Cuando los físicos asaltaron los mercados — James Weatherall / The Physics of Wall Street: A Brief History of Predicting the Unpredictable by James Weatherall

Es es un libro que bajo el subtítulo de “una historia de como se trató de predecir lo impredecible” a través de conceptos es una aproximación histórico teórica a modelos a través de la historia de la evolución en el estudio, análisis inversión en los mercados, lo interesante son las anécdotas para no hacer de este un libro pesado, desde el fin de siécle parasino Louis Bachelier y su comprensión de la bolsa, a las Vegas y sus croupieres…

Cuánto vale el dinero? Puede parecer una pregunta extraña. Para la mayoría de las personas, el dinero no tiene un valor intrínseco. El valor del dinero se deriva de lo que se puede hacer con él. Quizá el dinero no puede comprar el amor, pero sí permite comprar un zumo de naranja, un pantalón o un coche nuevo. Y, con el tiempo, cambia la cantidad de dinero necesaria para comprar ese mismo zumo de naranja, pantalón o coche. Normalmente, los bienes de consumo se vuelven más caros con el paso del tiempo (al menos si sólo se tienen en cuenta las etiquetas con los precios); los abuelos de todo el mundo relatan lo poco que costaba antes una chocolatina o una entrada de cine. Una moneda de cinco centavos, explican, te permitía hacer muchas más cosas en 1950 que ahora. Este descenso del valor del dinero a lo largo del tiempo es lo que conocemos como inflación.
Pero ¿cómo se mide la inflación? No todos los precios ascienden de manera uniforme. De hecho, algunos productos se han vuelto más caros con el tiempo y otros más baratos. Pongamos por caso la etiqueta del precio de un Apple II, uno de los primeros ordenadores personales producidos en serie, que, con una pasmosa velocidad de procesador de 1 MHz y una memoria colosal de 48 KB, valía 2.638 dólares cuando se puso a la venta por primer vez en 1977. En la actualidad, casi treinta y cinco años más tarde, puede adquirirse un ordenador de sobremesa con un procesador más de tres mil veces más rápido y con cien mil veces más memoria por una fracción de ese precio…

La economía, ha concluido, es intratable, no por la materia que aborda, sino porque no parece un campo abierto a nuevas formas de pensamiento. Weinstein estaba en lo cierto: la economía es diez veces peor que la física.

Lo mejor es concebir los modelos de las finanzas como herramientas para determinados fines y que dichas herramientas sólo tienen sentido en el contexto de un proceso iterativo de desarrollar modelos y luego establecer cuándo, por qué y en qué fallan, de manera que la siguiente generación de modelos sea más robusta que su predecesora. Bachelier es sin duda el innovador, pese a la cantidad de fallos. Proyecto Manhattan de Weinstein no debería entenderse como una demanda de nuevas herramientas para los inversores. Nadie cree preciso destinar recursos públicos a buscar un nuevo modelo de opciones que ayude a un puñado de empresas a obtener beneficios. Uno de los argumentos más esgrimidos contra los modelos matemáticos aplicados a las finanzas parece surgir de la psicología y el comportamiento humano. La idea es que las ideas procedentes de la física están abocadas al fracaso en el campo de las finanzas porque tratan los mercados como si estuvieran compuestos de objetos como quarks o poleas. Warren Buffett, célebre por haber advertido contra los «raritos que presentan fórmulas». Este planteamiento defiende que la innovación financiera es peligrosa porque hace los mercados financieros inherentemente más arriesgados. Los excesos de la década de 2000 que condujeron a la reciente crisis los propiciaron físicos y matemáticos que no entendían las consecuencias para el mundo real de sus actos, además de bancos sedientos de beneficios que estos analistas cuánticos regentaron a su libre albedrío.

La crisis de los fondos cuantitativos, la semana de agosto de 2007 en la que todos los grandes fondos cuantitativos se desmoronaron sin un motivo aparente. Fue la primera pista de la catástrofe que se avecinaba en los mercados financieros mundiales. Pero ¿qué causó la crisis de los fondos cuantitativos? En efecto, los fondos cuantitativos fueron una baja temprana del pánico bancario a mucha mayor escala que se perfilaba en el horizonte aquel verano y que se prolongaría más de quince meses. Dicho pánico no afectaba a la banca de consumo, que estaba protegida, un sistema financiero en la sombra que ha fraguado en Estados Unidos a lo largo de las últimas tres décadas. Este sistema financiero en la sombra funciona, en principio, como la banca normal, pero a mucha mayor escala… y sin supervisión ni regulación. Consiste en la concesión de préstamos entre bancos y grandes corporaciones (incluidos otros bancos).
Cuando una empresa tiene reservas de líquido, pongamos por caso unos cuantos centenares de millones de dólares, necesita un sitio donde depositarlos, del mismo modo que todos necesitamos un lugar donde depositar nuestro dinero. De lo contrario, ese dinero no da intereses, lo cual representa una pérdida de su valor. De manera que lo que hacen las empresas es depositar sus reservas de líquido en otras empresas. Las obligaciones societarias, que son como bonos del Estado pero emitidos por una empresa, no son una opción demasiado buena, porque su valor tiende a estar vinculado con las cotizaciones de la empresa. A nadie le interesaría un depósito de garantía con una elevada volatilidad o, lo que es aún peor, un depósito de garantía con el que se podría intentar «jugar» llevando un seguimiento de los cambios en las cotizaciones. Las empresas que participan en este sector bancario en la sombra querían dar un nuevo tipo de activo que funcionara como un bono, pero cuyo valor no dependiera de algo sobre lo cual resultase fácil obtener información. La solución que se les ocurrió fue la deuda de consumo, es decir, hipotecas, préstamos estudiantiles y deuda de tarjetas de crédito. Vaya por delante que la deuda de consumo, en sí, no es una opción maravillosa, porque es posible predecir en función del historial de una persona la probabilidad de un impago. De manera que, en lugar de utilizar los préstamos como depósito de garantía directamente, los bancos tomaron los créditos al consumo y los «transformaron» en valores negociables. Para ello fue necesario combinar un gran número de préstamos en un consorcio emisor y luego dividirlos en partes y venderlos a modo de bonos. Estos nuevos activos, que incluían obligaciones de deuda garantizada, estaban diseñados para funcionar exactamente igual que los bonos del Estado (si bien tenían mucho más riesgo). Su interés radicaba en que cuando las empresas depositaran dinero en otra empresa, dicho dinero no perdería valor. La crisis apenas empezaba a romper el hervor. La verdadera ebullición llegó a final de ese verano, cuando Lehman Brothers, otro eminente banco de inversiones antiguo, se derrumbó. En aquella ocasión, el Gobierno no intervino para negociar un rescate, lo cual no hizo sino aumentar la sensación de pánico. 40 % del valor del mercado bursátil estadounidense se había volatilizado.
Seguramente, el mal uso de los modelos matemáticos desempeñó un papel en esta crisis. Pero fundamentalmente fue un fallo de unas instituciones financieras altamente sofisticadas por pensar como físicos. El modelo funcionaba bien cuando confluían unas determinadas condiciones, pero, como cualquier modelo matemático, fallaba cuando dichas premisas no se daban. La crisis fue también un fracaso de la regulación y la política gubernamental, ya que el sistema financiero en la sombra que finalmente se vino abajo funcionaba sin ninguna supervisión. O bien los reguladores desconocían lo que estaba sucediendo, o bien no entendían los riesgos o bien creían que el sector se autorregularía. La crisis fue consecuencia de fallos en todos los frentes.

Renaissance Technologies de Jim Simons, famoso por su teoría de cuerdas, generó un rendimiento del 80 % en 2008, de nuevo gracias a ser más inteligente que la competencia. ¿Cuál es la diferencia entre Renaissance y otros fondos de cobertura? Que Renaissance ha concebido un modo de hacer lo que mi supervisor doctoral afirmaba que era imposible, a saber: aplicar la ciencia a Wall Street. Ello no ha implicado airear sus ideas públicamente. De hecho, Renaissance vela más por sus secretos que la mayoría de las empresas. Sin embargo, sus empleados no han dejado de pensar como físicos, de cuestionar sus premisas y buscar sin cese grietas en la armadura de los modelos que emplean. En gran medida, la ventaja con que cuenta la empresa procede de la calidad de sus empleados, los cuales son, simple y llanamente, más inteligentes que la mayoría de los analistas cuánticos restantes. Renaissance es la prueba que la sofisticación matemática es el remedio, no la enfermedad. En conclusión “Extremis malis extrema remedia”. A grandes males, grandes remedios. O lo que es lo mismo: las épocas desesperadas exigen medidas desesperadas. Lo que necesitamos ahora, más que ninguna otra cosa, es una nueva fuente de ideas económicas. Ha llegado el momento de retomar la propuesta de Weinstein de crear una iniciativa de investigación interdisciplinaria a gran escala. Ya antes se ha movilizado a las comunidades científicas estadounidense y europeas, y el resultado cambió el mundo para siempre. Las personas que dirigían las economías mundiales deberían ser mejores que las personas de Renaissance.

Sin duda otro interesante libro en el cual vemos la crisis desde otro lado y eso siempre es de agradecer.

It is a book that under the subtitle of “a history of how to try to predict the unpredictable” through concepts is a theoretical historical approach to models through the history of the evolution in the study, investment analysis in the markets, what is interesting are the anecdotes not to make this a heavy book, from the end of siécle parasino Louis Bachelier and his understanding of the stock market, to Las Vegas and its croupiers …

How much is the money worth? It may seem like a strange question. For most people, money has no intrinsic value. The value of money is derived from what can be done with it. Maybe money can not buy love, but it does allow you to buy orange juice, pants or a new car. And, over time, change the amount of money needed to buy that same orange juice, pants or car. Normally, consumer goods become more expensive over time (at least if only labels with prices are taken into account); grandparents around the world tell how little a chocolate bar or movie ticket cost before. A five-cent coin, they explain, allowed you to do much more in 1950 than now. This decrease in the value of money over time is what we know as inflation.
But how is inflation measured? Not all prices rise evenly. In fact, some products have become more expensive over time and others cheaper. Take for example the price tag of an Apple II, one of the first personal computers produced in series, which, with an amazing processor speed of 1 MHz and a colossal memory of 48 KB, was worth $ 2,638 when it was put up for sale For the first time in 1977. Today, almost thirty-five years later, you can buy a desktop computer with a processor more than three thousand times faster and with a hundred thousand times more memory for a fraction of that price …

The economy, he concluded, is intractable, not because of the subject it addresses, but because it does not seem like a field open to new ways of thinking. Weinstein was right: the economy is ten times worse than physics.

It is best to think of the models of finance as tools for certain purposes and that these tools only make sense in the context of an iterative process of developing models and then establishing when, why and where they fail, so that the next generation of models is more robust than its predecessor. Bachelier is undoubtedly the innovator, despite the number of failures. Weinstein’s Manhattan Project should not be understood as a demand for new tools for investors. No one believes it is necessary to allocate public resources to look for a new model of options that helps a handful of companies to obtain benefits. One of the arguments most used against mathematical models applied to finance seems to arise from psychology and human behavior. The idea is that ideas from physics are doomed to failure in the field of finance because they treat markets as if they were composed of objects such as quarks or pulleys. Warren Buffett, famous for having warned against “weird formulas”. This approach defends that financial innovation is dangerous because it makes financial markets inherently more risky. The excesses of the 2000s that led to the recent crisis were caused by physicists and mathematicians who did not understand the consequences for the real world of their actions, as well as banks thirsty for benefits that these quantum analysts managed to their free will.

The crisis of the quantitative funds, the week of August 2007 in which all the large quantitative funds collapsed without an apparent reason. It was the first clue to the catastrophe that was looming in the global financial markets. But what caused the quantitative funds crisis? In effect, the quantitative funds were an early low of the bank panic on a much larger scale that was looming on the horizon that summer and that would last more than fifteen months. This panic did not affect consumer banking, which was protected, a shadow financial system that has been forged in the United States over the past three decades. This financial system in the shade works, in principle, as normal banking, but on a much larger scale … and without supervision or regulation. It consists in the granting of loans between banks and large corporations (including other banks).
When a company has liquid reserves, say for a few hundred million dollars, it needs a place to deposit them, just as we all need a place to deposit our money. Otherwise, that money does not give interest, which represents a loss of its value. So what companies do is deposit their liquid reserves in other companies. Corporate bonds, which are like government bonds but issued by a company, are not an option too good, because their value tends to be linked to the company’s contributions. Nobody would be interested in a guarantee deposit with a high volatility or, even worse, a security deposit with which you could try to “play” by keeping track of the changes in the quotes. The companies that participate in this shadow banking sector wanted to give a new type of asset that would work as a bonus, but whose value would not depend on something that would make it easy to obtain information. The solution they came up with was consumer debt, that is, mortgages, student loans and credit card debt. Go ahead that consumer debt, in itself, is not a wonderful option, because it is possible to predict based on a person’s history the probability of default. So, instead of using the loans as a guarantee deposit directly, the banks took the consumer loans and “transformed” them into negotiable securities. For this, it was necessary to combine a large number of loans in an issuer consortium and then divide them into shares and sell them as bonds. These new assets, which included secured debt obligations, were designed to function exactly like government bonds (although they were much more risky). His interest was that when the companies deposited money in another company, the money would not lose value. The crisis was just beginning to break the boil. The real boiling came at the end of that summer, when Lehman Brothers, another eminent old investment bank, collapsed. On that occasion, the government did not intervene to negotiate a rescue, which only increased the feeling of panic. 40% of the value of the US stock market had volatilized.
Surely, the misuse of mathematical models played a role in this crisis. But fundamentally it was a failure of highly sophisticated financial institutions to think like physicists. The model worked well when certain conditions converged, but, like any mathematical model, it failed when those premises did not exist. The crisis was also a failure of government regulation and policy, since the shadow financial system that eventually collapsed worked without any supervision. Either the regulators were unaware of what was happening, either they did not understand the risks or they believed that the sector would self-regulate. The crisis was the result of failures on all fronts.

Renaissance Technologies by Jim Simons, famous for his string theory, generated an 80% performance in 2008, again thanks to being smarter than the competition. What is the difference between Renaissance and other hedge funds? That Renaissance has conceived a way of doing what my doctoral supervisor claimed was impossible, namely: applying science to Wall Street. This has not meant venting his ideas publicly. In fact, Renaissance watches more for its secrets than most companies. However, their employees have not stopped thinking like physicists, of questioning their premises and searching without cracks in the armor of the models they use. To a large extent, the advantage that the company has comes from the quality of its employees, who are, quite simply, smarter than most of the other quantum analysts. Renaissance is proof that mathematical sophistication is the remedy, not the disease. In conclusion “Extremis malis extrema remedia”. To great evils, great remedies. Or what is the same: the desperate times demand desperate measures. What we need now, more than anything else, is a new source of economic ideas. The time has come to take up Weinstein’s proposal to create a large-scale interdisciplinary research initiative. The American and European scientific communities have been mobilized before, and the result changed the world forever. The people who ran the world economies should be better than the people at Renaissance.

No doubt another interesting book in which we see the crisis from another side and that is always appreciated.

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