Sunset Park — Paul Auster / Sunset Park by Paul Auster

Esta es otra buena novela del escritor norteamericano creando micro historias dentro de la narración principal, en esta Auster podría haber sido adivino puesto que Miles Heller hace fotos a objetos casas desahuciadas, es okupa… Y tiene un amor menor de edad Pilar, a partir de aquí empieza a descubrirnos su vida familiar padre editor, madre actriz seductora, un incidente en la carretera que le alteró bastante y la vuelva a Sunset Park, quizás un final agridulce de una novela como siempre interesante de Auster aunque no sea la mejor.a destacar igualmente el pulso entre la hermana de Pilar y Miles.

Esta novela es menos posmoderna que su reciente libro Invisible. Se enfoca en escombros: escombros físicos de casas embargadas en Florida que Miles Heller, un desertor de la Universidad de Brown, rescata a través de su cámara. Y los desechos mentales con los que Miles lucha después de una acción espontánea de su parte resultan en una muerte accidental, lo que lo hace huir de su familia de Nueva York y vivir en un exilio autoimpuesto.
Eventualmente, conoceremos a los otros personajes: cuatro veinteañeros rotos que buscan su ser más auténtico, en cuclillas ilegales en una casa abandonada en Sunset Park en Brooklyn. Y conoceremos a Morris Heller, el padre de Miles, el “Can Man” y un editor independiente, que nunca ha renunciado a que su hijo finalmente encuentre el camino de regreso a casa.

La narrativa fracturada, contada secuencialmente en el POV en tercera persona, entrelaza una serie de elementos: curiosidades del béisbol, incluida la crisis de ejecución de la recesión económica, Jack Lohrke (“Lucky”) que engañó a la muerte repetidamente hasta el final, la llegada de William Wyler en 1946- el clásico casero Los mejores años de nuestras vidas, la desaparición de las editoriales literarias y el Hospital de las cosas rotas, que repara los artefactos de un mundo que alguna vez fue. Los temas que Auster ha explorado en el pasado (arte, rebelión y soledad) están aquí nuevamente, esta vez tratados de manera directa y rápida.

Todos estos elementos dispares se unen en un final que me dejó sin aliento. En esencia, Auster pregunta: “¿La suerte es aleatoria o está bajo nuestro control? ¿Cuánta responsabilidad podemos asumir por los sucesos? ¿Vale la pena esperar un futuro cuando no hay futuro? ¿Deberíamos vivir el momento pasajero o tener en cuenta el panorama general? Estas preguntas lo harán reflexionar mucho después de leer las últimas páginas.

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This is another good novel of the North American writer creating micro stories within the main narrative, in this Auster could have been a fortuneteller since Miles Heller takes pictures of objects that are evicted, is squat … And has a minor love Pilar, a From here begins to discover his family life father editor, seductive mother actress, an incident on the road that altered him enough and return to Sunset Park, perhaps a bittersweet end of a novel as always interesting Auster but not the best. also highlight the pulse between the sister of Pilar and Miles.

This novel is less postmodern than his recent book Invisible. It focuses on debris: physical debris from trashed-out foreclosed homes in Florida that Miles Heller, a Brown University drop-out, rescues through his camera. And mental debris that Miles wrestles with after a spontaneous action on his part results in an accidental death, causing him to run from his New York family and live in self-imposed exile.
Eventually, we will meet the other characters: four flat-broke twentysomethings who are searching for their more authentic selves, illegally squatting in an abandoned house in Sunset Park in Brooklyn. And we will meet Morris Heller, Miles’ father, the “Can Man” and an independent publisher, who has never quite given up that his son will eventually find his way back home.

The fractured narrative, told sequentially in the third-person POV, weaves together a number of elements: baseball trivia including the economic recession foreclosure crisis, Jack Lohrke (“Lucky”) who cheated death repeatedly until the very end, William Wyler’s 1946 coming-home classic The Best Years of Our Lives, the demise of the literary publishing houses, and the Hospital of Broken Things, which repairs artifacts of a world that once was. The themes that Auster has explored in the past – art, rebellion, and soltitude – are all here again, this time dealt with directly and swiftly.

These disparate elements all come together in an ending that took my breath away. In essence, Auster is asking: “Is luck random or is it within our control? How much responsibility can we take for occurrences? Is it worth hoping for a future when there is no future? Should we live for the passing moment or take the big picture into consideration? These questions will have you ruminating long after you read the last pages.

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