¿Qué fue del buen samaritano? — Ha-Joon Chang / Bad Samaritans: The Guilty Secrets of Rich Nations and the Threat to Global Prosperity by Ha-Joon Chang

Muy interesante libro de este autor coreano donde pone de manifiesto que la planificación de la “globalización” tiene otras alternativas a la hoja de ruta planificada por los neoliberales. Samsung la potencia tecnologíca llamada “3 estrellas”, empezó con el pescado.
El programa neoliberal ha sido impuesto por una alianza de gobiernos de países ricos encabezada por Estados Unidos y arbitrada por la “Impía Trinidad” de organizaciones económicas internacionales que controlan en buena medida: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Los gobiernos ricos utilizan sus presupuestos de ayuda y el acceso a sus mercados nacionales como incentivos para inducir a las naciones en vías de desarrollo a adoptar medidas neoliberales. Esto se hace a veces para beneficiar a empresas concretas que ejercen presión, pero generalmente para crear un entorno en el país subdesarrollado en cuestión que sea favorable a los artículos e inversiones extranjeros en general. El FMI y el Banco Mundial hacen su papel adjuntando a sus préstamos la condición de que los países receptores adopten políticas neoliberales. La OMC contribuye haciendo normas de comercio que favorecen el libre comercio en sectores en los que las naciones ricas son más fuertes pero no en los que son débiles (por ejemplo, agricultura o textil.

Toyota empezó como fabricante de maquinaria textil (Toyoda Automatic Loom) y se pasó a la producción automovilística en 1933. El gobierno japonés expulsó a General Motors y Ford en 1939 y echó un cable a Toyota con dinero del banco central (Banco de Japón) en 1949. Hoy en día, los coches japoneses se consideran algo tan “natural” como el salmón escocés o el vino francés, pero hace menos de 50 años la mayoría de la gente, incluidos muchos japoneses, creía que la industria automovilística japonesa simplemente no debía existir.
Medio siglo después de la debacle de Toyota, su marca de lujo, Lexus, se ha convertido en una especie de icono de la globalización, si el gobierno japonés hubiera seguido a los economistas del libre comercio a principios de la década de 1960, no habría habido Lexus. En el mejor de los casos, ahora Toyota sería un socio minoritario de algún fabricante de coches occidental, o aun peor, habría desaparecido.

Gran Bretaña comenzó con el libre mercado y libre comercio, al espectacular éxito económico de Gran Bretaña, que otros países empezaron a liberalizar su comercio y desregular sus economías nacionales. Este orden mundial liberal, perfeccionado hacía 1870 bajo la hegemonía británica, estaba basado en: políticas industriales de laissez-faire en el país; barreras bajas a los flujos internacionales de artículos, capital y mano de obra, y estabilidad macroeconómica, a nivel tanto nacional como internacional, garantizada por los principios de dinero sólido (baja inflación) y presupuestos equilibrados. Siguió un período de prosperidad sin precedentes.
Por desgracia, las cosas empezaron a torcerse después de la Primera Guerra Mundial. Respondiendo a la consiguiente inestabilidad de la economía mundial, los países comenzaron a levantar de nuevo, imprudentemente, barreras arancelarias. El sistema mundial de libre comercio terminó finalmente en 1932, cuando Gran Bretaña, hasta entonces el adalid del libre comercio, sucumbió a la tentación y reintrodujo los aranceles. La contracción e inestabilidad resultantes en la economía mundial, y luego, por último, la Segunda Guerra Mundial, destruyeron los últimos vestigios del primer orden mundial liberal.
Imponían el libre comercio a naciones más débiles a través del colonialismo y los tratados desiguales, los países ricos mantenían aranceles altos, especialmente aranceles industriales
Gran Bretaña, la supuesta patria del libre comercio, fue uno de los países más proteccionistas hasta que se convirtió al libre comercio a mediados del siglo XIX. Hubo un breve período durante las décadas de 1860 y 1870 en que existió algo parecido al libre comercio en Europa, sobre todo con aranceles cero en Gran Bretaña. Sin embargo, resultó algo efímero. A partir de la década de 1880, la mayoría de países europeos volvieron a levantar barreras protectoras, en parte para proteger a sus agricultores de los alimentos baratos importados del Nuevo Mundo y en parte para promocionar sus emergentes industrias “pesada y química”, como acero, productos químicos y maquinaria, “abandonó el libre comercio y reintrodujo los aranceles en 1932. La historia oficial describe este acontecimiento diciendo que Gran Bretaña sucumbió a la tentación” del proteccionismo. Pero, como de costumbre, deja de mencionar que esto fue debido al declive de la supremacía económica británica, que a su vez era consecuencia del éxito del proteccionismo por parte de países competidores, especialmente Estados Unidos, al desarrollar sus nuevas industrias.

Los casos más recientes de éxito económico de China, y cada vez más la India, son también ejemplos que ilustran la importancia de la estrategia, en lugar de una integración sin condiciones en la economía global basada en un enfoque nacionalista. Principalmente en el caso de la India, China está puesto en duda. El único país con éxito relativo de las políticas neoliberales es Chile. Hay una alternativa, o más bien hay muchas alternativas, a la globalización neoliberal que está aconteciendo hoy. Sin duda existen alternativas a TINA policies (There Is No Alternative).

Las políticas proteccionistas de Walpole se mantuvieron vigentes durante el siglo siguiente, ayudando a las industrias manufactureras británicas a dar alcance y finalmente superar a sus homologas en el Continente. Gran Bretaña siguió siendo una nación muy proteccionista hasta mediados del siglo XIX. En lo que se refería a sus colonias, Gran Bretaña estaba encantada de imponer una prohibición absoluta de las actividades manufactureras avanzadas que no le interesaba desarrollar. Las políticas británicas eran un poco más indulgentes de lo que esto puede dar a entender: se autorizaban algunas actividades industriales. Pero la fabricación de productos de alta tecnología estaba prohibida.

Hamilton proponía una serie de medidas para alcanzar el desarrollo industrial de su país, entre las cuales: aranceles protectores y prohibiciones de importaciones; subvenciones; prohibición de exportación de materias primas clave; liberalización de la importación y devolución de aranceles sobre suministros industriales; primas y patentes para inventos; regulación de niveles de productos, y desarrollo de infraestructuras financieras y de transporte.62 Aunque Hamilton advirtió con razón sobre el peligro de llevar tales medidas demasiado lejos, constituyen, sin embargo, una serie de prescripciones políticas muy eficaces y “heréticas”. De haber sido el ministro de Economía y Hacienda de un país en vías de desarrollo actual, el FMI y el Canco Mundial se habrían negado sin duda a prestar dinero a su nación y estarían ejerciendo presiones para su destitución.

Dado que el proteccionismo es malo para el crecimiento económico, ¿cómo es posible que dos de las economías más prósperas de la historia hayan sido tan proteccionistas? Una posible respuesta es que, si bien Gran Bretaña y Estados Unidos fueron proteccionistas, también tuvieron más éxito económicamente que otros países porque fueron menos proteccionistas que otros. Esto no es cierto. Ninguno de los demás países que figuran entre las naciones ricas de hoy fue tan proteccionista como Gran Bretaña o Estados Unidos, con la breve excepción de España en la década de 1930. Gran Bretaña y Estados Unidos, no solo no eran economías librecambistas, sino que además habían sido las dos economías más proteccionistas entre las naciones ricas, esto es, hasta que cada uno se convirtió en la potencia industrial dominante del mundo. Ni siquiera el miembro más reciente del club de los países ricos, Corea, ha sido una excepción a esta regla. Pese a haber sido uno de los países más proteccionistas del mundo, ahora defiende fuertes reducciones en los aranceles industriales, si no el libre cambio total, en la OMC. Pese a haber sido la capital mundial de la piratería, ahora se indigna porque los chinos y los coreanos están produciendo piratería brutal.

La fe en la virtud del libre comercio es tan fundamental para la ortodoxia neoliberal que es efectivamente lo que define a un economista neoliberal. Se puede cuestionar (si no rechazar del todo) cualquier otro elemento del programa neoliberal -mercados de capitales abiertos, patentes fuertes o incluso privatización- sin abandonar por ello el credo neoliberal. Sin embargo, si uno se opone al libre comercio, está invitando efectivamente a que lo excomulguen. Los malos samaritanos han hecho todo lo posible por empujar a los países en vías de desarrollo hacia el libre cambio, o, cuando menos, hacia un comercio mucho más libre. México fue hundida por estás prácticas. Hay una gran diferencia entre decir que el comercio es esencial para el desarrollo económico y afirmar que el libre cambio es mejor (o, por lo menos, que el comercio más libre es mejor) para el desarrollo económico, como hacen los malos samaritanos. Si se quiere ayudar a los países menos desarrollados existe el “proteccionismo asimétrico”.

Los economistas neoliberales, la ventaja de disponer de libre circulación de capital internacional no se limita a llenar esa “falta de ahorros”. Mejora la eficiencia económica permitiendo la entrada de capital en proyectos con las devoluciones más altas posible a escala global. La libre circulación transfronteriza de capital se considera también como un modo de difundir “la mejor práctica” en política gubernamental y gobernanza corporativa. Existe una opinión cada vez más generalizada entre los economistas neoliberales en el sentido de que la ayuda extranjera no funciona, aunque otros argumentan que el tipo de ayuda “adecuada” (es decir, la que no está motivada fundamentalmente por la geopolítica) sí funciona. Otro inconveniente de la inversión extranjera directa es que crea la oportunidad de “fijación del precio de transferencias” por parte de corporaciones transnacionales (CTN) con operaciones en más de un país. Esto se refiere a la práctica en la cual las filiales de una CTN se cobran de más o de menos entre ellas para que los beneficios sean más elevados en aquellas filiales que operan en naciones con las tasas de impuesto corporativo más bajas. La historia está del lado de los reguladores. La mayoría de los países ricos de hoy en día regularon la inversión extranjera cuando estaban en el bando receptor. En ocasiones esa regulación fue draconiana: Finlandia, Japón, Corea y Estados Unidos (en determinados sectores) son los mejores ejemplos, ni siquiera Irlanda aplicó el laissez-faire. La inversión extranjera directa puede ayudar al desarrollo económico, pero solo si se introduce formando parte de una estrategia de desarrollo orientada a largo plazo. Es probable que el intento por parte de los malos samaritanos de imposibilitar esa regulación a los países subdesarrollados obstaculice, en lugar de ayudar, su desarrollo económico.

¿Por qué los malos samaritanos creen que las empresas de propiedad estatal deben privatizarse?. Singapore Airlines es una de las compañías aéreas mejor consideradas del planeta. A menudo votada como la compañía aérea preferida en el mundo, es eficiente y respetuosa. A diferencia de la mayoría de las demás empresas de transportes, jamás ha registrado pérdidas financieras en sus 35 años de historia.Esta compañía es propiedad del Estado. No solo en el este asiático podemos encontrar buenas empresas públicas. Los triunfos económicos de muchas economías europeas, como Austria, Finlandia, Francia, Noruega e Italia después de la Segunda Guerra Mundial, se consiguieron con sectores públicos muy amplios por lo menos hasta la década de 1980. La escasez de información positiva referente a las empresas de propiedad estatal. El ascenso del neoliberalismo durante las dos últimas décadas ha hecho la titularidad estatal tan impopular entre la opinión pública que las propias EPE prósperas quieren minimizar su relación con el Estado. Como decía un líder chino “da igual que el gato sea blanco o negro mientras atrape ratones” en eso deberíamos debatir.

El principal problema, hablando en plata, es que el nuevo sistema de DPI (Derechos Propiedad Intelectual) ha hecho más difícil el desarrollo económico. Cuando el 97% de todas las patentes y la inmensa mayoría de derechos de autor y marcas registradas obran en poder de países ricos, el reforzamiento de los derechos de los titulares de DPI supone que adquirir conocimientos se ha vuelto más difícil para las naciones en vías de desarrollo. Lo más lamentable es que las naciones subdesarrolladas apenas van a recibir nada a cambio de pagar permisos de comercialización más caros y soportar gastos adicionales para poner en práctica el nuevo sistema de DPI. Cuando los países ricos refuerzan su protección de DPI, por lo menos pueden esperar cierto incremento de la innovación. La verdadera pregunta no es si la protección de DPI es buena o mala en abstracto. Debemos disminuir el grado de protección de DPI que predomina hoy en día: acortando el período de protección, levantando la barrera de originalidad y facilitando la comercialización obligatoria y las importaciones paralelas. Ayudando países en vía de desarrollo. Deberíamos no solo hacer la adquisición de tecnología más fácil para los países en vías de desarrollo sino también ayudarles a desarrollar las competencias para usar y perfeccionar tecnologías más productivas. A tal efecto, podríamos establecer un impuesto internacional sobre derechos de patente y usarlo para proporcionar apoyo tecnológico a las naciones subdesarrolladas.

Los malos samaritanos han impuesto a las naciones en vías de desarrollo políticas macroeconómicas que dificultan seriamente su capacidad para invertir, crecer y crear puestos de trabajo a largo plazo. La denuncia categórica -y simplista- de “vivir por encima de sus posibilidades” ha hecho imposible para ellas “pedir prestado para invertir” con el fin de acelerar el crecimiento económico. Deberíamos censurar a los jóvenes por pedir préstamos para invertir en el desarrollo de su carrera o en la educación de sus hijos. Esto no puede ser justo. Vivir por encima de las propias posibilidades puede ser adecuado o no; todo depende de la fase de desarrollo en la que se encuentre el país y el uso que se haga del dinero prestado. Lo que deben hacer es invertir en su futuro. Para hacer eso, debería permitírseles adoptar políticas macroeconómicas que fuesen más favorables a la inversión y al crecimiento que las empleadas por las naciones ricas, y que fuesen mucho más agresivas que los malos samaritanos les autorizan a adoptar hoy en día.

Las consecuencias económicas de la corrupción dependen de qué decisiones afectan al acto corrupto, cómo son utilizados los sobornos por sus receptores y qué se habría hecho con el dinero de no haber habido corrupción. Además de la corrupción, existe otro problema político que ocupa un lugar importante en la agenda del programa neoliberal. Se trata de la democracia. Pero la democracia, sobre todo sus relaciones con el desarrollo económico, constituye un asunto complejo y sumamente cargado. Así, a diferencia de aspectos como libre comercio, inflación o privatización, no existe una postura conjunta sobre ella entre los malos samaritanos. Según el punto de vista neoliberal, la democracia fomenta los mercados libres porque un gobierno que puede ser derrocado sin recurrir a medidas violentas tiene que ser comedido en su conducta depredadora.
Mercado y democracia chocan en un nivel fundamental. La democracia funciona sobre el principio de “una persona, un voto”. El mercado funciona sobre el principio de “un dólar, un voto”.

Respecto al choque de civilizaciones, la cultura cambia con el desarrollo económico.* Es por eso por lo que las culturas de hoy son tan distintas a las de sus antepasados. La cultura es la consecuencia, además de la causa, del desarrollo económico. Sería mucho más exacto decir que los países se vuelven «trabajadores» y «disciplinados» (y adquieren otros rasgos culturales «positivos») debido al desarrollo económico, y no al revés.
Debemos comprender el papel de la cultura en el desarrollo económico en su verdadera complejidad e importancia. La cultura es compleja y difícil de definir. Afecta al desarrollo económico, pero éste la afecta más que a la inversa. La cultura no es inmutable. Puede alterarse mediante: una interacción mutuamente reforzadora con el desarrollo económico; persuasión ideológica, y políticas e instituciones complementarias que fomenten determinadas formas de conducta, que con el tiempo se conviertan en rasgos culturales. Sólo entonces podremos liberar nuestra imaginación tanto del pesimismo injustificado de aquellos que creen que la cultura es destino como del optimismo ingenuo de quienes creen que pueden persuadir a la gente de que piense de un modo distinto y provocar así el desarrollo económico.

Un magnífico libro que no me canso de leer cada cierto tiempo frente a los dictados neoliberales y de recorte que se proyectan en nuestro horizonte de este autor coreano y que recomiendo absolutamente al ser un tema muy actual.

Very interesting book by this Korean author where he shows that the planning of “globalization” has other alternatives to the road map planned by the neoliberals. Samsung the technological power called “3 stars”, started with fish.
The neoliberal program has been imposed by an alliance of governments of rich countries headed by the United States and arbitrated by the “Impía Trinidad” of international economic organizations that they control to a large extent: the International Monetary Fund (IMF), the World Bank and the Organization. World Trade Organization (WTO). Rich governments use their aid budgets and access to their national markets as incentives to induce developing nations to adopt neoliberal measures. This is sometimes done to benefit specific companies that exert pressure, but generally to create an environment in the underdeveloped country in question that is favorable to foreign commodities and investments in general. The IMF and the World Bank make their role by attaching to their loans the condition that recipient countries adopt neoliberal policies. The WTO contributes by making trade rules that favor free trade in sectors in which rich nations are stronger but not in those that are weak (for example, agriculture or textiles).

Toyota started as a textile machinery manufacturer (Toyoda Automatic Loom) and switched to automobile production in 1933. The Japanese government expelled General Motors and Ford in 1939 and dropped a cable to Toyota with money from the central bank (Bank of Japan) in 1949. Today, Japanese cars are considered as “natural” as Scottish salmon or French wine, but less than 50 years ago most people, including many Japanese, believed that the Japanese car industry simply should not exist.
Half a century after the debacle of Toyota, its luxury brand, Lexus, has become a kind of icon of globalization, if the Japanese government had followed the free trade economists in the early 1960s, there would be no There was Lexus. In the best case, now Toyota would be a minority partner of some western car manufacturer, or even worse, it would have disappeared.

Great Britain began with the free market and free trade, the spectacular economic success of Great Britain, that other countries began to liberalize their trade and deregulate their national economies. This liberal world order, perfected in 1870 under British hegemony, was based on: industrial policies of laissez-faire in the country; low barriers to international flows of goods, capital and labor, and macroeconomic stability, both nationally and internationally, guaranteed by the principles of solid money (low inflation) and balanced budgets. There followed a period of unprecedented prosperity.
Unfortunately, things started to go wrong after the First World War. Responding to the consequent instability of the world economy, countries began to raise, imprudently, tariff barriers. The world free trade system finally ended in 1932, when Britain, hitherto the champion of free trade, succumbed to temptation and reintroduced tariffs. The resulting contraction and instability in the world economy, and then, finally, World War II, destroyed the last vestiges of the first liberal world order.
They imposed free trade on weaker nations through colonialism and unequal treaties, rich countries maintained high tariffs, especially industrial tariffs
Great Britain, the supposed homeland of free trade, was one of the most protectionist countries until it became free trade in the mid-nineteenth century. There was a brief period during the 1860s and 1870s when there was something similar to free trade in Europe, especially with zero tariffs in Great Britain. However, it was somewhat ephemeral. Beginning in the 1880s, most European countries once again raised protective barriers, partly to protect their farmers from cheap food imported from the New World and partly to promote their emerging “heavy and chemical” industries, such as steel. , chemical products and machinery, “abandoned free trade and reintroduced tariffs in 1932. The official story describes this event saying that Britain succumbed to the temptation” of protectionism, but, as usual, it fails to mention that this was due to decline of British economic supremacy, which in turn was a consequence of the success of protectionism by competing countries, especially the United States, in developing their new industries.

The most recent cases of China’s economic success, and increasingly India, are also examples that illustrate the importance of strategy, rather than unconditional integration in the global economy based on a nationalist approach. Mainly in the case of India, China is questioned. The only country with relative success of neoliberal policies is Chile. There is an alternative, or rather there are many alternatives, to the neoliberal globalization that is happening today. No doubt there are alternatives to TINA policies (There Is No Alternative).

Walpole’s protectionist policies remained in effect for the next century, helping the British manufacturing industries to reach out and eventually surpass their counterparts in the Continent. Britain remained a very protectionist nation until the mid-nineteenth century. As far as its colonies were concerned, Britain was delighted to impose an absolute ban on advanced manufacturing activities that it was not interested in developing. British policies were a little more lenient than this may imply: some industrial activities were authorized. But the manufacture of high-tech products was prohibited.

Hamilton proposed a series of measures to achieve the industrial development of his country, among which: protective tariffs and import prohibitions; subsidies; prohibition of export of key raw materials; liberalization of import and refund of tariffs on industrial supplies; premiums and patents for inventions; regulation of product levels, and development of financial and transport infrastructures.62 Although Hamilton correctly warned of the danger of taking such measures too far, they nevertheless constitute a series of very effective and “heretical” political prescriptions. Had he been the Minister of the Economy and Finance of a developing country today, the IMF and the World Fund would no doubt have refused to lend money to their nation and would be exerting pressure for his dismissal.

Given that protectionism is bad for economic growth, how is it possible that two of the most prosperous economies in history have been so protectionist? One possible answer is that, while Britain and the United States were protectionist, they were also more successful economically than other countries because they were less protectionist than others. That’s not true. None of the other countries that figure among the wealthy nations of today was as protectionist as Britain or the United States, with the brief exception of Spain in the 1930s. Britain and the United States were not only free trade economies, but also they had also been the two most protectionist economies among the rich nations, that is, until each one became the dominant industrial power in the world. Not even the most recent member of the club of the rich countries, Korea, has been an exception to this rule. Despite having been one of the most protectionist countries in the world, now defends strong reductions in industrial tariffs, if not total free trade, in the WTO. Despite being the piracy capital of the world, it is now outraged because the Chinese and the Koreans are producing brutal piracy.

Faith in the virtue of free trade is so fundamental to neoliberal orthodoxy that it is indeed what defines a neoliberal economist. One can question (if not completely reject) any other element of the neoliberal program – open capital markets, strong patents or even privatization – without abandoning the neoliberal creed. However, if one opposes free trade, he is effectively inviting him to excommunicate him. The bad Samaritans have done everything possible to push the developing countries towards free trade, or, at least, towards a much freer trade. Mexico was sunk by these practices. There is a big difference between saying that trade is essential for economic development and affirming that free trade is better (or, at least, that freer trade is better) for economic development, as the bad Samaritans do. If you want to help less developed countries, there is “asymmetric protectionism”.

Neoliberal economists, the advantage of having free circulation of international capital is not limited to filling that “lack of savings”. Improves economic efficiency by allowing the entry of capital into projects with the highest possible returns on a global scale. The free cross-border movement of capital is also considered as a way of spreading “the best practice” in government policy and corporate governance. There is an increasingly widespread opinion among neoliberal economists that foreign aid does not work, although others argue that the type of “adequate” aid (that is, that which is not primarily motivated by geopolitics) does work. Another drawback of foreign direct investment is that it creates the opportunity for “transfer pricing” by transnational corporations (TNCs) with operations in more than one country. This refers to the practice in which the subsidiaries of a CTN are charged more or less among themselves so that the benefits are higher in those subsidiaries that operate in nations with the lowest corporate tax rates. History is on the side of regulators. Most of the rich countries of today regulated foreign investment when they were on the receiving side. Sometimes that regulation was draconian: Finland, Japan, Korea and the United States (in certain sectors) are the best examples, not even Ireland applied laissez-faire. Foreign direct investment can help economic development, but only if it is introduced as part of a long-term development strategy. It is probable that the attempt on the part of the bad Samaritans to make this regulation impossible for the underdeveloped countries hinders, instead of helping, their economic development.

Why do bad Samaritans believe that state-owned companies should be privatized? Singapore Airlines is one of the best considered airlines on the planet. Often voted as the preferred airline in the world, it is efficient and respectful. Unlike most other transport companies, it has never recorded financial losses in its 35-year history. This company is owned by the State. Not only in East Asia can we find good public companies. The economic triumphs of many European economies, such as Austria, Finland, France, Norway and Italy after the Second World War, were achieved with very large public sectors at least until the 1980s. The lack of positive information regarding companies owned by the state.

The rise of neoliberalism during the last two decades has made state ownership so unpopular among the public that prosperous SOEs themselves want to minimize their relationship with the state. As a Chinese leader said “it does not matter if the cat is white or black while it catches mice” in that we should debate.

The main problem, speaking in silver, is that the new system of IPR (Intellectual Property Rights) has made economic development more difficult. When 97% of all patents and the vast majority of copyrights and trademarks are held by rich countries, strengthening IPR holders’ rights means that acquiring knowledge has become more difficult for developing nations. developmental. The most regrettable thing is that the underdeveloped nations are going to receive nothing in exchange for paying more expensive marketing permits and supporting additional expenses to implement the new IPR system. When rich countries reinforce their IPR protection, they can at least expect some increase in innovation. The real question is not whether IPR protection is good or bad in the abstract. We must reduce the degree of IPR protection that prevails today: shortening the period of protection, lifting the barrier of originality and facilitating mandatory commercialization and parallel imports. Helping developing countries. We should not only make the acquisition of technology easier for developing countries but also help them develop the skills to use and refine more productive technologies. To this end, we could establish an international tax on patent rights and use it to provide technological support to underdeveloped nations.

Bad Samaritans have imposed on developing nations macroeconomic policies that seriously hinder their ability to invest, grow and create long-term jobs. The categorical -and simplistic- denunciation of “living beyond their means” has made it impossible for them to “borrow to invest” in order to accelerate economic growth. We should censor young people for asking for loans to invest in the development of their careers or in the education of their children. This can not be fair. Living above one’s own possibilities may or may not be adequate; everything depends on the development phase in which the country is located and the use that is made of the borrowed money. What they should do is invest in their future. To do so, they should be allowed to adopt macroeconomic policies that are more favorable to investment and growth than those employed by rich nations, and which are much more aggressive than bad Samaritans authorize them to adopt today.

The economic consequences of corruption depend on which decisions affect the corrupt act, how bribes are used by their recipients and what would have been done with the money had there not been corruption. Besides corruption, there is another political problem that occupies an important place in the agenda of the neoliberal program. It’s about democracy. But democracy, especially its relations with economic development, is a complex and highly charged issue. Thus, unlike aspects such as free trade, inflation or privatization, there is no joint position on it among the bad Samaritans. According to the neoliberal point of view, democracy encourages free markets because a government that can be overthrown without resorting to violent measures must be restrained in its predatory behavior.
Market and democracy collide on a fundamental level. Democracy works on the principle of “one person, one vote”. The market operates on the principle of “one dollar, one vote”.

Regarding the clash of civilizations, culture changes with economic development. * That is why the cultures of today are so different from those of their ancestors. Culture is the consequence, in addition to the cause, of economic development. It would be much more accurate to say that countries become “workers” and “disciplined” (and acquire other “positive” cultural traits) because of economic development, and not vice versa.
We must understand the role of culture in economic development in its true complexity and importance. The culture is complex and difficult to define. It affects economic development, but it affects it more than the reverse. Culture is not immutable. It can be altered by: a mutually reinforcing interaction with economic development; ideological persuasion, and complementary policies and institutions that encourage certain forms of behavior, which over time become cultural features. Only then can we free our imagination from both the unjustified pessimism of those who believe that culture is destiny and the naive optimism of those who believe that they can persuade people to think differently and thus provoke economic development.

A magnificent book that I do not get tired of reading every so often in front of the neoliberal dictations and cuts that are projected in our horizon of this Korean author and that I absolutely recommend to be a very current topic.

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