborto» de los consorcios mixtos, pues así pueden ser calificados, a tenor de cómo consiguieron su auge y caída en Wall Street.

En la Bolsa, la especulación más perfecta y mejor concebida puede terminar en fracaso, y no porque adolezca de algún error de cálculo o de lógica, sino porque la lógica de la Bolsa a veces transcurre fuera del campo técnico de lo fundamental. Ni siquiera el más perfecto de los ordenadores podía calcular de antemano tal situación. ¡Todo lo contrario!”

La especulación es un motor legítimo de la libre economía de mercado. Pero, al mismo tiempo, pienso en la especulación de valores en el mercado de capitales. y en la manipulación de los precios de las divisas o de algunas mercancías, para hacerlas subir o bajar. Eso sólo puede debilitar y degradar nuestro sistema de libre economía de mercado. Y eso lo escribo yo, que soy partidario convencido de esa economía de mercado, y precisamente por consideración a su función social.

La palabra mágica contra la inflación es tecnología. Sólo la automatización, la racionalización y los nuevos métodos científicos pueden aumentar la productividad de la economía y de la agricultura, y gracias a una mayor productividad, podrán aumentarse los salarios sin que crezcan los costes del producto. No se podrán resistir ni la presión de los trabajadores y sus sindicatos, ni las necesidades de cientos de millones de nuevos consumidores en el Cuarto Mundo, en busca de un nivel de vida más elevado. La gran misión que nos espera es romper la espiral salarios-precios. Esto será posible únicamente con una productividad mayor. También el paro disminuiría con el tiempo.

La mejor definición del jugador de Bolsa habitual es, a mi juicio, la siguiente. Es como un buen jugador de póker: gana mucho cuando tiene buenas cartas y con las malas pierde de poco.

En sus reacciones, la Bolsa se comporta con frecuencia como el borracho: llora con las buenas noticias y se ríe de las malas.

DIEZ MANDAMIENTOS
1. Tener ideas, actuar de modo reflexivo. ¿Se debe comprar? Si la respuesta es afirmativa, ¿dónde, en qué rama y en qué país?
2. Tener suficiente dinero para no verse obligado a actuar bajo presión.
3. Tener paciencia, pues en primer lugar todo sucede de manera distinta a como uno había pensado; y en segundo lugar, vuelve a suceder de manera distinta a como uno había pensado.
4. Ser duro y firme cuando se está convencido de algo.
5. Ser flexible y contar siempre con que en nuestras ideas pudo haber un error.
6. Vender siempre que se está convencido de que las cosas han cambiado por completo.
7. Revisar de vez en cuando la lista de valores para comprobar cuáles son los que se deben comprar.
8. Sólo comprar cuando se considera que es una gran fantasía.
9. Tomar en cuenta todos los riesgos, incluso los más improbables, o sea: contar siempre con los imponderables.
10. Seguir siendo humilde, aun cuando la razón está, demostradamente, a nuestro lado.”

DIEZ PROHIBICIONES
1. Seguir las confidencias y creer las informaciones secretas.
2. Creer que los vendedores saben por qué venden o los compradores por qué compran; es decir, creer que ellos saben más que uno mismo.
3. Querer recuperar lo perdido.
4. Tomar en consideración las cotizaciones antiguas.
5. Cuando se tienen valores cotizables, dejarlos dormir y olvidarlos, con la esperanza de conseguir una mejor cotización; es decir, dejar pasar el tiempo sin tomar una decisión.
6. Seguir las variaciones de cotización de manera continua hasta en sus más pequeños cambios, y reaccionar a cada variación.
7. Hacer balance de manera continuada para saber siempre cuáles son los beneficios o las pérdidas del momento.
8. Vender simplemente porque se quiere obtener un beneficio.
9. Dejarse influir en pro o en contra por simpatías o antipatías políticas.
10. Sentirse excesivamente satisfecho y presumir sólo porque se ha conseguido un beneficio.

It is undoubtedly one of the best books that can be read based on own experiences and not the latent academicism and a book that should be read.

One thing is certain: the pleasure of making money and the tendency to possess even more may not always be entirely moral, but they are absolutely necessary for economic progress. The experience of the last decade of the sixties has shown this well enough.
In any case, the pleasure of “making money” is not identical with the pleasure of “owning money”. The motivations are very different.
It is completely natural for man to want to own money. Money helps to achieve independence and comfort, offers small joys and satisfactions and often serves to maintain good health.

He who has a lot of money can speculate; who has little should speculate; who has no money at all is obliged to do so.
At present, one can only get rich quickly and easily by speculation. And if you have to speculate, how should it be done? Where, when and with what?
My “centennial” experience is limited to the Stock Exchange.

The financier remains firm in the business initiated by him, “tucked up to the ears”, ensures majorities, plans fusions, founds trusts, launches new industries and himself leads a restless and restless life with so much activity. When he creates companies, he goes to the Stock Exchange to get the necessary capital. Also through the Stock Exchange manages to control those companies or companies that want to dominate. In a vertical trust, it brings together complementary companies or combines the most complex mixed companies. Its objective remains a specific transaction, but its purchases or sales cause large movements that have important consequences on the entire stock market.
The speculator, on the other hand, continues to be a passive spectator of those movements that he has not caused, but of which he tries to benefit. What a stately profession! And think like Horacio: «Happy the one who lives away from business». Without contact with the public, without staining his fingers with a “humiliating” work, far from all merchandise and dusty warehouses, free of daily confrontations with merchants and businessmen, the speculator reflects on himself. Wrapped in the aromatic smoke and his cigar, he sits comfortably in his rocking chair and meditates away from the world and its noises. Her little sister has it at her fingertips and it’s very simple: a telephone, a radio and some newspapers. But he can act like that because he also has his secret: he knows how to read between the lines.
The speculator lacks employees and chief, he must not go from one place to another distributing greetings and smiles, he can not stand the can of a nervous client, like the banker or the agent. You do not have to convince anyone to do or stop doing this or that. He is an aristocrat, a nobleman who can freely dispose of his time. Consequently, it is not uncommon for many to envy him. He lives dangerously and, like the crocodile, he has to get used to sleeping with his eyes open.

The bad tongues affirm that the Stock Exchange is a creation of the devil to show man that he too, like God, was capable of creating something starting from nothing. False! The devil did not invent the Stock Exchange but it arose spontaneously, under a tree, at the corner of two streets or in a cafe, and then moved to a palace. Of course, the demon intervened in the game: he transformed homo sapiens into homo ludens.

In all the markets of the world, bulls and bears are challenged and fight with methods that are sometimes quite wild. The fight multiplies its forces tenfold, and the bull tries to overthrow the bear, which, for its part, waits for the moment to grasp the bull with its powerful legs and strangle it. The outcome of the struggle does not depend only on the constancy of the two adversaries or on their strengths. There are other powers that we will talk about later, strategic, tactical and even international politics, which add to the struggle before the time of victory.
Under the sign of speculation and the emblem of the Stock Exchange, the enemy brothers, the bull and the bear, line up and each of them tries to achieve the triumph.

The stock market is logical, but it has a very special logic, with very little relation to that of the man in the street.
It is capricious as a beautiful woman or as time. He knows how to adorn himself with a thousand tricks and charms to attract his prey and, at the moment when one least expects it, he turns around and shows his back. My advice is to let that change of humor with coldness, and, above all, not try to find a logical explanation for it.
To understand the stock market as a whole, we must know the mechanism of upward and downward movements, how they are produced, how they develop and how they come to an end. According to the logic of the Stock Exchange, it can not be considered as an axiom that good actions rise and those that are not go down; Tamooco can be considered as an abatement when stock market prices fall when the economic situation is bad and when it is good they have to go up.

The interest rate on short-term loans depends, to a large extent, on the government’s policy, which determines to what extent and at what interest rate the central bank makes the money available to the market. This is one of the weapons that the government has in the conjunctural policy.

In cases where the government is in a position to squeeze out the purchasing power of the population through high taxes, it can afford to be liberal in its credit policy, avoid restrictions in this area and demand lower interest rates. This is the optimal situation for the Exchange.
However, when it is the case that the government, for political, social or any other reasons, does not want to raise taxes and prefers to reduce the amount of money in circulation, establish credit restrictions and increase the interest rate, it eliminates the inflationary psychosis, but at the same time, and subsidiary, punishes those who speculate with inflation. Then arises the most dangerous situation that can occur for the Stock Exchange.

Every cyclical movement that occurs in the Stock Exchange (whether of stocks, loans, raw materials or precious metals, that is, any market in which it can be speculated) is composed of three phases:
1. Correction
2. Adaptation or accompaniment.
3. Exaggeration.
Take for example an upward movement after a third phase of the low movement. During the first new phase the quotation (which had fallen very low) is corrected and placed at a level in a realistic and justified manner. In the second phase the corisation is developed in a parallel way to the acting events. If they are unfavorable to the article in question, the contribution recedes again, justifiably. If the events are positive, they are accompanied by an upward movement in the price. At a certain point in the second phase, there is a danger that, favored by new positive developments, it will immediately go to the third phase. In this phase of the market where you want to buy everything, the bull market, the quotes jump up from hour to hour. Quotes and mood rise by mutual influence. Rising quotes produce moods.

There are two types of securities holders: speculators and stock market players. I qualify them and divide them into hard and soft. The hard ones have money, patience and ideas. By saying they have money I want to express that they have their own capital, whatever its amount, that they keep intact, and that they do not have debts.
The interested party must have patience, that is, nerves sufficiently tempered not to react with exaggerated excitement to any minor event. Having ideas means that the person in question knows how to act in a cerebral way, correctly or mistakenly, but – and this is the most important – using the mind in a reflective and conceptual way.
The soft one is the one who has little money, no patience and less ideas. This means that whoever has a capital of their own that is below their debts – if they have ten million but owes thirty million – can not be said to have money. Not being patient means that your nerves are weak, weak, and that the person does not understand that the stock market does not automatically react to each of the events that occur, as you might think it should do according to logic. He does not understand that the reaction to any event requires some time until it reaches the public and the audience ends up understanding it, interpreting it well and acting accordingly. That individual, the soft one, lacks the capacity for conceptual analysis and does not act with the brain but in a purely emotional way.

A market with rising prices, with large trades and a lot of money available means that you buy too much. Judgment: unfavorable.
Market on the rise, but with a small number of operations: favorable.
Falling market with small operations: unfavorable.
Descending market with a large number of operations: favorable, since the point at which sales are excessive is approaching.
The market that is in the third phase of the upward movement is called “overbought”. In that case, a puncture with a needle is enough to explode like a balloon.
“Supervening” is the market that is at the end of the third phase of the movement of low prices. A market in such circumstances can start the rise even without good news.

If we accept, as it is, that the stock market is not only speculation but also, frequently, a game of chance, even quite dangerous, we must bear in mind that there are some elementary rules, the so-called rules of the game, which have to be respected. One of those rules says that those who speculate in the medium term should strictly limit themselves to this terrain and that those who speculate in the short term should not leave theirs either. These are two fundamentally different areas. When one goes from one field to another, he will not succeed in either. The rules of the game of those two fields are different, and those of one of them can not be applied to the other.
When speculating in the medium term and following a basic idea, one should not let it be influenced by everyday events or by the oscillating whims of the Stock Exchange. On the contrary, whoever acts from one day to another, should not be carried away by long-term reflections.
There are many traps and snares that one has to guard; rumors, false news or hoaxes and-what is especially dangerous-the false assessment of real news. In the midst of this confusion, there comes a time when one does not know what to believe and chooses not to believe in anything. That is when the last news arrives, the real one: exactly that all the false news that came before us were true … With the erroneous assessment of false news you can also get very close to the truth, since less for less is plus. The most dangerous trap into which all speculators can fall, from the most innocent to the most tanned, is the false interpretation of real and authentic news, because a half truth is as bad as a whole lie.

If the stock market bankruptcy actually arrives, the speculator considers the financial punishment very painful. He feels as if destiny has treated him unfairly; that’s the only thing that comes to mind. Basically, profit is nothing more than an illusion; only the loss is real. Wars and armistices are the milestones that mark the long road of history. They are themselves history, they cross history and periodically articulate in it.
Similarly, the history of the stock market is a succession of booms or moments of great boom, and catastrophes. Boom and bankruptcy form an inseparable yoke: the one can not exist without the other. Under the sign of prosperity, the booms are swelling comfortably. Finally, and fatally, they become a balloon that can easily explode if you are pinned with a pin. One of the laws of the history of the Stock Exchange is that there is never a catastrophe, a stock market crisis at a high level, that has not been preceded by a period of exceptional boom, of a boom, and that there is no boom that does not end in a bankruptcy.

Bag players spend money easily and lightly, since making money is sometimes (although not too often) easy, even very easy, to the point that you have the temptation to light the cigar with a banknote . The one favored by luck does not even think that on many other occasions he has had to laboriously collect amounts of borrowed money. Sometimes it may happen that in the next play you see them and want them to be able to face their debts.

Really, what are the rise and fall? The best answer to that question was given to me by an old friend of mine, when his youngest son asked him the same question: “The hike, my son, is champagne, caviar, cars, beautiful women … And the low one, my dear, a jug of beer, a couple of sausages, the tram and your mom. “I think there will not be a single professor of political economy who can give a clearer and stronger definition of the rise and fall, the favorable situation and the economic crisis.
The woman or the lover of a stock player is also an advertising brand. Your success or your failure can be read in the jewelry and clothes of the lady in question. A charming, elegant woman, with valuable jewelry, increases the credit of the husband or the lover in front of his clients, his colleagues or his bankers. It is, so to speak, the embodiment of its success.
The woman, however, does not have to resign herself to always playing a passive extra role. In many occasions, man needs feminine intuition. What is the use of all financial science and all technical knowledge, if the divine spark of inspiration is missing?
And that inspiration in decisions of importance often comes from the beloved woman!

The heroes of the Exchange are not always and exclusively the financiers and the bankers, but also kings or politicians can be it. These, sometimes, believe themselves in possession of the secrets of the gods and forget very often the “I” of the imponderables, and that the surest of the stock market blows can often clash with the incalculable.
There is no better example of the aforementioned than the unpleasant adventure of a certain head of government. He was convinced that he could speculate successfully and ended up in misery.

Inflation with a tendency to grow has to be cut radically at the right time, even when it requires sacrifices. With inflation occurs as with a warm bath: it is nice to remain lying in the bathtub while the water is warm, but you have to be very careful not to get too hot.
The panic that inspires inflation always existed and continues to exist, exaggerated in our days in a dramatic way. Many remember what happened in the 1920s in Germany and in some other European nations, but that galloping inflation was a totally different phenomenon. The state funds were empty and production was almost zero.

At present, the public that assumes the existence of the danger of inflation does not launch the purchase of consumer goods or food, which can be purchased in the quantity and quality desired, but seeks antiques and works of art. In these times people pay any price that is asked for artistic objects: antique lamps, coffee grinders or old siphons of the last century, driven by the idea that they are old and increasingly rare. In the collections of rare pieces and works of art, only the investments motivated by the hobby can be considered adequate, but not merely for financial interests.
Not even in the times immediately preceding the Second World War nor during this period did a hysteria similar to the present one reign, although today a third world war can be almost completely excluded. The fear of losing what is possessed and the desire for speculation have reached levels that nobody could have foreseen, and have led to a crisis of confidence, to the point that in the years 1979 to 1981 many bought gold and silver at a price higher than your official quotes.

In times of inflation you can and should save. My answer is blunt: yes!
Basically, you should save. But how? That is, of course, the question to be resolved.
Given that it is a worldwide inflation that does not even stop when it reaches the countries of the communist bloc, the problem is more serious than ever. Of the old inflations at national level one can be free acquiring other currencies, sometimes even in the neighboring country.

Each one has to find his own investment, which maintains his “price index”. I stress the moment, because I think that finally, after these years of development, will end up getting investments that maintain an index according to the cost of living.
Inflation has statistical, political and psychological bases. All three are in mutual relation and constitute a vicious circle. The statistical reasons can be expressed in the most appropriate way by borrowing a phrase from a Hungarian writer more than a hundred years ago: “There are too many Eskimos and too few seals.” Hundreds of millions more consumers. in Africa, Asia or South America, a rise in the level of life in Eastern European countries, the artificial increase in consumption and waste in the highly developed countries and the so-called capitalist countries will face an insufficient increase in production in other countries, especially in the so-called Third World.

How can the small or medium-sized saver deceive this elementary catastrophe or protect against it? There are different possibilities, but among them there are some that you should avoid.
Under no circumstances will you keep the money inside a sock or keep it in a current account that does not produce interest. When you have too much fear or you’re too old, you can put the money in a savings account with high fixed-term interest, one or more years, in banks or savings banks. These high interests, however, are sometimes only a delusion, because after paying taxes, what ends up being paid is below the growth of inflation, that is, money is practically decreasing. The same criticism can be applied to government bonds and other investments with fixed interest rates, which are also subject to a possible change in their price, since even the strongest securities could be affected when interest rates increase in the money market.
Naturally, it can be speculated; that is, to manipulate money, taking advantage of the conjunctures to move the capital from one sector to another.
One thing is sure: you have to have enough courage at times to renounce interest. Nobody has become rich with them. And it is logical. Our capitalist system does not make gifts. Abbreviating: inflation is the hell for the person who saves and the debtor’s paradise.

The value of gold has the strange characteristic of rising as a result of inflation, on the one hand, while on the other, when gold rises – although when it has been manipulated artificially to secure that rise – it stimulates inflation even more.

It is not gold coverage that protects the currency in the long term, but money flows into the country with the best foreign exchange and abandons those nations when the virtues fade and the vices are imposed. Naturally, circumstances and destiny play an important role: the discovery of oil, a favorable political-military situation, the mass hysteria encouraged by speculators, manipulations and the media also have a great influence on the prices, although of course only short term.
Finally, the moment of truth finally arrives. Gold coverage is only an illusion that easily disappears when the address fails. Only those who dream and delirious want a return to the gold standard; those who believe they know everything about gold, but do not understand the relationship of dependence.
The idea that gold coverage determines the value of a currency I consider it a nonsense, which for me means a real test to determine the good sense of any economist or specialist, according to speak for or against.

One of the disadvantages of investing in shares is that the investor has to monitor daily the quotation of their shares and that, for his great misfortune, he does so. Even if you do not want to see the quotes, the daily press leads you to them, because it puts the quotes before your eyes. That without needing to remember that, in case of a sharp fall of the stock market, the owners themselves will tell you about it. That way, whether you like it or not, the investor takes stock daily. And that drags him to make unthinking decisions.
In the investment in real estate that tension does not exist. There are no visible daily quotes that play with the nerves as with the strings of a harp. However, the value of a house or a land is subject, over time, to great changes.
The main advantage of investing in stocks, bonds, etc., is its absolute liquidity. Stocks go up or down, but every day they reach the stock market and there they can be converted back into money. To get rid of an immovable value, sometimes you have to have a lot of patience.
Raw materials are considered as a possible · good financial investment. Each one can go to the Stock Exchange and buy the most important raw materials at the official prices of the day of acquisition. But in this field I want to make a serious warning that I will never repeat too much: when I write about the investment in a raw material, I am not referring to speculations with merchandise bought at a certain term, for which only a relatively small amount is deposited in order to acquire a huge amount of copper, wheat or something similar, because in this case the sum paid is not an investment of capital but a security deposit against any changes in the prices. If the price of the goods continues to fall, the customer has to pay additional amounts, and if he does not do so, his merchandise will be sold immediately, which sometimes determines the loss of all the money deposited. That type of investment in raw materials is, therefore, the number one prohibition for the saver. When a capitalist, on the other hand, buys some raw material in the Exchange of products, whose counter value corresponds exactly to the sum that he would like to invest, in that case the raw materials are also a possibility of investment for the one that is outside the circle of the professionals of the Stock Exchange.

The best investment for your scarce money saved, the safest and most noble investment: the education and professional training of your children. This investment will produce the highest interest in the future and can not make a better gift to their children or leave them more valuable inheritance. The how, where and when is something that I leave to the pedagogues. One thing is for sure. however: of everything that you have studied -languages. music, general education, travel, sports, etc., etc. – they will benefit from your life. And those things can only be assimilated in childhood.

Bank secrecy is nothing other than professional secrecy that applies in all countries and in all banks. The industrialist keeps the secret of the manufacturing procedures of the new products he wants to launch on the market; the merchant secretly keeps his most favorable markets and the list of his clients; the stockbroker secretly keeps the name of his “victims” so that they can not be taken from him by a rival colleague.
However, bank secrecy is especially sensitive, as can the secret of confession or the duty to keep silence of the doctor or lawyer. The banking business arose in ancient times a bit with the magic of the temple, and that origin gives it something mysterious and “sacred” that places it above other professions. With money matters so much or more is used.

A closed investment company places its availabilities in different values, as we have already explained. The investments of these companies are traded on the Stock Exchange with a variable price, like any other shares. The company, however, is not obliged to part with the shares at a price, whatever it may be. The saver who wants to place his stock capital of that closed investment company, has to buy shares of said company in the Exchange at the rate they quote, and can only get rid of them by selling them on the Stock Exchange. The stock market does not always correspond to the real value of the shares. In some of these companies the price of their shares is above and in others below their theoretical value. The stock price is the result of supply and demand.
The shares of open investment companies (they are called in the United States Mutual Funds), contrary to the certificates of closed investment companies, are not listed on the stock exchange. The company sells them directly to its customers (and re-buys them, in certain cases, also directly) according to the quotes of the day, charging a commission to the customer between 4-9%.

In the sixties, a special type of financier arose: conglomerate. But what is really a conglomerate? In Spanish, it is usually called a mixed consortium, and my opinion about that type of organization almost completely matches that of investment trusts. The principle on which such consortia are based is sound and clear, and there are legal and economic reasons that speak in their favor. But, as always, even the healthiest of principles can degenerate when, as in this case, it is about money, lots of money. The boom of the sixties in the United States brought with it, along with the wave of young executives of investment companies, a race of financiers, equally young, those of conglomerate, a mixture of expert lawyer and reckless financier. They were the inventors of that “abortion” of the mixed consortiums, because that way they can be qualified, according to how they got their boom and fall on Wall Street.

In the Stock Exchange, the most perfect and best conceived speculation can end in failure, and not because it suffers from some calculation or logic error, but because the stock market logic sometimes takes place outside the technical field of the fundamental. Not even the most perfect of computers could calculate such a situation in advance. On the contrary! ”

Speculation is a legitimate engine of free market economy. But, at the same time, I think about the speculation of securities in the capital market. and in the manipulation of the prices of the currencies or of some merchandise, to make them go up or down. That can only weaken and degrade our system of free market economy. And that is what I write, that I am a convinced supporter of that market economy, and precisely because of its social function.

The magic word against inflation is technology. Only automation, rationalization and new scientific methods can increase the productivity of the economy and agriculture, and thanks to higher productivity, wages can be increased without increasing the costs of the product. The pressure of workers and their unions, or the needs of hundreds of millions of new consumers in the Fourth World, in search of a higher standard of living, can not be resisted. The great mission that awaits us is to break the wage-price spiral. This will be possible only with greater productivity. Also the unemployment would diminish with the time.

The best definition of the usual stock market player is, in my opinion, the following. He is like a good poker player: he earns a lot when he has good cards and with bad ones he loses a little.

In his reactions, the stock market behaves frequently like the drunkard: he cries with the good news and laughs at the bad news.

TEN COMMANDMENTS
1. Have ideas, act reflectively. Should you buy? If the answer is affirmative, where, in what branch and in what country?
2. Have enough money to not be forced to act under pressure.
3. Be patient, because in the first place everything happens differently than one had thought; and in the second place, it happens again in a different way than one had thought.
4. Be tough and firm when you are convinced of something.
5. Be flexible and always have in our ideas there could be an error.
6. Sell whenever you are convinced that things have changed completely.
7. Check the list of values ​​from time to time to check which ones should be purchased.
8. Only buy when you consider that it is a great fantasy.
9. Take into account all the risks, even the most unlikely ones, that is: always count on the imponderables.
10. To remain humble, even when the reason is, demonstrably, at our side. ”

TEN PROHIBITIONS
1. Follow the confidences and believe the secret information.
2. Believe that sellers know why they sell or buyers why they buy; that is, to believe that they know more than oneself.
3. Wanting to recover what was lost.
4. Take into account old quotes.
5. When you have quoted securities, let them sleep and forget them, hoping to get a better quote; that is, to let time pass without making a decision.
6. To follow the variations of quotation of continuous way until in its smaller changes, and to react to each variation.
7. Make a continuous balance to always know what are the benefits or the losses of the moment.
8. Sell simply because you want to make a profit.
9. Be influenced by pro or con by political sympathies or antipathies.
10. Feeling excessively satisfied and boasting only because a benefit has been achieved.

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