La hija de la guerra y la madre de la patria — Rafael Sánchez Ferlosio / The Daughter Of War And The Mother Of The Fatherland by Rafael Sánchez Ferlosio (spanish book edition)

Este libro se compone de una serie de escritos que causan tratan de manera irónica aspectos de nuestro país y que parecen algunos no superados.

Parece que sigue estando en discusión la dualidad entre enseñanza pública y enseñanza privada. Al distinguir la segunda con la sola determinación de «privada» se pasa en silencio el rasgo en que habría que haber puesto antes el acento: «de pago». Como tal discusión se ha centrado en la reivindicación del derecho de la libertad de enseñanza, se ha dejado de lado este factor principal: que los papás y mamás que reclaman la libertad de elegir para sus hijos la enseñanza que crean conveniente tienden a mandarlos «a colegios de pago». Sólo los de mi ya avanzada edad recordarán el enorme valor que tenía la fórmula «Un muchacho educado en los mejores colegios de pago», como una credencial cotizadísima no sólo para lograr un puesto sino incluso para contraer matrimonio.

“Onfaloscopia” Hubo una práctica mística de ciertas sectas religiosas, no sé si occidentales u orientales, llamada «onfaloscopia», o sea «contemplación del ombligo», en la que, como su nombre indica, los piadosos practicantes se pasaban las horas y quizá hasta los días con la mirada fija y concentrada en su propio ombligo, esperando encontrar la perfección o alcanzar el conocimiento supremo en la arrobada observación de esa especie de centro de la superficie corporal. Pues bien, una tendencia semejante parece haber caracterizado casi siempre a la cultura española.

La palabra sagrada apaga toda virtualidad significante para adquirir poder performativo: no busca ser entendida, sino obedecida; de ahí que haya de ser siempre literal, como un «abracadabra». Por mucho sentido con que lo embutiera el sínodo que lo fijó en Nicea, también el Credo fue erigido en palabra sagrada. Todo el vigor de su función significante se desplazó a favor de su poder performativo en su valor de «símbolo de la fe», o sea de credencial de integración y pertenencia, como lo muestra esa reunión de una exigencia de rigor en cuanto a literalidad y una total indiferencia en cuanto a comprensión: No hace falta entender, basta acatar.

“Fiestas” La celebración en simulacro del reino de la abundancia y la felicidad, que eso parece representar el despilfarro de las fiestas, puede sin duda ser la conmemoración de un mundo nunca sido, de un ayer no venido, o la desesperada renovación de su promesa, sin que deje de ser al mismo tiempo la recurrente ofrenda y holocausto que, bajo forma de goce y de contento forzados y fingidos, la feroz diosa de la Necesidad exige de sus súbditos para acceder a renovar entre ellos su cotidiano reparto de raciones de mera subsistencia, reafirmando de este modo ante sus ojos lo ineluctable de su gobernación providencial y la perpetuidad de su ominipotente señorío.

“Anarquistas de pago” Podría decirse que el contribuyente viene a ser más o menos como alguien que, habiendo renunciado a la ciudadanía, se hubiese olvidado de que fue por eso por lo que accedió a pagar, o sea para poder desentenderse de los negocios públicos (casi como en el Islam judíos y cristianos se eximían por el tributo de los deberes del muslim) y hoy creyese que paga para ser bien servido, para que Iberia, por ejemplo, no le falle nunca.

“Hacienda somos todos” ¡No nos vengan ahora con ficciones! Ni siquiera los accionistas de una empresa privada pueden hoy ya decir que son la empresa; tienen tan poco que ver con ella como con un caballo por el que hayan apostado, a veces con más fiable información, en las carreras.

“Port Aventura” Nada demuestra de modo más cruel el patético extremo de aburrimiento a que ha llegado la moderna gente como el hecho de que logre divertirse con las mortalmente aburridas diversiones de pago que les ofrece la cada vez más rentable y opulenta industria del ocio.

“Dos gallinas ciegas” La Justicia y la Fortuna las pintan con los ojos vendados: ésta, para que no vea la maldad del venturoso, aquélla, para que no vea la belleza del malvado.

Nadie debería dejarse engatusar por un recurso muy socorrido para salvar cierto tipo de malas pasiones, que consiste en rechazar como enfermas o aberrantes algunas manifestaciones exageradas de lo que, por frecuente que sea, ya es, por su propia naturaleza, aberración y enfermedad, con el efecto de que las formas más comunes y comedidas aparezcan como sanas y sensatas; para lo cual, lo primero que suele hacerse es sacarle un nombre peyorativo a la forma exagerada y malsana. Así, para desviar de sí toda mirada suspicaz y disipar cualquier desconfianza, fueron tal vez los propios patriotas los que, con certero instinto de conservación, acuñaron y lanzaron al acervo de la opinión pública el derivado peyorativo sacado de la misma raíz que patriota, es decir: patriotero. Patriotero fue el nombre del chivo expiatorio, del fármakos expulsado de la polis, llevándose consigo todos los males y pecados de la patria, la insania y el delirio congénitos de todo patriotismo, y dejando lavada de culpa y de impureza la imagen del patriota verdadero, noble y generoso. De la misma manera, se les vino a las manos por sí sola, aunque de forma felizmente oportuna, la noción de chovinismo, al punto reconocida y denunciada como una malformación patógena, frente a la cual se imponían medidas profilácticas de exclusión y de aislamiento, a fin de preservar al buen patriota y sobre todo ofrecer las mayores garantías sobre la normalidad y la salud de un patriotismo auténtico.
Pero la pretendida diferencia no viene a ser más que un arreglo ad hoc: tan auténtico es el patriotismo del patriotero o el chovinista como el del patriota; uno y el mismo es el germen que produce la dolencia, por así decirlo, crónica y la aguda; no se trata siquiera de dos cepas afines, en que la benigna pudiese servir como vacuna contra la maligna, a tenor del clásico principio de la homeopatía: Similia similibus curantur, que no ha dejado de esgrimirse alguna vez en defensa del deporte.

Dios da la victoria a los justos. Y en cuanto al desconcierto moral que puede producir en ocasiones un resultado inverso, fue al veterano senador socialista don José Prat, presidente del Ateneo cuando yo lo conocí, al que le oí una vez, ante un auditorio público, citar una sentencia que daba una salida, siquiera perentoria, para uno de esos casos de resultado inverso, precisamente entre moros y cristianos:

Vinieron los sarracenos
y nos molieron a palos,
que Dios apoya a los malos
cuando son más que los buenos.

Un libro que me parece muy recomendable y donde la ironía y el sarcasmo corren a sus anchas por esta obra pero recordemos, todo por la madre patria…

This book is composed of a series of writings that cause ironically treat aspects of our country and that seem some not overcome.

It seems that the duality between public education and private education is still under discussion. When distinguishing the second with the sole determination of “private”, one passes in silence the trait in which the accent should have been placed before: “payment”. As such discussion has focused on the claim of the right to freedom of education, this main factor has been left aside: that fathers and mothers who demand the freedom to choose for their children the education they think is convenient tend to send them ” payment colleges ». Only those of my advanced age will remember the enormous value of the formula “A boy educated in the best colleges of payment”, as a very popular credential not only to get a job, but even to get married.

“Omphaloscopy” There was a mystical practice of certain religious sects, I do not know if Western or Eastern, called “onfaloscopia”, that is “contemplation of the navel”, in which, as its name indicates, the pious practitioners spent the hours and perhaps until the days with the fixed look and concentrated in its own navel, hoping to find the perfection or to reach the supreme knowledge in the rapture observation of that kind of center of the corporal surface, Well, a similar tendency seems to have characterized almost always the Spanish culture.

The sacred word extinguishes all significant virtuality to acquire performative power: it does not seek to be understood, but obeyed; hence it must always be literal, like an “abracadabra”. No matter how much sense the synod that fixed it in Nicea would have it, the Creed was also erected in a sacred word. All the vigor of its significant function shifted in favor of its performative power in its value as a “symbol of faith”, that is, as a credential for integration and belonging, as shown by that meeting of a rigorous requirement in terms of literality and total indifference in terms of understanding: No need to understand, just comply.

“Festivities” The celebration in simulation of the kingdom of abundance and happiness, which seems to represent the waste of the holidays, can undoubtedly be the commemoration of a world never been, of a yesterday not come, or the desperate renewal of its promise, without ceasing to be at the same time the recurrent offering and holocaust that, in the form of enjoyment and contentment forced and feigned, the fierce goddess of Necessity demands of her subjects to agree to renew among themselves their daily distribution of rations mere subsistence, reaffirming in this way before his eyes the ineluctable of his providential governance and the perpetuity of his omnipotent lordship.

“Anarchists of payment” It could be said that the taxpayer is more or less like someone who, having renounced citizenship, would have forgotten that this is why he agreed to pay, that is to be able to ignore public business (Almost as in Islam Jews and Christians were exempted by the tribute of the duties of the muslim) and today he believed that he pays to be well served, so that Iberia, for example, never fails him.

“Hacienda we are all” Do not come to us now with fictions! Not even the shareholders of a private company can today say that they are the company, they have as little to do with it as with a horse they have wagered on, sometimes with more reliable information, in the races.

“Port Aventura” Nothing shows in a more cruel way the pathetic extreme of boredom that modern people have come to, such as the fact that they can enjoy the deadly bored amusements of payment offered by the increasingly profitable and opulent leisure industry.

“Two Blind Chickens” Justice and Fortune paint them blindfolded: this one, so that they do not see the evil of the fortunate, that one, so that they do not see the beauty of the evil one.

No one should be cajoled by a resource very used to save some kind of bad passions, which is to reject as sick or aberrant some exaggerated manifestations of what, however frequent, is already, by its very nature, aberration and disease, with the effect that the most common and measured forms appear as healthy and sensible; for which, the first thing that is usually done is to derive a pejorative name from the exaggerated and unhealthy form. Thus, in order to deflect all suspicious stares and dispel any mistrust, perhaps the patriots themselves, with a sure instinct for conservation, coined and threw into the public opinion the pejorative derivative derived from the same root as the patriot, is say: jingoist Patriotero was the name of the scapegoat, of the drug expulsed from the polis, taking with it all the evils and sins of the homeland, the insanity and delirium congenital of all patriotism, and leaving the image of the true patriot, washed away from guilt and impurity, noble and generous. In the same way, the notion of chauvinism came to mind, albeit in a fortunately opportune way, to the point recognized and denounced as a pathogenic malformation, against which prophylactic measures of exclusion and isolation were imposed, In order to preserve the good patriot and above all offer the best guarantees on the normality and health of an authentic patriotism.
But the alleged difference is no more than an ad hoc arrangement: the patriotism of the patriot or the chauvinist is as authentic as that of the patriot; one and the same is the germ that produces the ailment, so to speak, chronic and acute; it is not even a question of two related strains, in which the benign one could serve as a vaccine against the malignant one, according to the classic principle of homeopathy: Similia similibus curantur, which has never ceased to be used in defense of sport.

God gives victory to the righteous. And as for the moral confusion that can sometimes produce a reverse result, it was to the veteran socialist Senator José Prat, president of the Athenaeum when I met him, that I once heard him, before a public audience, cite a sentence that gave a precisely, between the Moors and Christians, one of those cases of inverse result, even peremptory,

The Saracens came
and they ground us with sticks,
that God supports the bad
when they are more than good.

A book that I find highly recommended and where irony and sarcasm run at ease for this work but remember, all for the motherland …

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