Vidas robadas — Jesus Duva & Natalia Junquera / Taken Lives by Jesus Duva & Natalia Junquera

Este es un libro sobre la desaparición de hijos recién nacidos a las madres diciendo que estaban muertos para darlos a otras familias, es un relato periodístico donde se estima que alrededor de 30.000 mujeres se vieron afectadas.

El robo de niños tuvo, en esta primera etapa, no solo una cobertura legal, sino el amparo científico del psiquiatra de cabecera del franquismo, Antonio Vallejo-Nájera, cuyas disparatadas teorías de eugenesia positiva y regeneración de la raza con el fin de «multiplicar a los selectos y dejar que perezcan los débiles».
En La locura y la guerra: psicopatología de la guerra española, Vallejo-Nájera abogaba sin medias tintas por que los hijos fueran separados de los padres marxistas, pues «la segregación de sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de una plaga tan temible» como la inferioridad mental, el fanatismo y la fealdad que se atribuía a los que compartían la ideología republicana. Una doctrina con evidentes similitudes con las consignas nazis de Hitler.
El robo de niños fue quizá la fórmula más atroz y menos conocida de la represión franquista. Pese a ello, según denunció el juez Baltasar Garzón en noviembre de 2008, «durante más de 60 años no ha sido objeto de la más mínima investigación». A él, como se sabe, tampoco le dejaron hacerlo.
La mayoría de las víctimas eran pobres y con pocos recursos, en todos los sentidos. Personas manipulables a las que el miedo había hecho perder la capacidad de protestar. Además de madres jóvenes solteras que vinieron de los pueblos (década de los 60-80). El nexo de unión durante estas dos grandes etapas (posguerra y décadas comprendidas entre 1950 y 1990), lo que permanece desde el principio hasta el final, es la presencia de instituciones católicas, como las Hijas de la Caridad. La mayoría de casos se producen en clínicas, maternidades o casas cuna controladas por religiosas.

El objetivo de este Teléfono de la Esperanza, ligado, de nuevo, a la Iglesia y conectado con parroquias de toda España, era «prestar soluciones de emergencia ante los nuevos problemas sociales y psicosociales» surgidos en España. No pocas de aquellas jóvenes que descolgaron el teléfono acabaron cediendo en adopción a sus niños tras ser convencidas de que era lo mejor para ellas y para sus bebés.
Pero para llevar a cabo la operación era imprescindible, además, involucrar a un médico. Y los hubo dispuestos.

La guardería de la calle de Lanuza, a espaldas del repetidor de Televisión Española de la calle de O’Donnell, formaba parte de la red. Ese establecimiento, dirigido por María José Igualada, servía como centro de operaciones, por lo que su dueña «se quedaba con la casi totalidad del dinero y solo daba cantidades mínimas a las madres biológicas y a los demás intermediarios», según las pesquisas entregadas al juez.

Treinta y siete bebés murieron en 22 días del mes de enero de 1964. Otros treinta y cuatro en noviembre de 1973. ¿Dónde? En la maternidad de la calle de O’Donnell de Madrid, una de las denunciadas por el presunto robo de niños. En muchos de estos casos se atribuyó tan fatal desenlace a la otitis (hasta cinco fallecimientos en solo 24 horas). Especialistas consultados por familiares de aquellos bebés aseguran que eso es casi imposible. Ahora esas familias dudan: ¿mi hijo se murió o me lo robaron?

El director de la clínica San Ramón que presuntamente sirvió de base para innumerables adopciones de recién nacidos era el doctor Eduardo Vela, un tocoginecólogo que asistía en el parto a las mujeres y, que además certificaba que los bebés eran hijos de madre desconocida. Este médico se ha negado a hacer declaraciones en relación con las decenas de niños dados en adopción después de nacer en este centro. «Prefiero no hablar. Se puede poner en entredicho la moralidad y la legalidad de esas adopciones. No me gustan los periodistas. Yo ya soy muy mayor y quiero vivir en paz lo que me quede. No es moral que yo hable de estas cosas. Si hay un ser superior que sea Él quien diga lo que tenga que decir», declaró en conversación telefónica Vela, entre constantes avisos de que iba a cortar la comunicación.
—¿Sabe usted que su nombre y el de la monja sor María Gómez Valbuena circulan por foros de Internet en relación con numerosas adopciones de menores? ¿Sabe que todos aquellos niños de las décadas de 1970 y de 1980 son ahora adultos que están buscando a sus madres biológicas?
—No lo sabía. No tengo ni idea.

Antonio Toscano, presidente de la ONG Prodefensa Infancia Desprotegida, también tiene el convencimiento de que niños de la casa cuna de Tenerife fueron entregados a alemanes entre 1950 y 1970. Toscano afirma que su organización posee documentos que apuntalan la sospecha de que los alemanes tenían incluso el privilegio de escoger a los niños más sanos, de cabello rubio y ojos claros de ese centro. «Hay viejas fotografías de alemanes seleccionando a los niños», asegura.

El derecho a la intimidad de la madre biológica y el derecho a conocer su origen del hijo adoptado. La ley 54/2007 permite a este último conocer el nombre de su progenitora, pero en la práctica no siempre tiene los medios para hacerlo. «Cuando nacen en instituciones religiosas, por ejemplo, las monjas se amparan en el voto de sigilo para no dar información sobre las madres, a las que dicen que prometieron guardar el secreto». En cualquier caso, añade, «es muy peligroso que no exista un mediador.

Este es un interesante libro periodístico de investigación sobre uno de los temas que a día de hoy sigue teniendo demasiadas sombras por parte de las instancias competentes a dar luz.

This is a book about the disappearance of newborn children to mothers saying they were dead to give them to other families, it is a journalistic story where it is estimated that around 30,000 women were affected.

The robbery of children had, in this first stage, not only a legal coverage, but the scientific protection of the head psychiatrist of the Franco regime, Antonio Vallejo-Nájera, whose crazy theories of positive eugenics and regeneration of the race in order to «multiply to the select ones and let the weak perish ».
In Madness and War: Psychopathology of the Spanish War, Vallejo-Najera advocated without measures for the children to be separated from the Marxist parents, because “the segregation of subjects from childhood could free society from such a terrible plague »As the mental inferiority, fanaticism and ugliness that was attributed to those who shared the republican ideology. A doctrine with obvious similarities with the Nazi slogans of Hitler.
The theft of children was perhaps the most atrocious and least known formula of Franco’s repression. Despite this, according to judge Baltasar Garzón in November 2008, “for more than 60 years it has not been subject to the slightest investigation”. To him, as you know, they did not let him do it either.
Most of the victims were poor and with few resources, in every way. Manipulative people who fear had made lose the ability to protest. In addition to single young mothers who came from the villages (decade of the 60-80). The link between these two great stages (postwar and decades between 1950 and 1990), what remains from the beginning to the end, is the presence of Catholic institutions, such as the Daughters of Charity. The majority of cases occur in clinics, maternity homes or cot homes controlled by nuns.

The purpose of this Telephone of Hope, linked, again, to the Church and connected with parishes throughout Spain, was “to provide emergency solutions to the new social and psychosocial problems” that have arisen in Spain. Not a few of those girls who picked up the phone ended up giving up their children after being convinced that it was the best thing for them and their babies.
But to carry out the operation, it was also essential to involve a doctor. And there were willing.

The daycare center on Lanuza Street, behind the repeater of Televisión Española on O’Donnell Street, was part of the network. This establishment, headed by María José Igualada, served as a center of operations, so the owner “kept almost all the money and only gave minimum amounts to the biological mothers and other intermediaries,” according to the inquiries given to the judge. .

Thirty-seven babies died on 22 days of the month of January 1964. Another thirty-four died in November 1973. Where? In the maternity of O’Donnell Street in Madrid, one of those reported for the alleged robbery of children. In many of these cases, such a fatal outcome was attributed to otitis (up to five deaths in only 24 hours). Specialists consulted by relatives of those babies say that is almost impossible. Now those families are hesitant: did my son die or was it stolen?

The director of the San Ramón clinic that allegedly served as the basis for innumerable adoptions of newborns was Dr. Eduardo Vela, a gynecologist who attended the births to women and who also certified that the babies were children of an unknown mother. This doctor has refused to make statements regarding the dozens of children given for adoption after being born in this center. “I’d rather not talk. The morality and legality of these adoptions can be questioned. I do not like journalists. I am already very old and I want to live in peace what I have left. It is not moral for me to talk about these things. If there is a superior being that is He who says what he has to say, “Vela said in a telephone conversation, among constant warnings that he was going to cut off the communication.
– Do you know that your name and that of the nun, Sr. María Gómez Valbuena, circulate through Internet forums in relation to numerous adoptions of minors? Do you know that all those children of the 1970s and 1980s are now adults who are looking for their biological mothers?
-I did not know, I did not know it. I have no idea.

Antonio Toscano, president of the NGO Prodefensa Infancia Desprotegida, is also convinced that children from the birthplace of Tenerife were handed over to Germans between 1950 and 1970. Toscano says that his organization has documents that support the suspicion that the Germans even had the privilege of choosing the healthiest children with blond hair and clear eyes from that center. “There are old photographs of Germans selecting children,” he says.

The right to privacy of the biological mother and the right to know the origin of the adopted child. Law 54/2007 allows the latter to know the name of his mother, but in practice he does not always have the means to do so. “When they are born in religious institutions, for example, the nuns take refuge in the vote of secrecy not to give information about the mothers, to those who say they promised to keep the secret.” In any case, he adds, “it is very dangerous that there is no mediator.

This is an interesting journalistic research book on one of the issues that today still has too many shadows on the part of competent authorities to give birth.

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