Mi vida contra el Mossad: Confesiones de un espía palestino — Samir Eissa & Francisco Medina

Este es un buen libro sobre el espionaje internacional que puede ser leído como novela y donde se ve como se mueven los entresijos de los poderes fácticos, a través del grupo septiembre negro se nos explica quién lo creo y se nos narra cómo se mueven los espías como Pedro por su casa en busca de objetivos en España, Noruega… El apoyo por parte del KGB e igualmente interesante es ver como se mueven los hilos en la guerra del Golfo, sin duda es una lectura interésate en este mundo de intereses más allá de los ejes de EE.UU., Europa… A destacar la muerte del mito Abu Lyad y las reuniones en Barajas por ser un terreno neutral el MI6 lo utilizaba bastante pero a partir de finales de 1970, tras la diáspora palestina que siguió a los desgraciados acontecimientos que se sucedieron en septiembre de ese año en Jordania, comenzaron a llegar a Alemania miles de refugiados expulsados por el rey Hussein. Aprovechando este hecho, la CÍA y el Mossad, de acuerdo con los Servicios Secretos de la Alemania Federal, el BND, ultimaron un plan para captar agentes entre los jóvenes palestinos refugiados que sirvieran a los tres servicios. El arma con la que enseguida se dieron cuenta de que podían forzar a los refugiados era la propia ley alemana de Derecho de Asilo Político al primer punto entrada en suelo alemán, y con tan solo mostrar cualquier tipo de identificación palestina, las autoridades locales entregaban a cada refugiado una ayuda económica. En caso de tratarse de un menor de dieciocho años, se le facilitaban unos 230 marcos. Si el recién llegado era mayor de edad, la cifra se ampliaba hasta casi los 290. Para aquellos que tenían a su cargo un menor la ayuda se redondeaba en 300 marcos. Además, el gobierno alemán ayudaba a cada uno a encontrar una vivienda y le facilitaba posteriormente una cantidad mensual que le permitiera comenzar a vivir en su nuevo país de residencia. Eso sí, y aquí reside el punto débil de la ley que los israelíes, y los norteamericanos, supieron utilizar para atrapar a los jóvenes palestinos, para lograr la residencia en Alemania la ley de Asilo exigía a cada refugiado un periodo de prueba de ocho años. Al cumplir ese plazo cada individuo tenía que presentar su petición de asilo permanente ante el Tribunal Supremo de cada uno de los lander, que a su vez elevaba su dictamen al Tribunal Federal. Si este tribunal rechazaba la petición, el refugiado era expulsado de inmediato de Alemania. Es decir, en solo unas pocas semanas, a finales de 1970, unos veinte mil palestinos se encontraron rehenes de los Servicios de Información alemanes. Era volver a la miseria a través de Europa. Casi imposible conseguir un empleo. Resultado: muchos de los jóvenes, gente criada en campamentos de refugiados, con nivel educativo escaso, se encontraban con que tenían unos billetes en sus bolsillos… y mucho tiempo libre. En esa situación, algunos de ellos acabaron entregándose a las drogas y el alcohol. Desde ese punto, en no pocas ocasiones, el camino hacia la cárcel es muy corto. Una vez en prisión, desprovistos de sus escasos derechos, los refugiados eran definitivamente fácil presa de los servicios de Seguridad. Campamentos en Yemen Sur y para los judíos poco importaban estos palestinos.
Los árabes debemos resolver este problema por nosotros mismos -dijo Abu Lyad-, el conflicto desembocará en una verdadera tragedia, con la intervención de fuerzas internacionales y la división entre los propios países árabes. Y nosotros, los palestinos, podríamos acabar siendo una de las grandes víctimas de esta crisis.
Saddam es víctima de una conjura diseñada desde Estados Unidos y pactada con algunos países árabes, al menos con uno del que no hace falta que os diga su nombre, ¿verdad?; o bien ha sido víctima de una errónea evaluación de datos falsos que le han sido hechos llegar de manera posiblemente intencionada; o bien tras la guerra con Irán ha perdido la medida exacta y real de su fuerza y se cree más poderoso de lo que en realidad parece ser. En cualquier caso, como os he dicho al comienzo, esta situación no presagia más que desastres para los árabes si no somos capaces de resolver la crisis entre nosotros mismos. Sobra decir el papel diseñado por los kuwatíes, sin duda nada queridos por muchos árabes.
La guerra sería desastrosa políticamente para toda la nación árabe, pero aún peor para toda la zona del Golfo, sobre la que podría desatarse un verdadero cataclismo. La guerra no durará tan solo unos días como imaginan algunos. La guerra se prolongará, porque Irak insistirá por todos los medios hasta forzar a Israel a entrar en el conflicto. E Irak intentará esto desde el primer momento. Y si Israel ataca, tendrá que hacerlo por Jordania, con lo que Siria cambiará de inmediato de bando, sean cuales sean las garantías que hayan recibido ustedes del presidente sirio Hafez el-Assad. Igualmente un ataque israelí sobre Jordania provocará un estallido de violencia en el interior de Egipto. Si Israel entra en guerra las calles de El Cairo, así como de otras ciudades egipcias, y de muchas de las capitales árabes en otras naciones, se revolverán de forma tan violenta que les dejará a ustedes estupefactos.
¿Qué hará la Administración de Estados Unidos si Saddam insiste en no retirarse bajo las condiciones hasta ahora impuestas tanto por su gobierno como por las Naciones Unidas? En nuestra opinión habrá llegado el momento de buscar una solución árabe al conflicto. Les pedimos entonces que no veten esa posibilidad, sino que la impulsen. Los países árabes sabrán cómo forzar a Saddam a retirarse de Kuwait y allanarán el camino para un acuerdo entre Irak y Arabia Saudí. Estados Unidos ha luchado contra la solución árabe al conflicto desde el primer día, a pesar de que este camino podría convertirse en una llave política que resolviera no solo este, sino también todos los conflictos de la zona. El peor de los casos morirán en esta guerra 500.000 iraquíes entre militares y civiles. Después de esta enorme matanza, ¿cómo quedará la imagen de Estados Unidos entre las masas árabes y cómo se verá afectada la imagen de los propios regímenes árabes que hayan apoyado la agresión contra Irak frente al verdadero deseo de sus pueblos? Pensamos que se producirán muchas convulsiones en la zona si hay guerra. Estados Unidos no puede tener interés en esto. Especialmente si consideramos que Irán se convertirá así, antes o después, en la potencia dominante en la zona.
El gobierno israelí sigue su campaña, tenemos claro quién está detrás de todo esto, quién quiere enfrentar a España y a los palestinos, el Mossad, y sería muy triste para nosotros tener que actuar contra España, enfrentarnos a un país que amamos, por culpa de los israelíes. Esperemos que España comprenda que con todo esto no gana nada. Abu Abbas me lo decía: ¿Qué gana España encarcelando ahora a Monzer al-Kassar, por qué lo han hecho y en beneficio de quién? Nosotros lo tenemos claro: solo el Mossad se beneficia de ello».
Israel ha negado siempre, lo que no es nada nuevo, relación alguna con el asesinato de Atef Bseiso. Hubiera tenido que dar muchas explicaciones. Por ejemplo, a los franceses. Sin embargo, en su vanidad, en su deseo de dejar claro que la mano de su venganza alcanza a todos y en cualquier parte, no dudaron en provocar que los medios de comunicación, incluso israelíes, insinuaran su participación. Aún más, se permitieron sugerir las razones para ello: una vez más, siempre al fondo como gran excusa, los acontecimientos de Munich. También una vez más, una gran mentira. La realidad es que gracias a las escuchas el Mossad podía conocer perfectamente, entre otras cosas, los progresos que Atef Bseiso hacía en su acercamiento a la CÍA. Eso, y solo eso, fue lo que le costó la vida. Como siempre en nuestra historia común, de Israel tan solo nos llegaba una vez más muerte y mentira.
El papel de la CÍA en el interior no ha dejado de ser desde entonces crucial, no solo en el proceso de Oslo, al final fallido por los miedos y las ambiciones desmedidas israelíes, sino también en el curso de las relaciones entre nuestro Servicio y las diferentes organizaciones de seguridad judías.
Conclusión:Tratado de Oslo ha dejado una lección clara que las autoridades israelíes deberían aprender, aunque, me temo, muy posiblemente volverán a ignorar. Y esa lección es que no pueden imponer su destino a los palestinos. No han podido hacerlo antes, ni lo harán ahora, ni lo harán en el futuro. Nuestra capacidad para resistir es infinita. Los palestinos jamás aceptarán como líder a alguien que llegue subido en un tanque israelí. O lo que viene a ser lo mismo, en un helicóptero Apache estadounidense. Nuestra sociedad se ha preparado a lo largo de los últimos cien años a resistir.
Un interesante libro sin duda.

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