La caja tonta adquiere vida propia , «Soledad»— Laura Tinajero desde relatos solidarios

Recibir regalos en forma de relato por la genial Laura, esa chica sevillana que lleva la literatura por las venas y a la cual recomendaré siempre me ha mandado un relato maravilloso como regalo por leer sus libros, es decir doblemente agradecido por ser ella la merecedora de todos los elogios por hacerme la vida más llevadera, aprovechando el trasfondo de la enfermedad de mi padre y diciendo que acierta de pleno en cuanto a la caja tonta, no soy nada usuario de esta, me permitió creer que la enfermedad de mi padre era una broma de Samhein o de Halloween y eso es de agradecer siempre. Muchas gracias a Laura y disfrutad tanto como yo del relato que no de la caja tonta. Por cierto el titulo es una licencia que me he permitido y lo se, es lo peor del relato, la culpa solo mía. Mea culpa. Este aparece en el libro de relatos de Laura Tinajero, bajo el título «Soledad» a beneficio de Oxfam e Aldeas Infantiles.

«La caja tonta adquiere vida propia» & «Soledad» de Laura Tinajero

No eran ni las doce de la noche cuando David se había quedado dormido frente a la estúpida televisión con un libro entre las manos. No consumía nada de la caja tonta, pero a veces la ponía de fondo para que su padre se entretuviera.
Prefería leer en esas horas de trabajo entre cuatro paredes. Era una de las dos cosas positivas de ese empleo de cuidador por amor: adentrarse en historias de ficción creadas por otros y estar al lado del ser que le dio la vida ahora que más le necesitaba.
Su padre sufría lagunas por su enfermedad, por la terrible enfermedad que elimina vidas de las mentes humanas, pero a veces tenía momentos de lucidez donde podía conectarse con su propia esencia a pesar del Alzheimer.
Curiosamente la pantalla se había quedado en negro, como si ningún canal estuviera emitiéndose en ese mismo momento. A los pocos segundos, cuando David había vuelto a su libro, la televisión se torno gris, con esas chispitas típicas de los aparatos analógicos. Pero el cuidador seguía sin hacerle caso porque, además de silencioso, ya que no emitía ningún sonido, proporcionaba algo de luz, una luz grisácea, a la oscura habitación.
Un susurro lo sacó de su ensimismamiento. Sería su padre que se había quedado por fin dormido y debido a la respiración las cuerdas vocales habían producido algún sonido inteligible. David se acercó a su cama, le tapó con las sábanas y volvió a su lectura.
En la pantalla empezaron a surgir formas abstractas por la sucesión de aquellas estrellitas que mirábamos en los ochenta cuando estábamos sintonizando un canal: los negros, los grises y los blancos iban ocupando el lugar en forma de lluvia, de motas de polvo o de burbujas de luz.
Fue un momento a la cocina a agarrar un zumo y algo de picar dejando el libro sobre la mesita de noche de su padre. A la vuelta la televisión había vuelto al negro. Encendió una pequeña lámpara que estaba junto a la caja tonta y volvió de nuevo a la lectura.
Poco a poco se fue quedando dormido, pero de pronto algo lo sacó de su estado onírico: “¡Eh tú!”. Alguien lo llamó como si de un gran estruendo se tratara. A veces le pasaba, era algo normal cuando nos acercamos al estado r.e.m. Pero esta vez su padre se había despertado al mismo tiempo que él muy alterado, gritando y maldiciendo a la televisión.
David apagó la máquina inútil de emitir imágenes apretando el botón rojo del mando a distancia y volvió a la lectura para intentar dormir aunque fuese sentado en el sillón.
Ni dos minutos pudo conciliar el sueño cuando, de nuevo, la misma voz exclamó “¡Eh, oye!” despertando de nuevo a su padre y, no sólo eso, ¡también encendiendo la televisión! La pantalla volvió a su imagen de estrellas grises, blancas y negras.
Pensaba que se estaba volviendo loco, pero esta segunda vez también despertó a su padre. No eran sólo cosas suyas.
Era valiente y no iba a volver a apagar la televisión. No creía en esas cosas pero la curiosidad le podía más que la creencia en fenómenos de ese tipo. “¿Qué quieres? ¿Por qué me llamas?”, preguntó David mirando a su alrededor.
La imagen de estrellas se fue disipando formando a su vez una extraña silueta gris, casi humanoide, de lo que parecía de mujer. David se agarró a los brazos del sillón dejando caer el libro sobre la alfombra. Estaba realmente asustado, pero no haría nada para no despertar de nuevo a su padre.
La silueta empezó a emitir sonidos extraños, imposibles de descodificar, como cuando esa cadena privada emitía sus imágenes codificadas para que los no abonados no pudieran ver su programación: “¡Oa!”, como si de un saludo infantil se tratara, con la misma cadencia y el mismo timbre, como si no supiera decir claramente hola. “¿Qué quieres? ¿Quién eres?”, insistió de nuevo David, casi en voz baja.
La silueta se tornó deforme por unos segundos hasta dar lugar a una cara como si de una máscara de carnaval se tratara. De su diabólica boca salían sonidos extraños, carcajadas fantasmales… Sin pensarlo dos veces, David se acercó a la pantalla, agarró el cable y lo arrancó de la pared a riesgo de traerse consigo también parte de la llave y del embellecedor. Encendió la luz de la habitación, la del techo, encendió el pc y puso algo de música suave, que no pudiera molestar a su padre, para olvidar un poco toda esa locura.
Muchos días encerrados en casa, muchas horas de trabajo cuidando a su padre: esas fueron las conclusiones a las que David llegó. Su empirismo y fe en la ciencia le impedía creer en otra cosa aunque le diera en las narices: se negaba absolutamente a creer en fantasmas y menos metidos en una pantalla de televisión.
Apagó la calefacción. A pesar de ser finales de octubre, aún no hacía mucho calor. Pero lo cierto es que la experiencia le había sofocado demasiado. Debería darse una ducha, pero en su interior tenía miedo de dejar solo a su padre en aquella habitación que se había tornado terrorífica desde las doce de la noche.
La música que había puesto le inquietaba, no podía poner temas rock a esas horas de la noche, así que decidió entrar en Twitter para distraerse un poco.
De la gente que seguía nadie estaba activo a esas horas, así que indagó en los Trending Topics. La sorpresa fue mayúscula cuando descubrió que esa noche era Halloween.
Estaba tan centrado en el cuidado de su padre, que no había caído en que ese día la gente perdía la cabeza, desde hace unos años también en España, por disfrazarse de demonios, brujas y vampiros y deambular por las calles y discotecas como si lo fueran de verdad.
Pero la sorpresa no quedó ahí, un TT le llamó poderosamente la atención: #FantasmaSNovATV…
Mucha gente tuiteó fotos de lo mismo que él había visto en la pantalla de su televisor, mucha gente pasó realmente miedo o terror cuando esa figura llamó su atención, se convertía en cara diabólica… Una pesada broma de Halloween.

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