¿Soy Un Mono? — Francisco J. Ayala / Am I A Monkey? By Francisco J. Ayala (spanish book edition)

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Desmenuza y divulga las líneas básicas y los fundamentos de la evolución y explica cómo funciona el proceso evolutivo y ciencia y religión para nada son una antítesis, una obra breve pero muy interesante.

La comparación entre los dos genomas hemos conocido el índice de evolución de genes concretos en las dos especies. Por un lado, se observó que los genes activos en el cerebro han cambiado más en el linaje humano que en el linaje del chimpancé. Se han identificado un total de 585 genes, incluidos los genes implicados en la resistencia a la malaria y la tuberculosis, los cuales evolucionan más rápido en los humanos que en los chimpancés.
En el próximo medio siglo, se resolverán muchos de esos rompecabezas. Por tanto, iremos por el buen camino si prestamos atención al mandato «Conócete a ti mismo».
¿La evolución es únicamente una teoría?, pues sí.

LA EVOLUCIÓN ES una teoría y también un hecho. Esta doble afirmación puede parecer sorprendente, así que necesita una argumentación. Explicaré, en primer lugar, por qué la evolución es una teoría y, después, por qué es un hecho.
Cuando los científicos hablan de teoría de la evolución, utilizan la palabra de manera diferente al uso común. En el habla cotidiana, teoría suele significar «suposición» o «premonición» o «especulación».
La teoría de la evolución también depende de una enorme cantidad de observaciones y experimentos que confirman las consecuencias de la teoría. Por ejemplo, la afirmación de que los humanos y los chimpancés están más cerca entre ellos que de los mandriles conduce a la predicción de que el ADN de los humanos y el de los chimpancés es más parecido.

En primer lugar, el ADN contiene la información genética que dirige todos los procesos de la vida. La información está codificada en largas secuencias de los cuatro nucleótidos de forma análoga a como se transmite la información semántica.
ADN es que explica la precisión de la herencia biológica. Las dos cadenas en la doble hélice del ADN son complementarias; ambas llevan la misma información genética y cualquiera de las dos cadenas puede servir como patrón para la síntesis de una cadena complementaria idéntica a la cadena complementaria original.

UNA MAYORÍA ABRUMADORA de biólogos aceptan la evolución. Los que conocen profesionalmente la evidencia de la evolución no pueden negarla. Los científicos están de acuerdo en que el origen evolutivo de los animales y las plantas es una conclusión científica más allá de toda duda. La evidencia es convincente y global ya que proviene de todas las disciplinas biológicas, incluidas aquéllas que no existían en la época de Darwin. En la segunda mitad del siglo XIX, Darwin y otros biólogos obtuvieron pruebas convincentes a partir de varias disciplinas que habían alcanzado una temprana madurez durante el siglo XIX: la anatomía, la embriología, la biogeografía, la geología y la paleontología.
La evolución se produce a través de la selección natural de los organismos vivos que se reproducen y sufren mutaciones. ¿Cómo empezó la vida? ¿Hay organismos vivos en otros planetas?

CASI TODOS LOS biólogos coinciden en afirmar que la vida en nuestro planeta se originó espontáneamente por procesos naturales a partir de las mismas sustancias químicas que componen los organismos actuales: carbono, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno. Los científicos también están de acuerdo en que todos los organismos vivos de la Tierra proceden de una única forma de vida original. ¿Significa esto que sabemos cómo comenzó la vida? Realmente, no. Aunque existen algunas ideas interesantes y se han realizado experimentos válidos sobre el origen de la vida, todavía no hay un consenso general acerca de cómo pudo haber empezado. Lo que sí sabemos (porque la evidencia es abrumadora) es que toda la vida en la Tierra se desarrolló a partir de un único origen.

La ciencia y la religión son dos ventanas diferentes para observar el mundo. Las dos ventanas miran el mismo mundo, pero muestran aspectos diversos de él. La ciencia se ocupa de los procesos que explican el mundo natural: cómo se mueven los planetas, la composición de la materia y la atmósfera, el origen y la adaptación de los organismos. La religión se ocupa del significado y la finalidad del mundo y de la vida humana, la correcta relación entre los seres humanos y el Creador, y entre ellos mismos, y de los valores morales, que inspiran y gobiernan la vida de las personas. Sólo surgen aparentes contradicciones cuando la ciencia o la religión —con frecuencia, ambas— cruzan sus límites y se entrometen indebidamente en los asuntos de la otra.
La ciencia es una forma de conocimiento, pero no es la única. El conocimiento también procede de otras fuentes. La experiencia común, la literatura imaginativa, el arte y la historia proporcionan un conocimiento válido del mundo, al igual que lo hacen la revelación y la religión para las personas de fe. El significado del mundo y de la vida humana, así como los asuntos relativos a los valores morales o religiosos, trascienden la ciencia. Sin embargo, son cuestiones importantes; para la mayoría de nosotros, son al menos tan importantes como el conocimiento científicas per se.
Para la gente de fe, la relación adecuada entre ciencia y religión puede ser motivadora e inspiradora. La ciencia podría inspirar las creencias religiosas y el comportamiento religioso, ya que responde con respeto a la inmensidad del universo, a la magnífica variedad y admirable adaptación de los organismos, y a las maravillas del cerebro y la mente humana. La religión fomenta la reverencia hacia la creación y la humanidad así como hacia el mundo viviente y su entorno. Para los científicos y para otras personas, la religión suele ser una fuerza estimulante y una fuente de inspiración para investigar el maravilloso mundo de la creación y resolver los rompecabezas a los que nos enfrenta.

Muchos teólogos y otras personas de fe ven la evolución como el proceso por el que Dios crea la maravillosa diversidad del mundo vivo. Por tanto, yo añadiría, parafraseando al teólogo Aubrey Moore, que la evolución no es la enemiga de la religión sino, más bien, su amiga.

It crumbles and disseminates the basic lines and foundations of evolution and explains how the evolutionary process works and science and religion are not an antithesis, a short but very interesting work.

The comparison between the two genomes we have known the rate of evolution of specific genes in the two species. On the one hand, it was observed that the active genes in the brain have changed more in the human lineage than in the lineage of the chimpanzee. A total of 585 genes have been identified, including genes implicated in resistance to malaria and tuberculosis, which evolve faster in humans than in chimpanzees.
In the next half century, many of those puzzles will be solved. Therefore, we will be on the right track if we pay attention to the «Know yourself» mandate.
Is evolution only a theory?

EVOLUTION IS a theory and also a fact. This double affirmation may seem surprising, so it needs an argument. I will explain, first of all, why evolution is a theory and then why it is a fact.
When scientists talk about the theory of evolution, they use the word differently from the common usage. In everyday speech, theory usually means «supposition» or «premonition» or «speculation».
The theory of evolution also depends on an enormous amount of observations and experiments that confirm the consequences of the theory. For example, the claim that humans and chimpanzees are closer to each other than to baboons leads to the prediction that human and chimpanzee DNA is more similar.

First of all, DNA contains the genetic information that directs all the processes of life. The information is encoded in long sequences of the four nucleotides in a manner analogous to how semantic information is transmitted.
DNA is that it explains the precision of biological inheritance. The two chains in the double helix of DNA are complementary; both carry the same genetic information and either of the two chains can serve as a pattern for the synthesis of a complementary strand identical to the original complementary strand.

AN OVERCOMING MAJORITY of biologists accept evolution. Those who know professionally the evidence of evolution can not deny it. Scientists agree that the evolutionary origin of animals and plants is a scientific conclusion beyond doubt. The evidence is convincing and comprehensive since it comes from all biological disciplines, including those that did not exist in Darwin’s time. In the second half of the nineteenth century, Darwin and other biologists obtained convincing evidence from various disciplines that had reached an early maturity during the nineteenth century: anatomy, embryology, biogeography, geology and paleontology.
Evolution occurs through the natural selection of living organisms that reproduce and undergo mutations. How did life begin? Are there living organisms on other planets?

ALMOST ALL biologists agree that life on our planet originated spontaneously by natural processes from the same chemicals that make up today’s organisms: carbon, nitrogen, oxygen and hydrogen. Scientists also agree that all living organisms on Earth come from a single original life form. Does this mean that we know how life began? Not really. Although there are some interesting ideas and valid experiments have been conducted on the origin of life, there is still no general consensus about how it could have started. What we do know (because the evidence is overwhelming) is that all life on Earth developed from a single source.

Science and religion are two different windows to observe the world. The two windows look at the same world, but show different aspects of it. Science deals with the processes that explain the natural world: how planets move, the composition of matter and atmosphere, the origin and adaptation of organisms. Religion deals with the meaning and purpose of the world and human life, the correct relationship between human beings and the Creator, and between themselves, and moral values, which inspire and govern the lives of people. Only apparent contradictions arise when science or religion – often both – cross their boundaries and intrude unduly into each other’s affairs.
Science is a form of knowledge, but it is not the only one. Knowledge also comes from other sources. Common experience, imaginative literature, art and history provide a valid knowledge of the world, just as revelation and religion do for people of faith. The meaning of the world and of human life, as well as issues related to moral or religious values, transcend science. However, they are important issues; for most of us, they are at least as important as scientific knowledge per se.
For people of faith, the proper relationship between science and religion can be motivating and inspiring. Science could inspire religious beliefs and religious behavior, as it responds respectfully to the immensity of the universe, to the magnificent variety and admirable adaptation of organisms, and to the wonders of the brain and the human mind. Religion fosters reverence for creation and humanity as well as for the living world and its environment. For scientists and for other people, religion is often a stimulating force and a source of inspiration to investigate the wonderful world of creation and solve the puzzles that confront us.

Many theologians and other people of faith see evolution as the process by which God creates the wonderful diversity of the living world. Therefore, I would add, paraphrasing the theologian Aubrey Moore, that evolution is not the enemy of religion but, rather, its friend.

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